Octubre en la historia de Cuba.

El Che en el corazón de Cuba

 Por Eduardo

Octubre es un mes muy importante para Cuba. Es increíble la cantidad de acontecimientos que sucedieron en la historia Patria durante este mes. La importancia del décimo mes del año, comienza con la llegada de Colón a sus costas el 27 de octubre de 1492. Contaba el propio Almirante de la Mar Océana, en su diario de navegación que había arribado a la “tierra más fermosa que ojos humanos viesen”. El 10 de octubre un recio bayamés nos levantó del lodo de la ignominia que constituía el status colonial y esclavista de la isla de Cuba, y nos llamó a alzarnos en armas en contra de la metrópoli que hacía más de cuatrocientos años expoliaba a la tierra cubana. Su nombre inmortal, Carlos Manuel de Céspedes, “El Padre de la Patria”.
Un 6 de octubre de 1976, la mano asesina de la contrarrevolución nos segó la vida de los 73 pasajeros que volaban en el vuelo 455 de Cubana de Aviación. Por estos días han sido numerosas las conmemoraciones en torno a la luctuosa fecha, con motivo de celebrarse además por acuerdo de la Asamblea Nacional desde el año pasado, el “Día Nacional de las Víctimas del Terrorismo de Estado”.
En nuestra prensa nacional radial, escrita, televisiva y electrónica, numerosos testimonios de las víctimas del terrorismo de estado en nuestra Patria, y muchos artículos escritos por muchos compañeros periodistas, han abordado el tema a profundidad. De todos ellos resumo una idea esencial. La necesidad de que se ponga fin a la injusticia que representa que Cinco Héroes Cubanos, luchadores contra el terrorismo que se practica en contra de Cuba, continúen en prisión, mientras los verdaderos criminales, se pasean muy orondos por las calles de Miami, mientras continúan preparando planes de sabotajes y asesinatos de civiles cubanos inocentes.
Un 8 de octubre el “Guerrillero Heroico”, el imprescindible Ernesto Che Guevara caía prisionero en el Combate de la Quebrada del Yuro. Al día siguiente, y por órdenes directas del presidente Lindon B. Jonson, era asesinado en la Escuelita de la Higuera. Con la intención aviesa de evitar un lugar donde los hombres y mujeres progresistas del mundo pudieran rendirle homenaje, enterraron sus restos en una remota pista de aviación. Pero como dijo Nicolás Guillén en su verso inmortal:
No por callado eres silencio.
Y no porque te quemen,
porque te disimulen bajo tierra,
porque te escondan
en cementerios, bosques, páramos,
van a impedir que te encontremos,
Che Comandante, amigo.
Y le encontramos, a pesar del deseo de los imperialistas de convertir en polvo cósmico su ejemplo. Corría el año 1997, cuando el titular del Granma daba respuesta a la pequeña nota informativa del día anterior, donde se adelantaba el hallazgo de siete cadáveres encontrados en la vieja pista aérea de Valle Grande. En letras capitales, una frase que todos los guevaristas de América y el Mundo habíamos esperado oír desde el ya lejano octubre de 1967: ¡Es el Che!
Evoco las palabras del parte del Comandante Ramiro Valdés a Fidel, cuando desde Bolivia trajo consigo los restos de su jefe y amigo. Me emociona el recuerdo de las palabras de agradecimiento de Aleidita en nombre de los familiares de todos los caídos. Guardo en mi memoria además, el tributo de amor de mi pueblo, en el recorrido de los restos del “Caballero Bayardo” y sus compañeros, desde la Plaza de la Revolución hasta la Biblioteca José Martí en Santa Clara, y el entierro en el Mausoleo de la ciudad de Martha Abreu y el Che.
Pero lo que más me conmovió de mis vivencias de aquellos días, fue cuando con mis estudiantes esperé el paso del cortejo fúnebre en la Carretera Central a la altura del suburbio matancero de Gelpi. Al pasar a mi lado, el jeep tirando del armón de artillería, sobre el cual un pequeño osario cubierto con la bandera cubana mostraba el rótulo “Comandante Ernesto “Che” Guevara. Cubano”, un pensamiento cruzó por mi mente, – Bienvenido a la Patria Comandante, nos has hecho mucha falta, pero nunca dejaste de estar con nosotros.
Porque el Che es de Latinoamérica toda, pero nadie nos puede privar de lo que un día el pueblo de Cuba proclamó por ley; Ernesto Guevara de la Serna es cubano por nacimiento. Es un honor que solo a otro gran héroe de la Patria se le había concedido antes, al “Generalísimo” Máximo Gómez. El Che multiplicado en cientos de médicos cubanos que recorren la geografía del mundo, sigue viviendo en el corazón de Cuba.
Octubre es también el mes en que el infortunio nos arrebató a otro de nuestros centauros inmortales, al Señor de la Vanguardia, el hermano del Che y de Fidel, al cubano entre todos los cubanos, al Héroe de Yaguajay, el Comandante Camilo Cienfuegos. El 28 de octubre de 1959, Camilo, que días antes había participado en compañía de Fidel en la desarticulación de la sedición traidora de Hubert Matos, tuvo que en su condición de Jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde, acudir a Camagüey posteriormente con el objeto de restablecer los mandos militares en esa provincia.
Esa misma noche, y a pesar de que el Estado del Tiempo anunciaba tormenta, decidió despegar hacia la Habana. Fue la última vez que los vieron con vida a él, a su piloto y a su escolta. A pesar de la concienzuda búsqueda, el avión y sus tripulantes nunca aparecieron. Desde aquel fatídico octubre, en la conmemoración de su desaparición física, nuestro pueblo arroja millones de flores al mar de las Antillas, con la secreta esperanza de que en su navegar lleguen hasta la oculta bajo las aguas, tumba del héroe. La Universidad de Matanzas lleva el nombre glorioso de Camilo Cienfuegos, lo cual constituye un honor, pero también implica el compromiso de todos los que en ella trabajamos y estudiamos, de tratar de acercarnos a su ejemplo de fidelidad y consagración a la obra de la Revolución.
Un hecho histórico que garantizó que octubre no dejase de ser imprescindible en nuestra historia, lo constituyó la llamada Crisis de los Misiles por los estadounidenses y de Octubre por nuestro pueblo. Cuando hace algunos días pude ver el filme norteamericano “Trece días”, con una versión muy yanqui de los sucesos, me quedé con un sabor amargo en los labios. Nosotros, los cubanos casi no aparecemos en el guión hollywoodense. Solo dos países decidían, de acuerdo al guionista del filme, el diferendo nuclear: Estados Unidos y la Unión Soviética. Solo se menciona a Fidel como si su papel hubiese sido el de una simple marioneta al servicio de los “rusos”. Y nada más alejado de lo que ocurrió en la realidad.
La verdad histórica de aquellos sucesos es que Krushov, que tuvo miedo de seguir el consejo de Fidel de hacer público el acuerdo militar entre Cuba y la URSS, se sentó a la carrera a negociar con Kennedy el día en que Fidel ordenó abrir fuego a todos los aviones yanquis que volaran a baja altura. Cuando ese día 27 de octubre de 1962, el comandante ruso de una batería de cohetes SAM en Holguín, empezó a escuchar el tabletear de las cuatro bocas nuestras disparando, pensó que se había llegado a la confrontación directa. Es en ese mismo instante, en que en su radar apareció el avión espía U-2, lo derribó.
En ese suceso triste, en el que los soviéticos se sentaron con los yanquis a negociar, sin tomar en cuenta la opinión de los que en definitiva estaban dispuestos a desaparecer en el holocausto nuclear, Fidel al decir del Che brilló como nunca antes lo había hecho un estadista. Manifestó su desacuerdo con la negociación, que en definitiva no garantizaba, como no lo ha garantizado hasta hoy, el respeto de los yanquis hacia nuestra soberanía y autodeterminación. Proclamó ante el mundo los cinco puntos de Cuba, que siguen sin cumplirse. Ellos son:
  1. Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económica ejercidas por Estados Unidos contra la Isla.
  2. Cese de las actividades subversivas, lanzamientos y desembarcos de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones mercenarias, filtración de espías y saboteadores.
  3. Cese de los ataques piratas.
  4. Cese de todas las violaciones del espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos.
  5. Retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por Estados Unidos.
Después, los soviéticos dejaron registrar sus barcos por la soldadesca yanqui hasta la cala, sin embargo, Fidel dijo que a Cuba nadie la revisaba, y así fue. Las relaciones con los soviéticos se agriaron al punto de que Krushov invitó a Fidel a la URSS, para disminuir las tensiones entre ambos gobiernos. En honor a la verdad, salvo ese episodio de la Crisis de Octubre, los soviéticos antes, como ahora los rusos, siempre se comportaron con nosotros como verdaderos amigos, y mantuvieron relaciones con nuestro país, como nadie las ha tenido con Cuba, hasta que surgieron los procesos de cambio democrático en los cuales triunfó la izquierda en América Latina.
En octubre, específicamente el día 20, celebramos también el Día de la Cultura Nacional, por ser este el día, pero de 1868, en que cruzando la pierna sobre la montura de su caballo de guerra, el insigne bayamés, Perucho Figueredo, escribió nuestro Himno Nacional.
Y como no se puede escribir la historia de la Patria, sin tomar en consideración las historias de las Patrias Chicas, un 12 de octubre de 1693, fue fundada por orden real, la Ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas, mi gentil Yucayo, la ciudad en la que he vivido durante mi existencia, y a la cual adoro como a una deidad. Durante esta semana celebraremos la semana de la Cultura Matancera, y el Día del Matancero ausente. Los lectores habrán podido apreciar de este artículo escrito con mucha premura, que Octubre por derecho propio, es un mes imprescindible en la historia de mi Patria.

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