Tenía apenas 42 años.

Pintura de Raúl Martínez

 Por Graziella Pogolotti

Cuando cayó en Dos Ríos había cumplido obra de gigante. Poeta visionario, se echó sobre los hombros del cuerpo frágil la tarea de hacer patria. Desde el dolor compartido aprendió a conocer con profundidad las contradicciones de los seres humanos concretos.

Descubrió lágrimas en los ojos de Don Mariano, su padre, el soldado, ante el cuerpo del hijo desgarrado por los grillos en el trabajo de las canteras y la brutal violencia ejercida por el poder de sus coterráneos. Separados por la política, nacería entre ambos una complicidad secreta y la comprensión silenciosa del padre ante la entrega del hijo a una causa que, a pesar de todo, no era la suya.

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Marcos Rubio: Un hijo americano.

Marcos Rubio. Foto: BBC.

 Por José Luis Méndez Méndez

Tras la derrota en sus aspiraciones presidenciales de 2016, parecía que Marco Rubio pasaría a ser uno más en el baúl de los fracasados políticos republicanos. El amante de los nada mesurados  “foam parties” de la gay South Beach, en Miami acabada de perder la nominación del Partido Republicano frente a Donald Trump, quien después resultó electo presidente y el mimético senador se reconcilió con él después de haberlo denostado hasta el cansancio durante la puja electoral.

Como ave fénix resurgió de sus cenizas el senador por Florida, quien ya se encuentra tejiendo en este momento su próximo lanzamiento como candidato a la Oficina Oval de la Casa Blanca en los comicios del 2020 y se enfoca en explotar dos vetas para escalar: Venezuela y Cuba.

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Escalada contra la democracia.

Jair Bolsonaro (izquierda), presidente de Brasil, y Mauricio Macri (derecha), mandatario de Argentina. Foto: ANSA.

Por Frei Betto

No formo parte del equipo de las pitonisas. Prefiero guardar el pesimismo para días mejores. No obstante, preveo tiempos difíciles para Brasil, a menos que nuestra indignación se transforme en movilización. Tal como van las cosas, nuestra frágil democracia se encuentra amenazada, y nuestra libertad de expresión, amordazada.

Las señales no son promisorias. Nada indica que la economía brasileña saldrá en breve del atolladero en que se encuentra. Los desempleados suman más de 13 millones. Los pronósticos del PIB para 2019 se encogen con cada nuevo cálculo. Al inicio del gobierno actual se creía que crecería 2,2%. Ahora se prevé 1,7%. Brasil retrocede.

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