La nueva estrategia de seguridad nacional de la administración de Barack Obama: otro proyecto de dominación global (Primera Parte).

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 Por el MSc. Arnold Pérez Marrero*

El 6 de febrero de 2015, la Casa Blanca presentó la segunda Estrategia de Seguridad Nacional del Presidente Barack Obama1, documento que llama la atención de políticos y analistas de todo el planeta. Las razones son obvias, pues se trata del documento público más importante que tan solo en 29 páginas en su versión original en inglés, delinea la estrategia que en política internacional traza la potencia que aspira a dominar el mundo.

El tema de la Seguridad, aun cuando es  un concepto aceptado por la comunidad  internacional, es centro de discusión en el mundo y se ha convertido en una de las cuestiones más polémicas de las relaciones internacionales.  Su campo de acción es tan amplio que puede definirse como una condición, una situación, un grado de garantía, una capacidad o una política.

Con la división de la sociedad en clases surge el Estado como instrumento de la clase económicamente dominante  para someter al resto de la sociedad.

El Estado creó los mecanismos para garantizar su seguridad; pero como el Estado representa los intereses de las clases dominantes, garantizar la seguridad del Estado equivale a garantizar la seguridad de las clases en el poder. Por tanto, desde las concepciones de seguridad que elaboraron los Estados antiguos hasta las actuales definiciones conceptuales, las proyecciones de seguridad han obedecido al cumplimiento de los intereses de las clases dominantes.

Aunque ya desde 1748 en su obra “El Espíritu de la Ley” Montesquieu hace referencia al vocablo seguridad relacionado con la nación, es sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial que comenzó a generalizarse el concepto de Seguridad Nacional.

Generalmente cuando se habla de seguridad se relacionan tres elementos: el bien a preservar (los intereses de las clases en el poder), la definición de las amenazas que afectan el bien (los enemigos del bien) y los medios a utilizar para preservar ese bien.

Sin embargo no hay una definición común para este concepto, pues las concepciones de seguridad  se insertan en el cuerpo de ideas de una sociedad determinada en que resultan dominantes las ideas de la clase que ejerce el poder, a la vez que reciben la influencia del entorno exterior, ahora de manera cada vez más decidida como resultado de la globalización, sin que tampoco puedan eludir  las peculiaridades del régimen económico-social y de la sociedad específica por la  que transitan.

Por tanto, en dependencia de sus realidades y concepciones, a partir de los intereses de las clases dominantes en cada país, las amenazas a esos intereses y los medios con que cuentan para enfrentarlas, cada Estado define su concepto y concepciones de Seguridad Nacional que como regla, se expresan en la denominada  Estrategia de Seguridad Nacional. Es decir, la estrategia que traza el país para garantizar su seguridad, que en definitiva es la seguridad de la clase dominante, la cual puede estar definida en un documento específico o deducirse de diferentes documentos o pronunciamientos gubernamentales.

Esta Estrategia, por ser nacional, debería tener vigencia para el país en cuestión que la elabora, pero no siempre es así.

Cuando se trata de un país con influencia en una región determinada, la estrategia del mismo repercute en los demás países de la región.

Pero, tratándose de la mayor potencia económica, política y militar del mundo, que se autoproclama líder mundial, su estrategia “nacional”, tiene impacto en los demás niveles del sistema. En la medida en que, según sus concepciones hegemónicas, los intereses de los Estados Unidos trascienden claramente sus fronteras, y en la medida en que poseen la capacidad militar y técnica, además de la económica, diplomática y mediática para desarrollarlos en vastas regiones del mundo, tenemos aquí un caso particular: el de una estrategia “nacional” que tiene implicaciones directas en el nivel sistémico global y en los niveles macro-regionales, trátese de América Latina, Europa, Asia, África u Oceanía.

Lo anterior se ve reforzado por el hecho de que los Estados Unidos, la superpotencia global de nuestros días, al formular por la vía de su gobierno la Estrategia comentada, efectúa ante todo una clasificación del mundo, de acuerdo a sus percepciones de las amenazas, los retos y tareas que esa misma seguridad asume como necesarias para garantizar sus “intereses nacionales”.

El fundamento está en que la noción de la seguridad para Estados Unidos contiene  dos clases de factores: los persistentes o de larga duración; y los coyunturales, que obedecen a circunstancias del presente.

Los persistentes están vinculados a la proyección imperial que impregnaron a esa nación sus Padres Fundadores bajo el concepto de que los EE.UU. son la nación elegida para llevar “la antorcha de la libertad” por doquier. Al respecto Simón Bolívar escribió: “…los Estados Unidos…parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad”2. Si en aquellos momentos la máxima aspiración de los EE.UU. era constituir un Imperio Continental Americano, esa aspiración ha ido mucho más lejos al pretender crear un imperio mundial bajo la égida de los EE.UU. y hoy en lugar de “la América”, Bolívar diría: “el mundo”.

La seguridad del país se enmascaró en sus comienzos con un supuesto carácter “defensivo” frente a las potencias europeas (Doctrina Monroe), pero el tema fue evolucionando hacia un área de influencia en Centroamérica, el Caribe y Suramérica, y luego con una concepción ampliada hacia el Pacífico. Para el siglo XX, esa influencia se extendería a casi todos los mares del mundo, y la vocación de potencia global se desarrolló claramente a partir de la Segunda Guerra Mundial y tomó un auge inusitado en el período posterior al fin de la Guerra Fría, al desaparecer el socialismo en los países de Europa del Este, desintegrarse la Unión Soviética y con ello el “Pacto de Varsovia” que constituían el principal muro de contención a los intereses hegemónicos estadounidenses.

Los factores persistentes tienen por base los denominados “intereses nacionales” de los EE.UU. que no son otros que los intereses de la clase económicamente dominante y que hoy son los intereses de las grandes transnacionales que tienen su asiento en ese país, pero como pulpos gigantescos, tienden sus tentáculos hacia todos los confines del mundo; por tanto, cada vez que uno de esos tentáculos se ve amenazado, los EE.UU. asumen que están en riesgo sus “interese nacionales” y por tanto: “su seguridad nacional”  y para defender esos “intereses nacionales” los EE.UU. emplean todo su avasallador poderío económico, político y militar. Precisamente por ello es que los EE.UU. tienen más de un millón de hombres y mujeres bajo las armas -presentes en más de 130 países y en el mar-  y liderando alianzas con  muchos otros poderosos Estados del mundo, entre ellas la OTAN.3

El papel hegemónico de los Estados Unidos en el mundo  no es tema de discusión dentro del país. En ello coinciden demócratas y republicanos y los más diversos sectores de poder de ese país, incluyendo algunos sectores progresistas.

Los factores coyunturales obedecen a circunstancias del presente y determinan, en correspondencia con el momento histórico concreto, las políticas y estrategias que los sectores de poder consideran más adecuadas para lograr los propósitos imperiales de los EE.UU.

Son los factores coyunturales los que provocan que la actual discusión interna esté centrada en si  EE.UU. tiene posibilidades de una hegemonía impuesta, o por el contrario, debe limitarse a una hegemonía consentida. El propio Obama ha reiterado en múltiples ocasiones y ratifica nuevamente en sus palabras introductorias a la actual Estrategia de Seguridad Nacional que: “La pregunta nunca es si EE.UU. debe ser el líder, sino cómo lo hacemos”.

El concepto de Seguridad Nacional en EE.UU tomó forma concreta durante el gobierno de Harry S. Truman, cuando finalizada la Segunda Guerra Mundial se adoptó la decisión de reorganizar todo el aparato gubernamental relacionado con la seguridad de la nación. Esto originó la Ley de Seguridad Nacional, aprobada el 26 de julio de 1947.

La idea fundamental de la Ley de Seguridad Nacional era establecer los principios mediante los que se coordinaría la política exterior con la política militar. Inicialmente se creó un órgano denominado Autoridad Nacional de Inteligencia que posteriormente se convirtió en el Consejo de Seguridad Nacional; así como la Agencia Central de Inteligencia (CIA), al servicio directo del presidente. La propia ley estableció una nueva estructura de lo que se conoce como Comunidad de Inteligencia y creó las distintas agencias que en aquel momento formaban la misma.

De acuerdo con la actuación histórica desarrollada por Estados Unidos en función de lo que ellos denominan su Seguridad Nacional, este concepto pudiera definirse de la forma siguiente:

La Seguridad Nacional de Estados Unidos se fundamenta en la defensa total de los intereses económicos y políticos de la clase dominante tanto en el país como en el exterior, garantizando que el modo de vida norteamericano y la  democracia representativa se expandan por todos los países del mundo y perduren dentro de Estados Unidos.  Esto implica el mantenimiento de su presencia en distintas zonas de influencia, con el fin de garantizar el suministro de materias primas, además de la exportación de servicios y productos terminados. Cada vez que sea necesario y esto no pueda garantizarse por medios diplomáticos o acciones de inteligencia, lo harán interviniendo militarmente. Con ese fin, las fuerzas armadas norteamericanas deberán mantener una alta preparación, entrenamiento, equipamiento y bases de operaciones en distintos países. Estas fuerzas se sumarán a los mecanismos de dominación económica y política desarrollados por la nación.

Los tenebrosos sucesos del 11 de septiembre de 2001 agregaron una dinámica especial al tema de la Seguridad Nacional de Estados Unidos. Estos fueron el pretexto idóneo para  la reorganización total de la Comunidad de Inteligencia Estadounidense, un cambio en la doctrina de la política exterior y un enfoque más abarcador de la misma, estableciendo el derecho de atacar sin ser atacado, lo cual quedó plasmado en la Estrategia de Seguridad Nacional dada a conocer por la administración de George W. Bush en el 2002 y actualizada en marzo del  2006.

La Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno de los EE.UU. adoptó forma de documento a partir de 1986, cuando se exigió al presidente de ese país presentar cada año al Congreso las proyecciones del gobierno en Seguridad Nacional.

Ronald Reagan presentó dos: una en 1987 y otra en 1988; George Herbert Walker Bush (Bush padre) presentó tres y Bill Clinton  siete. A partir de George Walker Bush  (Bush hijo) se ha exigido una Estrategia en cada mandato, por lo que Bush presentó dos: en el 2002 y el 2006 y Obama ahora presenta la segunda desde que arribó al poder ( la primera de Obama fue presentada el 27 de mayo de 2010, a más de un año de haber asumido la presidencia) y la actual, el 6 de febrero de 2015, cuando le restan dos años de mandato, convirtiéndose en la decimosexta Estrategia de Seguridad Nacional de los EE.UU.

Lo primero que debemos tener claro es que si bien este tipo de documentos brinda algunas claves para entender cómo Estados Unidos visualiza su rol en la comunidad internacional y cuáles serán sus prioridades, no debemos olvidar que son documentos públicos que pretenden “vender” una imagen a la comunidad internacional y trasladar mensajes a la opinión pública  de su país que se correspondan con los intereses del gobierno estadounidense, por lo que estamos en presencia de una Estrategia elaborada cuidadosamente que expone la visión que debe ser leída, escuchada y apoyada.

Por lo tanto, para interpretarla debemos realizar una lectura entrelíneas y desentrañar lo que se esconde detrás de su retórica para determinar su verdadero alcance y evitar que los mensajes explícitos “encandilen” nuestro pensamiento.

Asegurar la hegemonía de los EE.UU. (que ellos denominan “liderazgo”) en todo el planeta constituye el eje central de esta nueva estrategia, al igual que las anteriores. Si en el breve prólogo que hizo Obama a la Estrategia de 2010, en cuatro ocasiones se refirió al liderazgo mundial de EE.UU., ahora emplea el término 9 veces.

Obama, a la vez que ratifica el rumbo de la República Imperial trazado en su anterior Estrategia, introduce nuevos elementos en correspondencia con los cambios operados en el interior de su país y en el mundo y aprovecha la ocasión para hacer un balance de su gestión, que por supuesto trata de presentar como muy positiva.

En la Estrategia de Seguridad  Nacional de mayo de 2010  Obama consideraba que el poderío e influencia de EE.UU estaban dañados, por lo que su liderazgo mundial había sido afectado y tenía que ser reconquistado.

En aquellos momentos los EE.UU estaban en medio de una grave recesión, un desempleo que superaba el 10 %, un déficit que había alcanzado el billón de dólares y enfrascados en dos grandes guerras: Irak y Afganistán, en que estaban desplegados cerca de 180 mil soldados y que acarreaban gastos multimillonarios.

 “Hoy,- según afirma Obama en el prólogo a la ESN- EE.UU. es más fuerte y está mejor posicionado para alcanzar las oportunidades de un nuevo siglo y salvaguardar nuestros intereses ante los riesgos de un mundo inseguro”.

Cierto es que en el 2015 se presentan unos  EE.UU. con menor déficit, mejores cifras macroeconómicas, y con la reducción del desempleo a un 5,5%, pero no pocos expertos coinciden en que la crisis está lejos de haber concluido e incluso, pudiera agudizarse.

 En Irak y Afganistán se ha reducido la presencia militar estadounidense, pero aún permanecen 15 mil efectivos y un análisis sobre la situación en el terreno evidencia que desde el punto de vista militar los EE.UU. no han ganado esas guerras: el caos permanece en ambos países; Irak mantiene estrechas relaciones con Irán, a quien EE.UU. considera un enemigo en la región; en Afganistán los EE.UU. se han visto en la necesidad de establecer negociaciones con los Talibanes, a la vez que se ven involucrados en una nueva guerra, ahora contra el Estado Islámico que es su propia creación, según ha reconocido el propio Obama en entrevista al canal estadounidense Vice News, cundo dijo: “Quisiera decir dos cosas: la primera es que ISIS es una consecuencia directa de Al Qaeda en Iraq que surgió a raíz de nuestra invasión, lo cual es un ejemplo de las consecuencias no deseadas. Es por eso que, en general, debemos apuntar antes de disparar… estoy seguro de que así será”. 4

La Estrategia ratifica que el mundo tiene que servir a los intereses estadounidenses y para ello, los EE.UU., “la única nación indispensable” como calificara Barack Obama a su país el 28 de mayo de 2014 en su discurso en la Academia Militar West Point ,  tienen que asumir el liderazgo mundial: “Cualquier estrategia exitosa que surja para garantizar la seguridad del pueblo estadounidense y mejorar los intereses de nuestra seguridad nacional, tiene que comenzar con una verdad innegable: EEUU tiene que ser el líder”. “El liderazgo estadounidense es una fuerza global para el bien, pero se basa en nuestros intereses nacionales permanentes”. “Estos tiempos complejos han dejado claro el poder y el protagonismo del liderazgo indispensable de EEUU en el mundo”.

Sin embargo, aunque “…no existen desafíos que no demanden el liderazgo perenne de EE.UU.”,  Obama reconoce que los recursos de su país son limitados y no pueden abarcar la multiplicidad de situaciones que se presentan en todas partes  del mundo: “EEUU lidera desde una posición sólida. Sin embargo, no significa que podemos o debemos intentar dictar el curso de todos los sucesos en desarrollo a escala global. A pesar de nuestra solidez actual y futura, nuestros recursos son finitos”.

Ante esa situación Obama establece prioridades, a la vez que plantea ejercer el liderazgo con el empleo de los recursos del “Poder Inteligente”.

Las prioridades que define la Estrategia y que por tanto, constituyen los riesgos fundamentales a la seguridad nacional de los EE.UU. según las concepciones de su gobierno son:

  • Ataque catastrófico contra territorio de EEUU o infraestructuras fundamentales;
  • Amenazas o ataques contra ciudadanos estadounidenses en el extranjero y contra nuestros aliados;
  • Crisis económica mundial o desaceleración económica generalizada;
  • Proliferación y / o el uso de armas de destrucción masiva;
  • Brotes infecciosos severos de enfermedades en el mundo;
  • Cambio climático;
  • Principales alteraciones del mercado de la energía;
  •  Y Consecuencias significativas para la seguridad, vinculadas con estados débiles o fallidos (incluyendo las atrocidades en masa, la propagación de conflictos regionales y el crimen organizado transnacional).

Como se puede apreciar, las prioridades son tan abarcadoras que le permiten a los EE.UU. proyectar su poder contra cualquier país del mundo cuando lo consideren su enemigo, pretextando alguna de estas prioridades, a la vez que pueden abstenerse de hacerlo si resulta un socio que responde a los intereses estadounidense. Tal dicotomía se observa en la propia Estrategia en un mismo párrafo: “En general, hemos profundizado nuestra alianza estratégica con Colombia, que constituye un importante colaborador para la paz y la seguridad internacionales. Igualmente, estamos con los ciudadanos de aquellos países donde el pleno ejercicio de la democracia está en riesgo, como Venezuela”.

Colombia, país que lleva más de medio siglo inmerso en un cruento conflicto armado, con decenas de miles de muertos y más de 70 mil desaparecidos, donde con frecuencia salen a la luz escandalosas fosas comunes en que yacen los asesinados, en el que prominentes figuras gubernamentales han estado involucradas con el crimen organizado, “constituye un importante colaborador para la paz y la seguridad internacionales”, mientras Venezuela y otros países cuyo nombre no se dice, pero no hay que ser muy avezado en estos asuntos para comprender cuales son, según las concepciones estadounidenses, ponen en riesgo “el pleno ejercicio de la democracia” y por tanto, EE.UU.: “el líder” tiene que ayudar a sus pueblos a restaurar la democracia (entiéndase: apoyar la oposición, provocar desórdenes, violencia, dificultades económicas , para desestabilizar y finalmente  derribar a sus gobiernos e instaurar uno que sirva a los intereses estadounidenses). Sin duda, el nombre explícito de Venezuela y la aseveración que se hace al respecto en este documento, significan que el gobierno de los EE.UU. no oculta que contra ese hermano país de Nuestra América enfila los esfuerzos principales de su “Poder Inteligente” en la región. El gobierno venezolano no lo ignora, por lo que el presidente Nicolás Maduro de inmediato rechazó tal mención a Venezuela y el Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores  lo hizo de manera oficial en un Comunicado donde plantea: “El pueblo soberano de Venezuela, digno heredero de El Libertador Simón Bolívar, es el único legitimado para calificar su sistema democrático y lo ha hecho legal y repetidamente en los últimos 16 años, ante los ojos de todo el mundo, depositando su confianza en los resultados de 19 procesos electorales, así como en las profundas transformaciones sociales enmarcadas en su Constitución.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela exige al Gobierno de los Estados Unidos de América no interferir en nuestros asuntos internos y respetar el sistema constitucional que el pueblo soberano de Venezuela ha construido en paz, libertad e independencia”.5

Como es conocido, no pocas veces los EE.UU. han actuado contra países, incluyendo acciones militares, argumentando que los estadounidenses que están en ese país corren peligro. Sin embargo, ahora mismo le niegan a Rusia el derecho a defender a los millones de rusos que en Ucrania han sido víctimas de un gobierno de corte fascista instaurado en el poder con el apoyo de los EE.UU.

Irak es el mejor ejemplo de cómo los EE.UU. pueden, bajo el pretexto de la tenencia de armas de destrucción masiva, desatar una cruel guerra con el objetivo de ocupar una posición geoestratégica importante y apoderarse de recursos imprescindibles para garantizar la “seguridad energética” de su gran industria. Ya el mundo conoce que no existían tales armas de destrucción masiva, pero Irak fue ocupado por tropas extranjeras, un millón de iraquíes pagaron con sus vidas la falsa acusación y su pueblo, dividido más que nunca y enfrentado entre facciones rivales, sigue pagando el costo de esa agresión. El Estado Islámico es hijo de esa guerra.

Cualquier Estado que no responda a las concepciones  estadounidenses de democracia y derechos humanos puede ser considerado un “Estado fallido” y por tanto, una de las principales amenazas a la seguridad nacional de los EE.UU.

El país que más ha entorpecido un tratado internacional que establezca compromisos obligatorios para reducir los efectos del cambio climático, el que más toneladas de gases de efecto invernadero lanza al espacio, el que más empresas tiene dispersas por todo el mundo dañando el medio ambiente, ahora plantea como amenaza a su seguridad nacional los efectos del cambio climático y asegura, sin escrúpulo alguno, que “EE.UU. lidera los esfuerzos dentro del país y con la comunidad internacional para enfrentar ese desafío”. Sin duda, el daño que causa al medio ambiente puede ser un pretexto perfecto para “torcerle el brazo” a cualquier país con una economía emergente que por su desarrollo pueda hacer competencia en cierta medida a la economía estadounidense o a otras esferas de su poder. (La frase “torcer el brazo”  fue empleada por Barack Obama en entrevista para el portal Vox el 11 de febrero de 2015, cuando aseveró: “Tenemos el Ejército más fuerte del mundo y en ocasiones tenemos que torcer el brazo a los países si no quieren hacer lo que queremos a través de métodos económicos, diplomáticos y a veces militares”). Obsérvese que Obama no oculta que los demás países tienen que hacer lo que EE.UU. quiere que hagan.

Para enfrentar las prioridades señaladas anteriormente la administración Obama apuesta por el “Poder Inteligente” (Smart power), que consiste en una combinación del “Poder Duro” (Hard power) cuyos componentes fundamentales  son el poder militar y el poder económico con el “Poder Suave” o “Poder Blando” (Soft power) cuyo teórico fundamental es el profesor estadounidense de relaciones internacionales Joseph Samuel Nye, quien ha ocupado importantes cargos gubernamentales en los EE.UU. Su teoría pudiera sintetizarse, empleando sus propias palabras, en “lograr que otros ambicionen lo que uno ambiciona”. “Un país puede obtener los resultados que desea porque otros países quieran seguir su estela, admirando sus valores, emulando su ejemplo, aspirando a su nivel de prosperidad y apertura”6. “Hoy, la principal fuente de poder en los asuntos internacionales puede encontrarse en persuadir a otras naciones a que consideren como propios nuestros intereses”. “Si yo consigo que tú quieras hacer lo que yo quiero, entonces no tengo que obligarte a hacer lo que tú no quieres hacer”. “un aspecto importante del poder es la capacidad para estructurar una situación de manera que otras naciones desarrollen preferencias o definan sus intereses con los de la nación estructurante. Este poder tiende a surgir de la atracción cultural e ideológica y también de los reglamentos e instituciones de regímenes tradicionales.”7«Cuando puedes conseguir que otros admiren tus ideales y que quieran lo que tú quieres,  no  tienes  que  gastar  mucho  en  palos  y  zanahorias  para  moverlos  en  tu dirección. La seducción es siempre más efectiva que la coerción, y muchos valores como la democracia, los derechos humanos y las oportunidades individuales son profundamente seductores.»8

En correspondencia con la concepción del “Poder Inteligente”, el documento de la Casa Blanca plantea: “…una estrategia de seguridad inteligente no descansa solamente en el poderío militar”. “…el excepcionalismo estadounidense no se basa únicamente en la fuerza de nuestras armas o de nuestra economía. Por encima de todo, es el producto de nuestros valores fundamentales, incluyendo el Estado de Derecho y los derechos universales, así como el valor, el talento y la diversidad del pueblo estadounidense”. “Vamos a liderar con todos los instrumentos de poder de EE.UU. Nuestra influencia es mayor cuando combinamos todas nuestras ventajas estratégicas. Nuestras Fuerzas Armadas se mantendrán listas para defender nuestros intereses nacionales permanentes, a la par que constituirán un impulso esencial para nuestra diplomacia”.

El mito de la “excepcionalidad” estadounidense, la concepción de que sus valores tienen que ser impuestos al resto del mundo porque son los verdaderos valores universales (“Los valores estadounidenses son el reflejo de los valores universales que defendemos en todo el mundo” dice en una de sus partes el documento) y la “Diplomacia de las cañoneras” son tres elementos presentes en las anteriores citas, intrínsecamente vinculados al “Poder Inteligente”

Al Imperio no le satisface aún, que más del 40% de los gastos militares de todo el mundo pertenezcan a su país e intenta continuar elevándolos, por lo que Obama al presentar la Estrategia asegura: “Seguiré insistiendo en los presupuestos que salvaguardan nuestra fuerza, y trabajaré con el Congreso para poner fin al recorte presupuestario, que socava nuestra seguridad nacional.”

En línea con la concepción de Nye arriba citada de que “muchos valores como la democracia, los derechos humanos y las oportunidades individuales son profundamente seductores” la Estrategia de Obama plantea que: “La defensa de la democracia y los derechos humanos… nos alinea con las aspiraciones de la gente común en todo el mundo. Conocemos por nuestra propia historia que los pueblos deben conducir sus propias luchas por la libertad si quieren tener éxito. Sin embargo, EE.UU. está exclusivamente posicionado, y generalmente destinado, a apoyar los cambios democráticos pacíficos”.

Una vez más los EE.UU. se autodefinen como la nación excepcional, la exclusiva, la indispensable, la única, la designada por la Providencia para cumplir con su “Destino Manifiesto”. Solamente aquellos mal intencionados, más que los incautos, al leer el párrafo anterior se negarán a aceptar que los EE.UU. manipulan los derechos humanos y la democracia en función de sus propios intereses.

Quien lea la Circular de Entrenamiento 18-01 de las Fuerzas de Operaciones Especiales norteamericanas, publicada en noviembre de 20109, o más recientemente, La Publicación Técnica del Ejército 3-05.1 (ATP 3-05.1) de septiembre de 201310, relativas a la Guerra No Convencional (GNC), fácilmente comprenderá que el apoyo de los EE.UU. a los “cambios democráticos pacíficos”, para que los pueblos conduzcan “sus propias luchas por la libertad” es la esencia de la Guerra No Convencional: se trata, pues, de utilizar a los naturales de un país cuyo gobierno no responde a los intereses de los EE.UU. para, con el apoyo estadounidense, doblegarlo y si ello no es posible, derrocarlo e instaurar otro sumiso al Imperio.  Los naturales del país objetivo ponen los muertos y los EE.UU.  sin grades sacrificios, recogen los frutos.

* Profesor Asistente. Departamento de Preparación para la Defensa. Universidad de Matanzas.

Referencias:

1. http://www.cubadefensa.cu/sites/default/files/estrategia_sn_eeuu_esp.pdf

2. Simón Bolívar. Documentos. Casa: colección de literatura latinoamericana. La Habana. 2005. Pág. 315.

3. Revisión Cuadrienal de Defensa 2014. Departamento de Defensa de los EE.UU. www.cubadefensa.cu/sites/default/files/circular_revision_cuadrienal.pdf

4. http://laiguana.tv/articulos/6329-obama-reconoce-ee-uu-creo-estado-islamico-invasion-irak

5. República Bolivariana de Venezuela, Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores. Comunicado. http://www.mre.gov.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=39598:2015-02-09-14-51-30&catid=3:comunicados&Itemid=108

6. Joseph Nye citado por Manuel R. Torres Soriano. El poder blando:¿una alternativa a la fuerza militar? Política y Estrategia, Nº 100, 2005.España.

http://www.upo.es/export/portal/com/bin/portal/upo/profesores/mrtorsor/profesor/1214213043213_el_poder_blando._una_alternativa_a_la_fuerza_militar.pdf

7. Joseph Nye citado por José Martín Brocos Fernández. “Soft Power” como estrategia de dominio e imposición cultural. Revista Arbil No.100. http://www.arbil.org/arbil100.htm

8. Joseph Nye. Prefacio y Capítulo5 “El poder blando y la política exterior americana”. Relaciones Internacionales, núm. 14, junio de 2010. www.relacionesinternacionales.info

9. Estado Mayor del Ejército de los EE.UU. Circular de Entrenamiento         No. 18-01. Washington, DC, 30 de noviembre de 2010: “La Guerra No Convencional de las Fuerzas Especiales”.

 http://www.cubadefensa.cu/sites/default/files/circular_TC1801.pdf

10. ATP 3-05.1. Estado Mayor, Departamento del Ejército, Washington, DC, 6 de septiembre de 2013.

www.cubadefensa.cu/sites/default/files/atp_3-05.1_gnc_esp.pdf

11. Intervención de la delegación de Cuba en el diálogo sobre “Responsabilidad de Proteger”. Nueva York. 8 de septiembre de 2014.

http://www.cubadiplomatica.cu/onu/ES/DiscursosenONU/EnComisionesPrincipales/3raAsuntosSocialesHumanitariosyCulturales/A%C3%B1o2014/3raC14responsabilidaddeproteger8sep.aspx

12. Discurso del Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado USA, Jesse Helms, en la audiencia sobre “La Ley de Protección para los Soldados estadounidenses”. 14 de junio de 2000.

 www.derechos.org/nizkor/impu/tpi/helms3.html

13. RT. 14 de diciembre de 2014.

 http://actualidad.rt.com/themes/view/45647-Recesi%C3%B3n-en-EE.UU.

14. José Martí. Obras Escogidas en tres tomos. T-III. Pág. 604.

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