La Operación Carlota cumple 39 años.

Combatientes cubanos inspeccionan un transportador blindado “Casspir” sudafricano capturado al enemigo en Cuito Cuanavale.

 Por: MSc. Arnold Pérez Marrero. Departamento Docente de Preparación para la Defensa. Universidad de Matanzas.

“Apena ver insistir en sus propios derechos a quien se niega a luchar por el derecho ajeno”. José Martí.

Al cumplirse el próximo 5 de noviembre 39 años del inicio de la “Operación Carlota”, la más extraordinaria hazaña militar protagonizada por el pueblo cubano  en apoyo a un pueblo hermano del África Negra, creo que resulta oportuno recordar que la historia del pillaje y del saqueo imperialista y neocolonial de Europa en África, con pleno apoyo de Estados Unidos y la OTAN, así como la heroica solidaridad de Cuba con los pueblos hermanos de ese continente, no han sido suficientemente conocidas, aunque sólo fuese como merecido homenaje a los cientos de miles de hombres y mujeres que escribieron aquellas gloriosas páginas y que para ejemplo de las presentes y futuras generaciones no debieran olvidarse jamás; y no solo es desconocida sino que en muchos casos es intencionalmente ignorada o tergiversada, principalmente por los EE.UU.

Como parte del reparto del continente africano entre las potencias imperialistas europeas, Angola se convirtió en colonia de Portugal.

Para romper el yugo portugués los patriotas angolanos fundan en 1956 el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA).

Ya en 1961, cuando el pueblo de Argelia libraba una asombrosa lucha por independizarse de Francia, un barco cubano llevó armas a los heroicos patriotas argelinos y a su regreso traía un centenar de niños huérfanos y heridos de guerra. Dos años más tarde, después de haber alcanzado su independencia, Argelia se vio amenazada por una agresión por parte de Marruecos que despojaba al desangrado país de importantes recursos naturales. Por primera vez tropas cubanas cruzaron el océano y, sin pedirle permiso a nadie, acudieron al llamado del pueblo hermano.

También por aquellos días, cuando el imperialismo arrebató al país la mitad de sus médicos dejándonos sólo 3 000, varias decenas de médicos cubanos fueron enviados a Argelia para ayudar a su pueblo.

Se iniciaba de ese modo, lo que hoy constituye la más extraordinaria colaboración médica a los pueblos del Tercer Mundo que ha conocido la humanidad.

En ese contexto, el 2 de enero de 1965 el Comandante Ernesto Che Guevara contacta en la capital de la República del Congo con el líder del MPLA, Agostinho Neto,  iniciándose nuestra colaboración con la lucha independentista en Angola y Guinea Bissau, que consistió esencialmente en la preparación de cuadros, envío de instructores y ayuda material.

La estoica lucha de los pueblos de África hacía inevitable la independencia de las colonias de ese continente, lo que era aceptado por la comunidad mundial.

Debilitado por la ruina económica y el desgaste de la guerra que libraban heroicamente los pueblos de Angola, Mozambique, Guinea Bissau y Cabo Verde, en abril de 1974 en Portugal tiene lugar un levantamiento militar que fue secundado por las masas populares conocido como “Revolución de los Claveles”, que puso fin al régimen fascista que imperaba en ese país.

En esa coyuntura histórica, Guinea Bissau logró la independencia en septiembre de 1974; allí alrededor de sesenta internacionalistas cubanos, entre ellos una decena de médicos, habían permanecido junto a las guerrillas diez años. Mozambique alcanzó su independencia a mediados de 1975, y en julio de ese mismo año, Cabo Verde y Sao Tomé lograron igualmente ese objetivo.

La solidaridad con Angola, la más extensa y rica de las colonias portuguesas, era uno de los puntos esenciales del Movimiento de Países No Alineados y del Campo Socialista a la vez que contaba con el apoyo de la comunidad internacional. Angola estaba a punto de conquistar su independencia pero el gobierno de los EE.UU. decidió impedir a toda costa que el MPLA asumiera la dirección del nuevo Estado, para lo cual habían creado, como es característico, organizaciones angolanas serviles a sus intereses, tales como el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) y el Frente para la Liberación del Enclave de Cabinda (FLEC), que pretendía escindir la región de Cabinda del resto de Angola.

Dictadores, terroristas, ladrones y racistas confesos apoyaban y no pocos se  incluían constantemente sin el menor recato en las filas de estas organizaciones.

. En enero de 1975 se firman los Acuerdos de Alvor entre el gobierno portugués y el MPLA, el FNLA y la UNITA, estableciéndose un gobierno de transición en que estarían representadas las tres organizaciones junto a autoridades portuguesas hasta la proclamación de la independencia de Angola, fijada para el 11 de noviembre de 1975.

Es significativo, que a pesar del apoyo que recibían el FNLA y la UNITA de diferentes países, en particular de los EE.UU., cuyo gobierno aprobó en el mes de julio de ese año 24 millones de dólares para financiar un plan contra el MPLA, para el mes de agosto la mayor parte de Angola (12 de sus 16 provincias), incluyendo su capital estaba controlada por el MPLA.

En estas circunstancias el imperialismo se propuso dividir el país entregando una parte a Zaire y la otra a Sudáfrica, por lo que en agosto, fuerzas zairenses, asesoradas por militares sudafricanos se unieron  al  FNLA, en cuyas filas se habían alistado soldados zairenses,  ex  oficiales  del  ejército  portugués  y  mercenarios  blancos,  para  lanzar  una  ofensiva  por  el  norte  de  Angola,  mientras  tropas sudafricanas, de conjunto con la UNITA atacaron por  el  sur del territorio angolano.

 Atendiendo a que el FNLA y la UNITA rompieron los acuerdos al atacar a las fuerzas del MPLA, para septiembre de 1975 solo el MPLA se mantenía en el gobierno de transición, con sede en Luanda, en una muy compleja situación, esperando la fecha fijada para proclamar la independencia de Angola.

Ante la gravedad de la situación el presidente del MPLA solicita a Fidel ayuda para entrenar militarmente a los angolanos. Cuba envía unos 480 instructores para crear cuatro centros de entrenamiento, así como material de guerra para esos centros y para las unidades que se organizarán. Los efectivos y recursos cubanos arriban a Angola entre septiembre y principios de octubre de 1975.

Sin embargo, mientras se acomete la tarea de organizar el futuro ejército angolano, las tropas de Zaire se acercan por el norte a Luanda, capital de Angola, y poderosas columnas blindas del régimen racista sudafricano avanzan por el sur y a unos 60 kilómetros por día se dirigen velozmente también hacia Luanda, para impedir que se pueda proclamar la independencia de Angola por el MPLA el 11 de noviembre, como se ha previsto.

La dirección de la Revolución cubana comprende que el imperialismo ha decidido desmembrar a Angola. El peligro es inminente para la causa de los patriotas angolanos y también para la vida de los cerca de 500 instructores cubanos, algunos de los cuales ya han caído heroicamente en combate, por lo que de acuerdo con el MPLA, el 5 de noviembre de 1975 Fidel despide a las primeras tropas cubanas que partirán por vía aérea hacia Luanda (un batallón de Tropas Especiales del Ministerio del Interior, transportado desde La Habana en los viejos aviones Britannia de nuestra línea aérea). Ese mismo día, pero del año 1843, Carlota, la esclava africana que en las inmediaciones de Triunvirato había dirigido una de las más importantes rebeliones de esclavos contra el régimen colonial español, resultó brutalmente martirizada, al ser amarrada a cuatro caballos, que obligados a tirar en direcciones diferentes, la descuartizaron. Angola, al igual que la heroína de Triunvirato, va a ser cruelmente descuartizada, por lo que a la movilización que para impedirlo inician ese día las Fuerzas Armadas Revolucionarias y que se prolongaría hasta mayo de 1991, se le denominó “Operación Carlota”.

En ningún momento el Presidente de Estados Unidos ni los servicios de inteligencia de ese país, imaginaron siquiera como una posibilidad la participación de Cuba en una guerra de tal magnitud a 10 mil kilómetros de sus fronteras. Nunca un país del Tercer Mundo había actuado en apoyo de otro pueblo en un conflicto militar más allá de su vecindad geográfica.

A las doce de la noche del 11 de noviembre de 1975, en medio del asedio de tropas enemigas, cuyo avance hacia la capital del país es impedido por las tropas angolano-cubanas, Agostinho Neto, líder del MPLA, proclama la independencia de Angola.

A finales de noviembre la agresión enemiga había sido detenida en el norte y en el sur. Unidades completas de tanques, abundante artillería terrestre y antiaérea, unidades de infantería motorizada hasta nivel de brigada, transportadas por buques de nuestra Marina Mercante, se acumulaban rápidamente en Angola, donde 36 000 soldados cubanos iniciaron una fulminante ofensiva. Atacando por el sur al enemigo principal, hicieron retroceder al ejército racista sudafricano más de 1 000 kilómetros hasta su punto de partida: la frontera de Angola y Namibia, enclave colonial de los racistas. El 27 de marzo de 1976 el último soldado de Sudáfrica abandonó el territorio angolano. En la dirección norte, en pocas semanas las tropas regulares de Zaire y los mercenarios a su servicio fueron lanzados al otro lado de las fronteras de ese país.

Cuba era partidaria de imponer a Sudáfrica un precio fuerte por su aventura que incluyera la concesión de la independencia de Namibia, haciendo cumplir la exigencia establecida por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que había dictaminado que Sudáfrica debía cesar la administración ilegal de ese territorio y traspasar el poder al pueblo de Namibia.

 Sin embargo, el gobierno soviético, preocupado por las posibles reacciones yanquis, presionaba fuertemente solicitando la rápida retirada de las tropas cubanas. Cuba, cuando tomó la decisión soberana de enviar tropas a Angola, no ignoraba la posibilidad de una agresión militar contra nuestro país como represalia por parte de los EE.UU., pero el deber se imponía.

Hoy se conoce con más exactitud que sobre Cuba hubo una seria amenaza, al salir a la luz pública documentos que evidencian que el entonces Secretario de Estado de los EE.UU. Henry Kyssinger propuso agredir militarmente a Cuba para humillarla por su osadía de enviar tropas a Angola.

Atendiendo a que los soviéticos, aunque no fueron consultados sobre la decisión cubana de enviar tropas a la República Popular de Angola, habían apoyado la creación del ejército angolano, principalmente suministrando medios de combate y habían respondido positivamente a determinadas solicitudes cubanas de recursos a lo largo de la guerra y convencidos de que no habría perspectiva posible para Angola sin el apoyo político y logístico de la URSS, no quedó otra alternativa que aceptar, aunque sólo en parte, la demanda soviética.

Por lo que en abril de 1976, Raúl Castro viajó a Angola para analizar con el presidente Neto la necesidad inevitable de proceder a la retirada gradual y progresiva de las tropas cubanas que sumaban 36 000 efectivos, en un lapso de tres años, tiempo que ambas partes, Cuba y Angola, consideraban suficiente para formar un fuerte ejército angolano.

Mientras tanto, Cuba mantendría fuertes unidades de combate en las alturas de la meseta central, a 250 kilómetros aproximadamente de la frontera con Namibia.

Neto comprendió los argumentos de la parte cubana y accedió noblemente al programa de retirada de sus fuerzas.

Para marzo de 1977 ya habían regresado a Cuba unos 12 000 internacionalistas, es decir, la tercera parte de nuestras fuerzas. El plan de retirada se cumplía hasta ese instante según lo previsto. Pero pronto el régimen sudafricano, apoyado por el imperialismo norteamericano comenzó a realizar frecuentes incursiones al interior de Angola y utilizando como punta de lanza a las bandas contrarrevolucionarias de la UNITA, impuso al pueblo angolano una prolongada guerra de desgaste. El mundo sería testigo de crímenes atroces, muchos de ellos cometidos ante el silencio cómplice de las grandes transnacionales de la información. Ante esta situación fue necesario paralizar el proceso de retiro de las tropas internacionalistas cubanas y continuar  el apoyo directo al pueblo de Angola durante más de 15 años.

Creo importante aclarar que Sudáfrica era en ese momento un país condenado por las Naciones Unidas por mantener una política de segregación racial denominada Apartheid, mediante la cual una minoría blanca tenía sometida a la más cruel discriminación racial a la inmensa mayoría negra. Sin embargo, los EE.UU. mientras hacían tímidas acusaciones públicas al régimen del Apartheid mantenían una estrecha colaboración económica y militar con el mismo, llegando incluso a facilitarles de conjunto con Israel, el arma nuclear y durante la administración Regan se opusieron a que las Naciones Unidas le impusieran sanciones. Sudáfrica era, pues, la principal potencia regional con la cual contaban los EE.UU. para detener los procesos revolucionarios en la región. En el caso de Namibia, los EE.UU. llegaron a exigir que para que Sudáfrica le concediera la independencia, las tropas cubanas debían retirarse de Angola lo cual fue rechazado categóricamente por Cuba y Angola e incluso por las Naciones Unidas.

En estas condiciones, muy pocos creyeron que Cuba resistiría firmemente las embestidas de Estados Unidos y Sudáfrica a lo largo de tantos años. Pero en esta ocasión fueron los menos quienes tuvieron la razón: Cuba resistió y sus tropas regresaron vencedoras, con la satisfacción del deber cumplido.

A finales de 1987 se produjo la última gran invasión sudafricana a suelo angolano, en circunstancias que ponían en peligro la propia estabilidad de esa nación.

Sudáfrica con el contubernio de los Estados Unidos lanzó el último y más amenazador golpe contra una fuerte agrupación de tropas angolanas que, en el límite suroriental de la frontera de Angola, estaba sujeta a una aplastante derrota.

El enemigo, sumamente envalentonado, avanzaba en profundidad hacia Cuito Cuanavale, antigua base aérea de la OTAN, y se preparaba para asestar un golpe mortal contra Angola. Las unidades angolanas retrocedían en un frente de varios kilómetros de ancho con brechas de kilómetros de separación entre ellas.

Desesperadas llamadas de apoyo a la Agrupación de Tropas Cubanas se producían por parte del gobierno angolano, ante el desastre creado.

La respuesta firme esta vez fue que tal solicitud se aceptaría solo si todas las fuerzas y medios de combate angolanos en el Frente Sur se subordinaban al mando militar cubano. El resultado inmediato fue que se aceptaba aquella condición.

En un esfuerzo titánico, pese al serio peligro de agresión militar que también se cernía sobre nuestro país, la alta dirección política y militar de Cuba decidió reunir las fuerzas necesarias para asestar un golpe definitivo a las tropas sudafricanas. Nuestra patria repitió de nuevo la proeza de 1975. Un torrente de unidades y medios de combate cruzó rápidamente el Atlántico y desembarcó en la costa sur de Angola para atacar por el suroeste en dirección a Namibia mientras, 800 kilómetros hacia el Este, unidades selectas avanzaron hacia Cuito Cuanavale y allí, en unión de las fuerzas angolanas que se replegaban, prepararon una trampa mortal a las poderosas fuerzas sudafricanas que avanzaban hacia aquella gran base aérea.

Esta vez se habían reunido 55 000 soldados cubanos en Angola.

De este modo, mientras en Cuito Cuanavale las tropas sudafricanas eran desangradas, por el suroeste 40 000 soldados cubanos y 30 000 angolanos, apoyados aproximadamente por 600 tanques, cientos de piezas de artillería, 1000 armas antiaéreas, y las audaces unidades de MIG-23 que se apoderaron del dominio aéreo, avanzaban hacia la frontera de Namibia, dispuestas a barrer a las fuerzas sudafricanas que se acuartelaban en aquella dirección principal.

Como resultado de aquella poderosa ofensiva, el enemigo tuvo que sentarse a la mesa de conversaciones.

El 27 de junio de 1988 se asesta el último golpe demoledor a las tropas sudafricanas. Ese día a las 13.00 horas, 11 MiG-23ML atacan con 16 toneladas de bombas y destruyen el complejo hidroeléctrico de Calueque en la frontera con Namibia, ocasionando decenas de muertos y heridos y otros cuantiosos daños al enemigo. Tal fue el impacto del ataque aéreo, que esa misma noche los sudafricanos llaman al mediador norteamericano Chester Crocker, pidiendo que intercediera por un cese al fuego con La Habana, y proseguir las negociaciones de paz.

En la mesa de negociaciones en la sede de las Naciones Unidas, pese a la reiterada oposición de los EE.UU. estaba también Cuba; no pudieron impedirlo. Aquel proceso culminó con los Acuerdos de Paz para el Suroeste de África, firmados por Sudáfrica, Angola y Cuba en diciembre de 1988. Allí   participaron de un lado de la mesa angolanos y cubanos y del opuesto los sudafricanos. Estados Unidos ocupaba el tercer lado de la mesa ya que fungía como mediador. En realidad, Estados Unidos era juez y parte, era un aliado del régimen del apartheid: le correspondía sentarse junto a los sudafricanos.

La misión internacionalista protagonizada por Cuba estaba cabalmente cumplida. Nuestros combatientes iniciaron el regreso a la patria con la frente en alto, trayendo consigo únicamente la amistad del pueblo angolano, las armas con que combatieron con modestia y valor a miles de kilómetros de su patria, la satisfacción del deber cumplido y los restos gloriosos de nuestros hermanos caídos.

Su aporte resultó decisivo para consolidar la independencia de Angola y alcanzar la de Namibia. Fue además una contribución significativa a la liberación de Zimbabwe y a la desaparición del odioso régimen del apartheid en Sudáfrica.

En aquella heroica gesta en Angola participaron más de 300 mil combatientes y 50 mil colaboradores civiles cubanos. 2016 de nuestros compatriotas ofrendaron sus vidas, de ellos 787 en acciones combativas, 524 por enfermedades y 705 por accidentes.

Como ha señalado el compañero Fidel, la Misión Internacionalista de Cuba en Angola: “Fue una extraordinaria hazaña de nuestro pueblo, muy especialmente de la juventud, de las decenas de miles de combatientes del Servicio Militar Activo y de la Reserva, que voluntariamente cumplieron el deber internacionalista junto a los oficiales y demás miembros permanentes de las FAR”.

“Suman millones los hombres y mujeres que aseguraron desde Cuba el éxito de cada misión, suplieron con más horas de trabajo al que marchaba y se esforzaron para que nada faltara a la familia del combatiente o colaborador civil”.

Mientras los medios de comunicación estadounidenses se centraron durante los funerales del líder sudafricano Nelson Mandela en el apretón de manos entre el presidente Obama y Raúl Castro, vale la pena reflexionar por qué los organizadores del ceremonial invitaron a Raúl Castro como uno de los seis líderes – de los noventa y un asistentes extranjeros- para hablar en la ceremonia. No sólo se le concedió a Raúl Castro ese honor, sino también recibió la más cálida presentación en la ceremonia:

“Ahora vamos a presentar a un líder que viene desde una pequeña isla, representante de una pequeña isla, de un pueblo que nos liberó, que luchó por nosotros… el pueblo de Cuba”, dijo el presidente del Congreso Nacional Africano (ANC).

Aunque la propia presentación encierra la esencia de la respuesta, se puede ampliar con palabras del propio Nelson Mandela cuando dijo: Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de los países que quieren apoderarse de nuestro territorio o subvertir nuestra soberanía. En toda la historia de África es la única vez que un pueblo extranjero (el cubano) se ha levantado para defender a uno de nuestros países.” La victoria cubana, dijo Mandela “destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco… [e] inspiró a las masas en lucha de Sudáfrica… Cuito Cuanavale fue el punto de inflexión para la liberación de nuestro continente -y de mi pueblo – del flagelo del Apartheid”.

A 39 años del inicio de aquella gesta sublime, una vez más el pueblo cubano da muestras de su solidaridad a toda prueba con sus hermanos africanos y con la humanidad en general, ahora enfrentando la terrible epidemia del ébola.  Como señaló Fidel Castro: “…Si nadie tuvo la menor duda de que los cientos de miles de combatientes que fueron a Angola y a otros países de África o América, prestaron a la humanidad un ejemplo que no podrá borrarse nunca de la historia humana; menos dudaría que la acción heroica del ejército de batas blancas ocupará un altísimo lugar de honor en esa historia.”

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