Inicio de la Guerra Necesaria en Matanzas.

Juan Gualberto Gómez, patriota insignia de la provincia de Matanzas.

Por el Dr. Roberto Verrier Rodríguez, Profesor de Mérito de la Universidad de Matanzas.

Colaborador de la  Sección de Historia del Comité Provincial del Partido.

Durante varios años, en Cuba se desarrolló una interesante polémica en la que, historiadores y aficionados a las cosas del pasado, se envolvieron en una discusión sobre el 24 de febrero de 1895. ¿ Fue ese día Grito de Baire, de Ibarra, de Bayate, de Oriente?. No era un secreto que los grupos revolucionarios obedecían instrucciones de Martí y Juan Gualberto Gómez para el alzamiento. ¿Quién se adelantó realmente? ¿Cómo debemos designar ese día, esa fecha?, ¿Qué papel jugó la provincia en esa acción?

En este 24 de febrero, en que se conmemora el 108 Aniversario del inicio de la Guerra Necesaria, «AÑO DE GLORIOSOS ANIVERSARIOS de Martí Y EL MONCADA», es decir, el 150 Aniversario del Natalicio del Apóstol, quien preparó con gran celo y amor, en «silencio», el inicio de esa Guerra, para lograr la independencia de la Patria, como uno de los eslabones de la continuidad histórica de la epopeya de La Demajagua, que diera inicio a la «Guerra Grande», la de los Diez Años, la que organizó el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, dando la libertad a sus negros esclavos, armándolos para que lucharan por la libertad de Patria, por lo que es necesario dar a conocer los hechos ocurridos ese día, en 1895.

En la Provincia de Matanzas se venía conspirando antes del alzamiento de Céspedes. En 1867, Juan Arnao y Juan Manuel Macías trataron de realizar una revolución, con la colaboración de Juan Bellido de Luna. Hubo lucha en Matanzas en el período 1868-78, pero no llegó a ser lo suficientemente desvastadora como para destruir el principal bastión económico de España. Otro eslabón de esa lucha fue la «Guerra Chiquita», dirigida por Calixto García y posteriormente, la Tregua Fecunda, en preparación de la nueva lucha libertaria.

El 10 de abril de 1892 se proclamó en Tampa, Cayo Hueso, en el seno del propio monstruo imperialista, el Partido Revolucionario Cubano, por todas las Asociaciones de cubanos en el extranjero; era el valioso instrumento para preparar la Guerra y Martí dedicó todos sus esfuerzos y energía en esa preparación. El 14 de marzo de ese mismo año, se había creado el «Periódico Patria», que sería el órgano del Partido; su creación es muestra de la visión política de Martí, con el objetivo de acabar de obtener la unidad de todos los cubanos, los «Viejos Guerreros», con los «Pinos Nuevos». ¡Patria en la prensa era un soldado!.

Para comunicarse con los separatistas, Martí designó sus Delegados en Cuba: En La Habana escogió a Juan Gualberto Gómez, a quien le unía una vieja amistad y en Santiago de Cuba, al abogado Rafael Portuondo Tamayo. Al finalizar 1894, la Guerra estaba a punto de estallar; la situación era insostenible. El Capitán General recibía noticias alarmantes de las regiones del País; los caudillos se sentían vigilados, esperaban con ansias la orden de alzamiento.

Así estaban las condiciones, cuando se recibió la noticia del fracaso y desastre de «Fernandina», los tres barcos armados, preparados para recoger a los altos Jefes de la Revolución y desembarcar en tres provincias de la Isla. Todo sucedía por la indiscreción de uno de los encargados de conducir los mismos. Martí creyó que su obra quedaba destruida, pero la emigración lo estimuló a continuar la lucha, que no le faltarían los recursos para dar inicio a la Guerra. Los cubanos sólo pedían que llegaran los Jefes, las armas se las arrebatarían a los españoles.

Martí, José María Rodríguez (Mayía) y Enrique Collazo, decidieron dar la orden de alzamiento; el 29 de enero de 1895 se redactaba la Orden, para llevarse a cabo no antes de la segunda quincena de febrero. Martí consideraba que en Occidente no se ejecutara, si no se efectuaba a la vez con los de Oriente y de acuerdo con Camagüey y Las Villas. El fracaso de Fernandina convenció a los españoles que la guerra era inminente y los cubanos esperaban el levantamiento, pues las detenciones serían rápidas..

Juan Gualberto recibía la misiva con un propio y reunió a los que organizaban la Revolución en Matanzas y La Habana; enviaba emisarios a Las Villas y Oriente. Al regresar los mismos con las aprobaciones de los Jefes de esas regiones, se decide el levantamiento para el 24 de febrero de 1895. Ese día se iniciaba la lucha en Oriente y Occidente, entró Cuba en un nuevo período de guerra, que no terminaría hasta vencer al despótico y cruel Gobierno colonial de más de cuatro siglos; la intromisión de Estados Unidos, cuando ya Cuba le tenía ganada la guerra a España, frustraba el sueño martiano de tener un Cuba Independiente, Libre Y Soberana

¿Cuál era la situación de la provincia en esa etapa? Al culminar la Guerra de los Diez Años, las riquezas de España se habían quedado intactas en la provincia; el desarrollo alcanzado en la industria azucarera se había mantenido, es decir, el territorio tenía una importancia económica para el tesoro de la colonia. La colonia tomaba las medidas de rigor, con el objetivo de preservar las riquezas de la minoría, proteger los cañaverales, los ingenios, la zafra y permite a sus dueños armar Destacamentos, para la vigilancia de sus territorios,

Una enorme masa popular de patriotas, integrada por trabajadores, campesinos, intelectuales, negros y mestizos, esperaban ansiosos un levantamiento para luchar por la independencia definitiva de España.

No obstante esa fuerza poderosa en contra, Matanzas, con bríos y entusiasmo gestaba la «Guerra Necesaria» y las ideas revolucionarias de Martí, proclamadas en el Partido y encuentra respaldo en la provincia; algunos hechos históricos le sirven de antecedentes: el trabajo previó que se realizó en Logias Masónicas, con claras tendencias separatistas, independentistas; la creación de organizaciones y grupos revolucionarios y otras actividades no menos importantes, presentaban a Matanzas con posibilidades de iniciar la Guerra, con otros lugares del País.

El 24 de febrero de 1895 se producía en la provincia de Matanzas y al este de Cienfuegos, cuatro alzamientos: el de Ibarra con Juan Gualberto Gómez ya Antonio López Coloma ; el de Jagüey Grande, con Martín Marrero y los hermanos Rodríguez; en el Seborucal, con Manuel García y el de Aguada de Pasajeros. Con Joaquín Pedroso.

Señalada la fecha de inicio de la «Guerra Necesaria», tan esperada por los que querían liberar a Cuba de España, al filo del machete, Juan Gualberto Gómez, Julio Sanguily y José María Aguirre, se reunieron y acuerdan, como medida de seguridad, salir de sus hogares antes del 20 de febrero; no obstante, Juan Gualberto tenía que marcharse sin Sanguily, el día 23, con un grupo de civiles inexpertos en materia militar, pero dispuestos a luchar por la libertad de la Patria oprimida, entre ellos: Antonio López Coloma, Juan Tranquilino Latapier, Luis Moret de Mola, José Luis Ferrer, Federico Núñez, Francisco Requeira, Antonio M. Rivero, Rafael Rosado, Gerardo Núñez, José Villar,, Alberto Casaus, José María Treviño. El grupo llegaba a Matanzas y se les unirían Gregorio y Alfonso Ibarra, Manuel Miranda y Paulino Torres; se bajaron en el paradero de Ibarra y se dirigieron a La Ignacia, donde tenían las armas. Para ese lugar había citado Pedro Betancopurt, Jefe de la Provincia, a los hermanos Acevedo, Manuel García, Juan Amieva, Gerardo Domech y otros, con sus grupos, para la noche del 23 al 24 y después reunirse con los otros de Martín Marrero, Joaquín Pedroso, Antonio Curbelko y ponerse a las órdenes de Julio Sanguily, Jefe Militar del movimiento organizado y planificado. Sanguily fue apresado por los españoles, en su propia residencia, el día 23.

López Coloma, por su primo telegrafista, recibía aviso el 24 temprano, de que salía un tren con tropas en la persecución de ellos y decidieron retirarse y buscar refugio para esperar a los comprometidos; permanecieron en el Cuaval de Santa Elena, en cual fueron rodeados por los españoles; algunos burlaron el cerco, otros se escondieron en un cañaveral. Juan Gualberto pudo salir con otros. Después de una gran resistencia fueron hechos prisioneros Antonio López Coloma, su novia Amparo Orbe y otros compañeros; conducidos a Matanzas, fueron internados en el Castillo de San Severino. Pocos meses después Amparo era liberada y López Coloma enviado a La Cabaña. A pesar de ser condenado a 20 años de presidio, en Ceuta, junto con Juan Gualberto, se le retuvo prisionero en Cuba, por más de un año.

El grupo de Juan Gualberto conocía, por un amigo, de la prisión de Carrillo, Sanguiley, Aguirre; de la deportación a España de Pedro Betancourt y de que en la provincia los únicos alzados eran ellos y se acoge al bando del General Callejas, que garantizaba la libertad a los rebeldes; fueron apresados y conducidos ante Callejas, quien mandó liberar a los otros patriotas y a Juan Gualberto lo envía al Castillo del Morro. Martínez Campos sustituye a Callejas y destierra a Juan Gualberto, salvándole la vida. Con López Coloma, heroico Jefe de Patriotas, se ensañaron más, después de permanecer 20 meses en prisión, era fusilado el 26 de noviembre de 1896. López Coloma se había casado en la prisión, con Amparo Orbe, la representación de la mujer cubana en la manigua redentora, que en la Guerra Grande su símbolo fue Mana Toro de Gómez y en la última Guerra de Liberación Nacional, representada en Las Marianas y su símbolo, en la inolvidable Celia Sánchez.

En Jagüey había también un centro conspirativo: los hermanos Aurelio y José Agustín Rodríguez, dueños de la Finca La Sirena y el Dr. Martín Marrero, quien fuera designado por Martí Delegado del Partido en esa zona, se mantuvo en contacto con Pedro Betancourt y Juan Gualberto Gómez. Los hermanos Rodríguez y Martín Marrero salieron de Jagüey el 23, con algunos hombres, hacia La Sirena; se reconoció a Marrero como Jefe; permanecieron el 24 en la finca y el 25 decidieron unirse a los otros grupos y, en Palmar Bonito tuvieron un encuentro con las tropas españolas, por espacio de una hora; después el enemigo se retiraba. El día 28 sólo quedaban algunos hombres con ellos, en La Ciénaga, lugar seleccionado hasta que recibieran apoyo. El día 2 de marzo salían y se enteraban del fracaso del levantamiento de Ibarra y el 3 se acogen al Bando de Callejas. Marrero fue deportado a España; regresa a Cuba en la expedición de Calixto García, pelea durante el resto de la guerra y alcanzó el grado de Coronel. Los hermanos Rodríguez se marcharon para La Habana, vuelven posteriormente a la Sirena y en diciembre están alzados de nuevo.

A tres leguas de Aguada de Pasajeros, en la Sabana «Los Charcones», se sublevaron el día 24, el hacendado habanero Joaquín Pedroso, Alfredo Arango, Charles y Jorge Aguirre y otros hasta diez; dos días después eran 49. Tuvieron un encuentro con los españoles, pero después se acogían al Bando también.

En «Seborucal», Ceiba Mocha, se realizó un alzamiento ese día 24 de febrero, aunque muy discutido históricamente, la forma en que sucedieron los hechos. Manuel García Ponce «Rey de los Campos de Cuba», temido por los españoles y terratenientes, hacendados ricos, procoloniales; hacía tiempo estaba preparado para incorporarse a la lucha, según el propio Martí le manifestaba a Juan Gualberto Gómez y a Máximo Gómez, en carta a Francisco Carrillo, se refiere a él como «…un hombre con el que se puede contar si hace falta». Ese día, Manuel García, acompañado de 40 a 50 hombres, armados y montados, se presentan en la tienda «El Seborucal». La partida toma dinero y víveres, pero cómo ocurren los hechos donde matan a Manuel García, después de esa acción, no está claro, pero al salir del lugar, la partida da ¡Vivas a Cuba Libre!, posteriormente es encontrado su cadáver y sepultado en Seiba Mocha, que años después pasaban sus restos a ser retenidos por manos particulares en la Julia, por la familia de Ramiro Mouriño. Recientemente, la figura de Manuel García Ponce fue reivindicado como un patriota, identificados sus restos y descansan los mismos en un panteón en el Cementerio de Seiba Mocha. En acto especial se realizaba la ceremonia el 24 de febrero del 2000.

El fracaso de los levantamientos en Matanzas, en Occidente, lo predijo Martí, cuando reconoció lo peligroso que era esa acción, sin el apoyo de Las Villas y Camagüey, que no cumplieron sus compromisos.

En la Provincia era muy difícil mantenerse rebelde, a no ser en grupos grandes, bien armados y en varios lugares, para mantener en jaque a las tropas españolas. Hay que recordar el terreno llano de Matanzas, cruzada en aquel entonces por 29 líneas de ferrocarriles y que en Occidente se encontraba el mayor poderío español.

No obstante ese fracaso, la Revolución no fue totalmente dominada; en los meses siguientes aparecían grupos armados; la guerra estaba viva en Oriente; en julio se sublevaban en Las Villas Domingo Mujica y Mariano Fondeviela y se trasladan a Jovellanos. Mujica es hecho prisionero, trasladado a Matanzas y fusilado; era el primer patriota fusilado en esa Guerra.

La provincia de Matanzas compartía con la de Oriente la gloria de haber respondido al Plan del Partido Revolucionario Cubano, a Martí. Se puede considerar el 24 de febrero como la fecha inicial del alzamiento de Occidente, pues desde esa fecha se continuaron los levantamientos en la región y, la Provincia quedó en estado de guerra, desde el 24 de febrero de 1895, al igual que la de Oriente.

Pero, ¿ Cómo designar esta fecha memorable, Grito de Baire, de Bayate, de Oriente, de Ibarra?, nosotros la llamaríamos como otros historiadores «Grito de Independencia o Muerte», continuador de aquella gesta iniciada por el Padre de la Patria el 10 de Octubre de 1868, en La Demajagua, y que, en la cadena histórica de más de «Cien Años de Luchas», como la catalogó Fidel en el Centenario, en 1968, tuvo sus eslabones en las luchas de Martí. Baliño, Mella, Villena, Guiteras… en la Generación del Centenario del Maestro, en el Moncada, el Granma, en el amanecer brillante del Primero de Enero de 1959, en la construcción del Socialismo, en el Internacionalismo, en la Patria de Martí y de Fidel.

Ese Grito de ¡Independencia o Muerte!, es el mismo de ¡Patria o Muerte!, de varias generaciones revolucionarias, en una misma lucha y que actualmente llevamos cabo en la Batalla de Ideas y en la Liberación por los Cinco Héroes Prisioneros del Imperio.

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