Notas sobre el silencio, el debate y la crítica

Enrique Ubieta

 Por Enrique Ubieta Gómez

Un concepto, al parecer sabio, va ganando adeptos entre colegas y conocidos. Lo he escuchado en diferentes contextos, expuesto –pese a su naturaleza negadora– en tono sentencioso: nadie tiene la verdad. Una amiga, que citaba a otro amigo, lo dijo así: la verdad es un cristal que se deshizo en mil pedazos, en cada persona hay una pequeña parte. La sentencia trata de espantar los atrincheramientos dogmáticos y de prevenir a quienes desprecian el diálogo, pero su reiteración pudiera conducir a un equívoco fatal, desmovilizador. Diluir la verdad entre todos –y aquí parecen caber todos, al margen de ideologías o posiciones políticas– es decretar el fin de su búsqueda, el final del viaje. Aunque no es absoluta, la verdad sí existe.

Prefiero decirlo de esta manera: todos tenemos nuestra perspectiva de la verdad, porque la observamos –nos relacionamos, somos parte de ella– desde ángulos diferentes, según nuestra pertenencia a una familia, a una clase social, a un género, a un grupo discriminado o enaltecido, a un país, a una región, a una época. Sin embargo, la Revolución, los revolucionarios, vemos (debemos ver) el mundo con los ojos de los oprimidos. El ángulo de los opresores no cuenta. Los consensos colectivos suelen aparecer en la historia como verdades, pero estos se construyen para liberar o para sojuzgar, la mayoría de las veces para lo segundo, y no de forma épica, sino en el goteo incesante, fríamente calculado, de los medios. Las ideas dominantes, hegemónicas, las coloca y reproduce el sistema dominador, es decir, el capitalismo, y nos hace creer que son nuestras. Si dejamos de debatir, de criticar, de combatir en términos ideológicos, si nos desmovilizamos, nos construirán consensos que parecerán verdades.

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Una mirada a Cuba, desde la Antropología, a la crisis vivida desde los años 90 del siglo pasado hasta la actualidad (Primera Parte)

 Por el Dr. Alfonso Alonso Fránquiz, profesor del Departamento de Marxismo e Historia.

“La Revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene  que forjar, día a día, su espíritu revolucionario”

INTRODUCCION:

Desde una perspectiva filosófico-antropológica, abordamos las transformaciones operadas en la vida cotidiana cubana bajo los efectos, tanto de la crisis como de la estrategia de reajuste socioeconómico, que se viven en la isla actualmente. La realidad objetiva, subjetivada en el ser humano, cobra forma en la representación social de los distintos objetos, hechos y fenómenos con los que opera el sentido común. Ello se constituye en soporte para el análisis de los cambios estratégicos que en Cuba fueron trazados en el VI Congreso del PCC.

El debate con los profesionales de las Ciencias Sociales, aporta una visión tal que permite el análisis y la comprensión de los más complejos fenómenos cotidianos. Así nos lo ha demandado el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministro en su discurso el pasado 26 de Julio en Santiago de Cuba. En su apoyo podemos desarrollar un acercamiento epistemológico desde la teoría de la complejidad y una consecuente visión antropológica de los cambios actuales en nuestra sociedad. Por tal motivo, se torna cada día más importante la búsqueda de alternativas y soluciones a los problemas que se presentan en el siglo XXI.

Para ello necesitamos un  conjunto de reflexiones conceptuales que nos permitan comprender a qué nos estamos refiriendo desde el punto de vista teórico. Debemos partir de la realidad inmediata en que el hombre se desarrolla, de sus condiciones concretas de existencia, de su vida misma. Se trata pues de la vida cotidiana. Teóricamente, esta es entendida como el conjunto de actividades y relaciones sociales que, en un tiempo, ritmo y espacio concretos, regulan la vida de la persona, en un contexto sociohistórico determinado.

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El López venezolano y el López puertorriqueño: un contraste esclarecedor.

Oscar López Rivera, en la cárcel, con la bandera de Puerto Rico

 Por Atilio A. Boron

La prensa del establishment en las Américas y Europa hace meses viene exaltando la figura de Leopoldo López Mendoza, líder del partido Voluntad Popular (un 1 % en las últimas elecciones municipales venezolanas) como la de un virtuosos estadista opositor,  mañosamente encarcelado por el gobierno de Nicolás Maduro. Pero la verdad es otra: López Mendoza es cualquier cosa menos un disidente democrático. Es el líder de una facción sediciosa de la derecha venezolana –entre cuyos dirigentes se encuentra la impresentable María Corina Machado- que en Febrero de 2014 se propuso alterar por la fuerza el orden constitucional vigente en su país y derrocar al gobierno venezolano. Los secuaces de López (la mayoría de ellos mercenarios pagados por Estados Unidos, según inapelables testimonios que salieron recientemente a la luz) hicieron uso de cuanta forma imaginable de violencia, desde incendios de edificios y medios de transporte públicos y privados, ataques violentos a universidades y centros de salud, erección de guarimbas, apaleamiento de chavistas y asesinatos. Como producto de estos desmanes perdieron la vida casi medio centenar de personas, la mayoría de ellas chavistas o personal de las fuerzas de seguridad del estado. López Mendoza fue arrestado por la comisión de estos crímenes, incluyendo varios casos de homicidio. Antes que un disidente detenido por sus ideas o proyectos políticos el personaje de marras es un delincuente que ha perpetrado crímenes que en cualquier estado se purgan con extensas condenas y, en algunos países, con la pena de muerte. [1]
Sin embargo, para la prensa del sistema López es un héroe, un demócrata perseguido por una feroz tiranía que en Venezuela habría conculcado todas las libertades. Si este personaje hubiera hecho en Estados Unidos lo que hizo en su patria habría sido encerrado de por vida en una cárcel de máxima seguridad. Eso precisamente es lo que le ocurrió a otro López, Oscar López Rivera, patriota independentista puertorriqueño y, por eso mismo, nuestroamericano, que por mucho menos de lo que hiciera el “López malo”  lleva 33 años de prisión en las cárceles norteamericanas.

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¿Qué está en juego en Ucrania?

Hitler es el paradigma de los neofascistas ucranianos

 Por el Dr. Alfonso Alonso Fránquiz, profesor del Departamento de Marxismo e Historia de la UMCC.

La memoria histórica es recurrente para algunos,  mientras que para otros se muestra escurridiza. Cada día la vida nos muestra con ejemplos es verdad de Perogrullo. En tal sentido cada mes de mayo revela cómo se confrontan dos actitudes meridianamente diferentes: aquellos que no olvidan lo que fue y es el Fascismo; y los que han olvidado –sea por amnesia histórica generacional o por políticas inducidas- cuánto costó a la humanidad más de una década de ascenso del Fascismo al poder, en Europa, y la fratricida guerra que este engendrara.

La bipolaridad surgida del fin de la 2da Guerra Mundial generó una costosa carrera armamentista con un gasto colosal de recursos materiales y humanos; propició un clima de tensión en las relaciones internacionales y la posibilidad real de una nueva guerra, ahora nuclear, de proporción incalculable; capaz de comprometer la existencia de la humanidad.

La llamada “Guerra Fría” fue un engendro del hegemonismo imperialista declarado por el entonces primer ministro inglés Churchill –en su célebre discurso en Fulton, 1948- conocido como “el primer disparo” de las potencias occidentales contra la prepotencia comunista del “Oso Ruso” (en clara denominación despectiva contra la dirección soviética de entonces) y el inicio de la batalla geopolítica, en la búsqueda de la primacía militar, riquezas estratégicas, nuevos aliados y áreas de influencia. Desde entonces el Mundo ya no fue igual.

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Aniversario 119 de la muerte del Apóstol: ¿José Martí sirve para todo?

“Martí”, de José Luis Fariñas. Pastel graso. Enero, 2013.

Por Luis Toledo Sande

Cuando en un coloquio sobre José Martí un ponente sostuvo que el discurso conocido como Con todos, y para el bien de todos es acaso el más excluyente de los pronunciados por el héroe, hubo quien puso el grito en el cielo. ¡Cómo decir semejante cosa de un texto signado por la voluntad unitaria que le da conclusión y título!

La reacción que suscitó aquel ponente se explica, en gran medida, por la tendencia que, no ajena a su grandeza —volcada en su pensamiento y en sus textos—, ha generado frases como esa según la cual “Martí sirve para todo”. Pero no, no sirve para todo, sino para lo que sirve, para lo que está inconfundiblemente plasmado, ideas mediante y calzado con actos, en su palabra.

De modo consciente o inconsciente, la refutación aludida se emparienta con gestos de personas y tendencias no solo variopintas, sino diametralmente opuestas. Lo son muchas de las que han afirmado sentirse representadas en el autor para quien parece destinado el neologismo con que él mismo tituló uno de sus poemas: “Homagno”, hombre magno.

Nada sugiere que fuera dolosa la intención de Marco Pitchon en José Martí y la comprensión humana (La Habana, 1957), curioso libro que el sabio Fernando Ortiz prologó con un texto ahondador: “La fama póstuma de José Martí”. Por las páginas del volumen desfilan lo humano y lo divino. En una muestra amplia y diversa, escritores y pensadores, políticos —no faltarán algunos innombrables— y dignidades religiosas declaran coincidentes las ideas de Martí y las suyas.

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Padura, la literatura, el compromiso.

El poeta, narrador y profesor universitario Guillermo Rodríguez Rivera

 Tomado de Cubano 1er plano, por Guillermo Rodríguez Rivera

Cuando impugné el otorgamiento del Premio Nacional de Literatura a Leonardo Padura y afirmé que Eduardo Heras León debió recibirlo antes que él, creía –y creo– que la cuentística del Chino representaba un momento de la épica de la Revolución Cubana comenzante: pasarla por alto para premiar en su lugar una obra mucho más reciente implicaba olvidarnos de un momento esencial de nuestra literatura e incluso, de nuestra historia misma.

Escribí entonces –lo repito ahora–, que ello no implicaba desconocimiento o subvaloración de la obra narrativa de Padura ni, mucho menos, algún conflicto personal con el novelista.

Conocí a Padura en las aulas de la Escuela de Letras de la Universidad de la Habana –tal vez en los años en que se llamaba Facultad de Filología–, y si bien no fuimos amigos cercanos, hemos tenido siempre buenas relaciones. Lo recuerdo visitándome junto a Rigoberto López cuando ambos planeaban ese muy buen documental que se llamó “Yo soy del son a la salsa”, ganador del premio principal en una de la ediciones del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Ambos querían escuchar conmigo los iniciales sones cubanos, los del Sexteto Habanero y el Trío Matamoros, que yo empezaba a atesorar en viejas cintas y, sobre todo, charlar sobre ellos, que era hacerlo sobre nuestra música. Después, estuvimos implicados Padura y yo en un proyecto que no llegó a materializarse: hacer una suerte de curso sobre la música popular cubana, que se llevaría a cabo en Palma de Mallorca, con el auspicio de la Universidad de las Islas Baleares y la gestión del común amigo Gonçal López Nadal. Alguna vez estuvimos Gonçal y yo, en el ámbito del hogar de Padura, en Mantilla.

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