La dignidad humana.

La Libertad guiando al pueblo. Obra de Eugene Delacroix.

La Libertad guiando al pueblo. Obra de Eugene Delacroix.

 Por la Dra. Graziella Pogolotti

Valoro altamente a Josefina, una de mis compañeras de trabajo. Su vida no ha sido fácil. Ha sabido sobrellevar los pesares convirtiéndolos en experiencia. Amable sin servilismo, tiene un arraigado sentido de su dignidad personal. Oriunda de La Habana Vieja, donde permanece, me contaba hace poco algunos recuerdos de infancia. En el callejón del Chorro, conoció la pobreza. Para ir a la escuela, tenía que cruzar la Plaza de la Catedral, frecuentada ya entonces por algunos turistas. Sucedía en ocasiones que algunos tiraban monedas al suelo para contemplar el espectáculo de los chiquillos recogiendo centavos del piso. La abuela de Josefina aleccionaba a los nietos para que rechazaran la humillación y mantuvieran, ante todo, su dignidad personal.

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Torres Cuevas: “Nunca antes una juventud tuvo un reto tan alto”

Eduardo Torres Cuevas. Foto tomada de “Ahora”.

Eduardo Torres Cuevas. Foto tomada de “Ahora”.

 Por Liudmila Peña Herrera

Eduardo Torres Cuevas no tiene prisa. Habla despacio y entre una afirmación y otra incluye explicaciones, frases incidentales y hasta crea mapas de conocimientos en una misma respuesta. Posee la meditación solo conferida por la experiencia de vida, unida a una capacidad comunicativa que le es natural. Lo hemos esperado por casi cuatro horas, pues conversar con Torres Cuevas, así, sin prisa, es toda una clase.
El director de la Biblioteca Nacional José Martí y Premio Nacional de Historia y de Ciencias Sociales vino hasta Holguín para participar en la XXII Fiesta de la Cultura Iberoamericana, y sacó tiempo para visitar la Biblioteca Provincial Alex Urquiola y dialogar con sus trabajadores. Después de todo eso, se asombró cuando, al filo de las seis de la tarde, aún le esperábamos para hablar sobre Cuba y su juventud.

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En el bicentenario de Joaquín de Agüero y Agüero.

Joaquín de Agüero y Agüero

Joaquín de Agüero y Agüero

 Por Elda Cento Gómez

El paso del tiempo nos sorprende con frecuencia, o tal vez sea que las efemérides en ocasiones lo hacen. En este caso se trata del bicentenario del nacimiento de Joaquín de Agüero y Agüero, un hombre de quien debemos decir en primer lugar, que supo morir bien, como escribiera José Martí de los poetas de la guerra. Considerado tradicionalmente en el Camagüey un prócer de la independencia, en otros marcos es estimado uno de los representantes del movimiento anexionista pro norteamericano gestado en Cuba a mediados del siglo xix. Es como si el refrán —por demás muy sabio— que reza “dime con quién andas y te diré quién eres” sellara los análisis.

Joaquín de Agüero y Agüero nació en Puerto Príncipe el 15 de noviembre de 1816 en el seno de una familia de buena posición económica que le brindó las posibilidades de educación al alcance de los jóvenes de su condición social. En 1840 con 24 años y el título de Bachiller en Leyes debió regresar de modo definitivo a su ciudad natal para hacerse cargo de los negocios de la familia al fallecimiento de su padre. Apenas dos años después su nombre comienza a resaltar en espacios muy precisos de la vida de esa región, en particular por dos proyectos que acomete.

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