Importancia estratégica de la unidad de todos los cubanos, para la perdurabilidad histórica de la Revolución Socialista en Cuba.

Por el Dr. C. Alfonso Alonso Fránquiz

¨No descuidaremos ni un instante,

 la unidad de la mayoría de los cubano

 en torno al partido y a la Revolución” (Castro, Raúl. 2011).

INTRODUCCIÓN:

Toda nuestra historia está relacionada con el proceso de gestación de la nacionalidad, la nación y su posterior desarrollo. Está también estrechamente vinculada a las luchas por la independencia  de Cuba primero del dominio colonial español y después, de la dominación neo-colonial e imperial de los EEUU.

Actualmente continúa perdurando la disyuntiva histórica entre la independencia de una nación vs la dominación global de la potencias hegemónicas. Para nuestro país la interrelación entre independencia, revolución y socialismo tiene un carácter estratégico frente a los voraces apetitos geopolíticos del imperialismo.

La Unidad nacional no puede dejar de ser un tema recurrente en los análisis sobre cualquiera de los hechos y fenómenos históricos que han tenido lugar en nuestra patria. Ella  se  constituyó en un factor indispensable para que nuestro pueblo alcanzara los propósitos independentistas y de justicia social, a lo largo de su historia.

Debemos significar que, a pesar de conocer la importancia estratégica de la unidad, y de que la conciencia popular la recepcione  como uno de sus saberes fundamentales y para ello lo exprese en aforismos como: ¨en la unidad está la fuerza¨; ¨juntos venceremos¨; ¨si nos dividen nos vencerán¨ y otros muchos; lo cierto es que factores de índole objetivo y subjetivo han frustrado , en ocasiones, la tan deseada y necesaria unidad de un pueblo, de un movimiento revolucionario, o de  una integración de países por sólo citar tres elementos.

Son múltiples los factores que intervienen en el surgimiento y desarrollo de la Unidad como fenómeno, proceso o acontecimiento social y vista en su carácter nacional. También es cierto que los grados de complejidad de las diversas dimensiones, en que la unidad se contextualiza en la sociedad, determinan las causas objetivas de su éxito o fracaso.

Otro tanto ocurre cuando son los factores subjetivos los que protagonizan la viabilidad exitosa o no de la unidad nacional pues, el grado de madurez, cohesión ideológica y de objetivos de las fuerzas que actúan como sujetos  de la dirección de estos procesos o fenómenos, son capaces de impulsar transformaciones sociales capitales, demandadas por el devenir histórico,  con la participación de grandes masas humanas –un mar de pueblo, para decirlo con una expresión literaria- y son los que,  en heroicos desafíos, van tejiendo la historia de la patria.

El objetivo general del trabajo consiste en: Revelar la importancia de la unidad nacional y social de los cubanos para sostener la perdurabilidad histórica de la revolución ante los desafíos internos y externos que la acechan.

DESARROLLO:

Es conocido que todo lo concerniente a la unidad nacional, por su carácter social, está enmarcado en cada una de las esferas, dimensiones o proyectos y modos de actuación de los hombres en uno u otro contexto histórico-concreto, en los cuales –en última instancia- las condiciones materiales de existencia y el modo de producción y de reproducción de esta constituyen la base sobre la que se erige la dinámica principal de los acontecimientos, que tienen lugar en una dimensión o esfera de la superestructura de la sociedad. El carácter  de esta determinación nos proporciona un fundamento científico-metodológico esencial para escoger las herramientas teóricas que nos permitan el análisis del concepto unidad.

Se impone entonces responder la siguiente interrogante: ¿De qué unidad se trata aquí? Se trata de la Unidad Nacional y Social de los hombres. Es la unidad de objetivos, de propósitos comunes de carácter familiar, e inter-personal en la vida cotidiana; de la comunión de proyectos de niños, jóvenes o adultos; del marco estudiantil, laboral o territorial-comunitario; con causas socio-políticas, culturales, morales o científico-técnicas, presididas por anhelos de justicia, libertad y desarrollo de un  pueblo. Y todos ellos respondiendo a intereses diversos, entre los cuales los clasistas desempeñan un preponderante papel.

Se trata también de la unidad en torno a los íconos paradigmáticos y fundacionales de uno u otro pueblo, entre los que descollan: La Patria, la Libertad, la Independencia, la Identidad Nacional y Cultural, la Ética, la Justicia Social y el Orgullo Nacional.

 Y en el caso de la unidad socio-política, esta debe ser vista como la unidad que un pueblo  forja, desarrolla,  fortalece,  cuida y  nutre constantemente; desde la experiencia vital  que lo ha acompañado a lo largo de su proceso histórico. Al mismo tiempo, la unidad no existe separada de su antítesis; de su polaridad conceptual, de aquella  que nos la presenta como dos polos antitéticos de una misma contradicción, los cuales se presuponen y excluyen mutuamente.

Tales son los casos en que la unidad nacional y la desunión o división conviven en hechos y procesos sociales en la historia de un país. El carácter de este binomio contradictorio –unidad y desunión-  puede tener causas objetivas o subjetivas pero, casi siempre, obedece a una mezcla de ambas.

Dos grandes etapas han marcado su impronta en el proceso de edificación del socialismo cubano. Esto obedece a la necesidad de dejar argumentado  que la transición al socialismo no es tarea de una sola generación; ni tampoco se logra en un corto periodo de tiempo, al contrario, tal como dejó establecido Lenin: la edificación del socialismo comprende un largo periodo, y es el fruto del esfuerzo de varias generaciones de abnegados trabajadores y del  pueblo en general y que, junto con los esfuerzos y  los sacrificios, estos también tienen que enfrentar las sucesivas agresiones del imperialismo, que no se resigna a perder su hegemonía internacional de clase y es por ello que apoya y organiza a la contrarrevolución interna. (Lenin V. Illich 1973).

El juicio anterior avala que, en los primeros  años de la revolución cubana, y en medio de la aguda lucha de clases que aconteció en dicho periodo, se fueron decantando las posiciones individuales y colectivas en relación con la toma de partido a favor o en contra de las transformaciones revolucionarias que se iban gestando. Cada vez más el pueblo cubano se sentía dueño del país y protagonista de los profundos cambios para acabar con la explotación de clase, las injusticias sociales, – heridas  que penetraron profundamente el tejido social cubano y dejando huellas en la psiquis del pueblo, en su cultura, modo de actuación y en la identidad nacional- más la falta de oportunidades para el desarrollo pleno de todas las capacidades de mujeres y hombres, quienes  primero tuvieron que aprender a leer y a escribir, para después continuar insertándose en las múltiples opciones de desarrollo que la revolución fue creando.

Así se llega al punto en que, desde etapa tan temprana como el 30 de Junio de 1961, en un salón de la biblioteca nacional José Martí, el comandante en jefe, reunido con una numerosa representación de nuestra intelectualidad, dejó establecido el carácter y los límites de extensión en que se puede y debe mover siempre quien ame a la patria, al pueblo, a la justicia social, al derecho a construir una vida sin explotadores ni explotados, donde todos, en igualdad de condiciones podamos cultivar todas nuestras potencialidades. Dijo Fidel Castro entonces: A FAVOR DE LA REVOLUCIÓN TODO, EN CONTRA DE LA REVOLUCIÓN Y EL PUEBLO NADA.

Este principio jamás podrá contradecir que se desarrolle toda la diversidad posible, individual y colectiva y la importancia que tienen las opiniones de todos acerca de cómo desarrollar la compleja tarea de edificar la nueva sociedad.    Tampoco podrá  omitir los errores cometidos en esos primeros años de revolución en la instrumentación de la democracia socialista y  en la política cultural de la revolución, sobre todo con intelectuales de la generación que se había formado en los tiempos del capitalismo y veían con reticencia la profundización ideológica de la revolución.

Al respecto el Che apuntó: que el pecado original es que no eran auténticamente revolucionarios.(Che, 1965). Paulatinamente estos errores fueron corrigiéndose y la intelectualidad cubana se fue nutriendo de nuevos exponentes, frutos de la obra educacional y cultural de la revolución.

Cuba, isla mayor de las Antillas, ubicada en el Mar Caribe con una población de unos 6 millones de habitantes en 1959, subdesarrollada, monoproductora y monoexportadora de azúcar, sin grandes recursos naturales, ni energéticos, ni hídricos, ni grandes minas de metales preciosos, ni uranio, ni diamantes ni grandes reservas madereras etcétera,   y dependiente tecnológicamente de los EE: UU; isla que tenía además,  una población con casi un 40% de analfabetos e índices de subescolarización alarmantes, entre otros muchos factores adversos; comienza, desde este punto de partida, la 1ra experiencia histórica en América Latina de construcción del Socialismo. Se imponía entonces preguntarse: ¿Cómo hacerlo? ¿De qué experiencias históricas precedentes tomar ejemplo? ¿Cómo adaptar a las condiciones de nuestro país la teoría y la praxis? (Castro Fidel, 1975).

Estas y muchas otras interrogantes estuvieron y aún hoy algunas de ellas están presentes en nuestra realidad edificadora. Por razones de espacio y por la naturaleza del tema no es posible  adentrarse más en la enorme riqueza de ideas y posiciones que estuvieron presentes en las discusiones y análisis de las mejores opciones para emprender la senda de la construcción socialista en nuestra patria. Memorables intervenciones del comandante en jefe, del Che, de Carlos Rafael Rodríguez, de Blas Roca, Raúl Castro, Raúl Roa, Osvaldo Dorticós, Armando Hart, entre otros,  han quedado para nutrir la cultura política de los cubanos. (Che Guevara, 1963).

Es conocido que a mediados de los años 70 Cuba estaba ya insertada en el sistema de relaciones económicas, políticas, científico-técnica, culturales, etcétera propias de la división internacional socialista del trabajo. También tuvo lugar entonces el proceso de institucionalización del país con la aprobación de la Constitución Socialista, la organización del sistema de gobierno del Poder Popular y la nueva división político-administrativa en 14 provincias y el municipio especial de la Isla de la Juventud. Se apostaba entonces por una estrategia de desarrollo como un país agro-industrial, inmersos en el llamado Sistema Socialista Mundial.

Muchos fueron los logros que se alcanzaron, a pesar de errores y tendencias negativas que fueron detectadas a mediados de los años 80 y se comenzaban a superar cuando sobrevino el derrumbe abrupto del llamado Campo Socialista  en 1989 y la descomposición de la URSS entre 1990 y 1991, en que se  fuera ¨a bolina” mucho del camino recorrido.

Sin financiamiento, sin materias primas seguras, ni mercados para los productos cubanos, y un descenso de casi el 35% del PIB,  introdujeron al país en una aguda crisis económica, que se conoce como el periodo especial. Nadie como el pueblo cubano ha resistido un golpe tan colosal. ¿Qué hizo entonces el imperialismo? ¿Acaso le tendió a Cuba una mano solidaria?

Estados Unidos recrudeció las acciones del bloqueo económico financiero contra Cuba, y jamás mostró interés de ayuda alguna. No lo había hecho nunca, y tampoco, esta vez, estaba dispuesto a hacerlo.  La causa de ése irracional, anacrónico y genocida comportamiento (pese a los votos de más del 95% de la comunidad internacional, en la ONU, para que interrumpiera esa política: La esencia  explotadora del Imperialismo y la voluntad hegemónica de sus gobiernos no le permitió  -por más de 50 años- tenderle a Cuba, mano solidaria alguna. (Obama, Barack 2014). Y le quiso imponer un cerco político y mediático, apostando a que jamás podría resistir ambos golpes. (Fernández, Cristina 2015)

A lo anterior se añade el incisivo reflujo desarticulador sufrido por las fuerzas de izquierda a escala internacional, y por  la teoría Marxista-Leninista en particular. Parecía entonces que de tan anonadante golpe contrarrevolucionario Cuba no podría sobreponerse  -mucho menos si la resistencia  llegaba de una pequeña isla ubicada en el espacio geo-político de la superpotencia que se presentaba vencedora en la guerra fría y líder del llamado mundo unipolar.

Sólo la unidad en la resistencia, y la conciencia política alcanzada por nuestro pueblo, en torno la obra material y espiritual que ya poseía -con  énfasis en la formación del Capital humano-,  además de la unidad en torno a la dirección de la revolución y el Partido constituyeron factores esenciales para que los cubanos proclamaran que no se traicionaría la gloria vivida, ni se entregaría la revolución que tanta sangre y sacrificio le había costado.

 En 1991, el 4to Congreso del PCC, y sobre todo el  masivo proceso de discusiones previas,  trazó el curso de los años de resistencia y de reorientación de la estrategia del país para vencer la titánica prueba y cuyos cambios sociopolíticos quedaron reflejados en la Constitución de la República en julio de 1992. No puede decirse que todo fue cabalmente cumplido y que –tal como pasara en no pocas ocasiones-, hubo retrasos y acuerdos que no fueron materializados.  No obstante este congreso cumplió, a grosso modo, su papel de brújula estratégica para la resistencia, desde el fortalecimiento de la unidad nacional.

El congreso de la unidad, como se le conoce, reparó además, la innecesaria prohibición en relación con el acceso de los creyentes al PCC. Se potenciaba así la unidad estratégica entre la doctrina y el pensamiento revolucionario con relación a la fe, la institución religiosa y los creyentes, lo cual tiene sus raíces en los fundamentos mismos de la nación cubana, la que afirma su carácter laico como principio irrenunciable de la unión de la espiritualidad con la Patria. (Castro, Raúl. 2011).

Con enormes cuotas de sacrificio y esfuerzo creador, en medio de  carencias materiales de todo tipo, el país fue recuperándose lentamente, al tiempo que fue necesario tomar un grupo de medidas que eran vitales para la sobrevivencia de la revolución, vista es última como el todo más preciado, y conociendo de antemano las consecuencias negativas que provocarían algunas de ellas en nuestra sociedad.

Fue imprescindible pasar a la mayor centralización posible de los recursos, al acelerado desarrollo del turismo, a la implantación de la doble moneda, al redimensionamiento empresarial, al uso indispensable de los combustibles y de todo el parque mecanizado, ir al uso masivo de las bicicletas como alternativa de transportación, entre muchas otras decisiones.

Un año después se lleva a cabo la reforma constitucional cubana de 1992, la cual fue vista por muchos como una nueva concepción del socialismo distinta a la recogida por la Ley Fundamental de 1976, pues el texto permite el desarrollo de nuevos principios democráticos; y lo fundamental a juicio de este autor fue que se aprobó que el socialismo era una decisión soberana e irreversible del pueblo cubano. (Constitución de la República, 2002).

Fue trazado un nuevo curso de desarrollo, ahora basado en una economía de los servicios, donde la formación y uso de capital humano en ramas de alto valor social y humano, como la salud pública y la educación, así como el desarrollo de los llamados polo científicos para el logro de planes de Investigaciones + desarrollo + innovaciones tecnológicas en áreas esenciales de la biotecnología y la ingeniería genética, fundamentalmente; y también con la explotación acelerada de la infraestructura turística que fuimos creando.

Cambios en la Sociedad Cubana (década de los 90 hasta la actualidad).

No puede dejar de analizarse el papel que le impregna a la unidad social y nacional la dinámica de los cambios internos que, a lo largo de un periodo histórico, sufre la estructura y composición social de cada país. Es por ello que merita una reflexión, el hecho de que cerca del 77% de  la población actual de Cuba haya nacido después del triunfo de la revolución el 1ro de enero de 1959 y que la composición de edades refleje un importante crecimiento en los segmentos comprendidos entre uno y veinticinco años; correspondiéndole al segmento poblacional de más de sesenta años el segundo lugar en el comportamiento de dicha dinámica hacia su crecimiento.

Esto refleja dos elementos a considerar: Primero, que la mortalidad infantil en el primer año de vida, por cada mil nacidos, es muy baja, alcanzando ya menos de 5  (al nivel de los países más desarrollados), y segundo que la expectativa de vida en Cuba se eleva ya está por encima de 78 años promedio, produciéndose un envejecimiento progresivo de la población, que se acentúan aún más por la baja tasa de nacimientos, lo cual gravitará  desfavorablemente en la fuerza laboral activa, en los próximos años.

Otro cambio sustancial lo constituye la estructura socio clasista actual del  país. Es conocido que Cuba está emergiendo del periodo especial con una composición social mucho más estratificada y compleja, a partir de los cambios demográficos ya esbozados y, fruto además, de la aparición de diferencias económicas derivadas algunas de las medidas que tomadas durante la crisis económica, para salvar los programas sociales de la revolución y la funcionalidad de la economía.

Este grado de complejidad social  conduce al análisis acerca de las diferencias que existe en cuanto a la comprensión y recepción de la realidad nacional.  Y la particular incidencia en los jóvenes, enfatizando que es en ellos donde debe centrarse el trabajo de educación político-ideológica, con profunda raíz en la historia de Cuba.

Cambios en las representaciones sociales que asumen los individuos y los demás componentes colectivos (plurales) en los cuales se destacan la familia, la escuela y el universo laboral. La complejidad de los cambios que tienen lugar en todas las dimensiones sociales de la sociedad cubana en la actualidad, presupone un intenso reacomodo de las representaciones que de ellas tienen los sujetos-actores de los mismos (a todos alcanza –no por igual- sean entes “pasivos” o “proactivos”) que manifiestan o no confianza en dichos cambios y que avalan el proyecto de construcción socialista cubano, pese a críticas e inconformidades con los ritmos del proceso de cambio; con los errores y actitudes negativas de los sujetos-decisores

También se  presenta aquí cambios en el mosaico de creencias religiosas que componen la sociedad cubana actual y las relaciones ecuménicas entre estas. La visita del Papa Benedicto XVI a Cuba puso a prueba la unidad y la cultura de nuestro pueblo, creyente o no. Algo superior deberá ocurrir en septiembre/2015 con la visita del Papa Francisco.

Todo lo anteriormente expresado determina que, pese a las impaciencias lógicas por “dejar atrás” las carencias, acortar las diferencias sociales y las brechas estructurales que trajera consigo la aguda crisis económica del periodo especial, tampoco debe dársele espacio a la premura, la improvisación y la ocurrencia de costosos errores. Como ha expresado el General de Ejército Raúl Castro: Cuba debe avanzar sin prisa pero sin pausas. Y evitar cometer costosos errores. (Castro Raúl, 2012).

El cambio institucional y jurídico de la sociedad cubana adquiere singular preeminencia cuando el  presidente cubano ha situado el fortalecimiento de la institucionalidad  política del país como una prioridad del mismo nivel que la producción de alimentos. Ello presupone un compromiso democrático de primer orden: la economía no está primero que la política, ni la política está por encima de la ley. Principio que todos deben cumplir sin ningún tipo de complejos ideológicos.

Raúl Castro enfatiza que, en Cuba nadie puede estar por encima del rigor de la ley, y que el temor a la utilización de nuevas fórmulas democráticas es un prejuicio opuesto al discurso revolucionario, al tiempo a que convoca a ejercer la crítica y la autocrítica y el ejercicio del criterio personal.(Castro, Raúl2011).

En el plano individual, el cambio en la recepción de la unidad social –en estos últimos 25 años- pasa por el desempeño patriótico, político y social comprometido con la revolución y su enorme carga de eticidad, basada en los mejores valores cultivados por nuestra sociedad.

Es necesario que cada persona, con independencia de edad, género, tipo de vínculo laboral, status familiar, etcétera, se proponga elevar su contribución a la sociedad y se plantee mejorar integralmente su conducta, en todos los planos en que esta última se manifiesta; en resumen, es necesario que cada cubano se proponga ser mejor hijo, mejor hermano, mejor padre, amigo, compañero de trabajo, y que esto se exprese también no sólo en el marco familiar, laboral y de las relaciones interpersonales, sino que abarque todas las dimensiones del comportamiento social.

El trabajo con la juventud cubana actual.

En virtud de lo anterior, el mejor método para avanzar consiste en ir conquistando metas concretas de unidad cívica, moral, laborales y socio-políticas, para beneficio de todos. Ello se constituirá en un excelente antídoto frente a las tendencias y rasgos negativos de indisciplinas y comportamientos contrarios a los valores, sobre todo en las nuevas generaciones.

Es de suma importancia que se concientice el extraordinario papel histórico jugado por cada generación de jóvenes, a lo largo de nuestra historia. Los ejemplos brotan por doquier. Ellos son el mentís más rotundo a la consabida frase de que la ¨juventud está perdida¨, y que en unos años se verá comprometido el relevo natural de generaciones de revolucionarios cubanos, para darle continuidad a la obra de la generación fundacional.

La juventud cubana es depositaria de las tradiciones de lucha de su pueblo, aún cuando es cierto que los jóvenes de hoy se parecen a su tiempo, tanto como los de otras generaciones se parecieron al suyo. Por esta razón es un error pretender ver, en el comportamiento y las modas actuales de los  jóvenes, la negación absoluta y hasta degenerativa con relación a la juventud de etapas pasadas.

Toda la información posible y un diálogo franco y abierto, en cada comunidad, centro de estudio, de trabajo, en el seno de las organizaciones sociales y de masas, por los medios masivos de comunicación, y una esmerada atención individual a cada uno de ellos son las vías y métodos para que el protagonismo actual de nuestra juventud se multiplique. No puede olvidarse que sobre ella cifra el imperialismo sus mayores esperanzas de subvertir, en el futuro la base popular de la revolución. (Castro, Raúl 2012).

Sólo se puede trabajar por la formación unitaria del pueblo si se conocen las inquietudes de los jóvenes, si se ensanchan los espacios de reflexión y debate, y si son convocados para que estén a la altura de los retos que los cambios que el mundo actual les impone. Ellos son la garantía de la continuidad histórica del socialismo cubano, porque ¨la arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud en ella depositamos nuestras esperanzas y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera¨. (Che, Guevara 1965).

Hoy contamos con el refuerzo estratégico que supone el retorno de Los Cinco, -jóvenes combatientes contra el terrorismo que tantas víctimas costó al pueblo cubano en estos años de revolución victoriosa- que son dignos herederos de las tradiciones de lucha de la juventud cubana y el pueblo los reconoce como héroes.

Algunos retos y tareas estratégicas que los sujetos decisores (cuadros de dirección) han de asumir, para el fortalecimiento continuo de la unidad nacional y social del pueblo cubano, en defensa de la patria y la continuidad histórica de la revolución y la edificación del socialismo.

El primero: Está intrínsecamente relacionado con la decisión de continuar la construcción socialista asumiendo los cambios que, en el siglo XXI, están dictando una compleja praxis social donde los avances científico tecnológicos; el papel de los medios de comunicación social; las redes sociales y de opinión en el Ciberespacio; la globalización hegemónica de las Élite de Poder (grupo de los 7, FMI, Banco Mundial, entre otros) rectorados por EEUU; nuevos estallidos de guerras locales, regionales y la política gendarme del Imperialismo (ampliación del radio de acción de la OTAN, desestabilización y agresión de gobiernos constitucionales sin aprobación de la ONU –llamadas Revoluciones de Colores, Golpes Suave, etc-); el fundamentalismo y el terrorismo; las sanciones económicas como método de coacción política (Rusia, China, Irán) y la constante depredación intensiva de los recursos no renovables, que ponen en riesgo el equilibrio ecológico y la vida.

El Segundo: Continuar fortaleciendo la inserción regional de Cuba mediante una política solidaria que la ha distinguido desde inicio de los años 60 del siglo pasado. El ALBA CTP y CELAC son dos botones de muestra de los esfuerzos integracionista que vive América Latina. Perfeccionar la resistencia histórica del pueblo cubano frente a las agresiones de EEUU, donde el bloqueo económico tiene un papel descollante. El análisis del nuevo escenario estratégico creado a partir del restablecimiento y los intentos de normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos de Norteamérica.

Tercero: Elevar la eficiencia, productividad del trabajo, competitividad internacional y las inversiones extranjeras; alcanzar racionalidad y niveles de ahorro en la gestión, sustituir importaciones (y aumentar exportaciones donde sea posible), diversificar producciones y/o servicios  y sobre cumplir los planes; al tiempo que se redimensionan los OACE, los OSDE, las Uniones y los Grupos Empresariales, Empresas, UEB, etc en cuanto a métodos de gestión; plantillas laborales, objeto social, planes de producción, salario, políticas de incentivo, inversiones, etc.

Se pone de relieve que en el plano histórico la sociedad socialista es un constructo social cuyo “deber ser” tiene un carácter predictivo, desde la epistemología marxista.

Cuarto: Enfrentar la compleja estratificación social actual; la movilidad migratoria interna; los cambios demográficos; la existencia de fenómenos y tendencias que niegan los valores socialistas y prestan mayor interés a las conductas egoístas, el culto desmedido al bienestar material (dinero, bienes de consumo entre otros) y el rechazo de la propiedad social y las conductas colectivistas y solidarias.

Quinto: Lograr revertir la tendencia creciente a la desmovilización social, la apatía, la incredulidad, la falta de compromiso y de optimismo relacionados  con los avances y beneficios, actuales y futuros,  de la actualización del modelo económico y social del la revolución cubana. Ello supone trabajar más la información al pueblo, la interacción de los dirigentes con su base social –mediante la solución de sus principales problemas y demandas, dando respuestas oportunas y con argumentos convincentes, etc- y rescatar la importancia formadora y movilizativa del ejemplo personal. “El Socialismo es la ciencia del ejemplo”. (Castro Fidel 1987).

Sexto: Ponderar la creciente importancia de los avances científicos y tecnológicos para el desarrollo del país; forjar la conciencia socialista en las complejas circunstancias actuales de carencias materiales, de disímiles aprehensiones críticas de la realidad cubana y de los cambios que en ellas tienen lugar.

Ello determina que todos los sujetos del sistema político cubano, las instituciones educacionales, los centros de investigación social, junto a la familia, tengan que atender un variado calidoscopio de representaciones sociales -algunas de las cuales están signadas por la desmovilización ideológica, el culto desmedido al consumo y el modo de vida Capitalista-, que tienen sus expresiones principales en conductas como: sumisión a las banalidades de la moda, el rechazo acrítico y prejuiciado a todo producto nacional, la vulgaridad en el uso del idioma, el irrespeto a las normas de conducta ciudadanas y la ley, el aumento de vicios (ya mencionados aquí),  juegos y apuestas con fines de lucro, prostitución, violencia doméstica, abuso a menores, mujeres, ancianos y desvalidos; así como el aumento de “pedigüeños” en vías públicas de ciudades y pueblos del país.

Cierto es que no son una significativa parte de la población cubana pero sí –por muy minoritarios que puedan ser- constituyen “caldo de cultivo” de antivalores deformadores de la esencia del proyecto de sociedad socialista que proyecta un futuro con desarrollo económico, social y cultural próspero y sustentable.

Séptimo: Elevar el trabajo político ideológico y el papel de los medios que intervienen en la educación socialista del pueblo: la escuela, el trabajo, los medios de comunicación, el trabajo de las organizaciones políticas, estudiantiles y de masas, en aras del fortalecimiento de la conciencia revolucionaria, el perfeccionamiento de nuestro sistema político y electoral y la preparación del relevo generacional de la revolución. Y para lograrlo hay que continuar la informatización de la sociedad,  el acceso a INTERNET y el uso de las Redes Sociales pues son escenarios cuya importancia estratégica en la batalla por las mentes y las conciencias de las “masas” va in crescendo.

Octavo: Desarrollar más acciones de control estatal y popular (mediante la inclusión de representante de las organizaciones de masas y estudiantiles) que fortalezcan la legalidad y las acciones contra el burocratismo; el uso racional de los recursos; que velen por el respeto a los derechos de los trabajadores y, sobre todo, de los consumidores y clientes de los centros de prestación de servicios; que se le den respuestas rápidas, honestas y objetivas a las reclamaciones de la población; que se empodere más a los representantes de las organizaciones de base; que la inclusión social de todos los segmentos de la población, (por edad, género, raza, preferencia sexual, etc) se convierta en una prioridad para todos los sujetos de la dirección social y política en cada comunidad municipio y provincia. La revolución de hace a través de los hombres pero estos tienen que forjar, cada día, su espíritu revolucionario. (Che Guevara, 1965).

CONCLUSIONES:

La Unidad Nacional y Social ha permitido la permanencia y fortaleciento de la revolución cubana; también ha posibilitado enfrentar los desafíos derivados de la complejidad de las tareas edificadoras del socialismo en el hemisferio occidental, bajo la hostilidad creciente del Imperialismo Norteamericano –en complicidad con otros países, y por fuerzas contrarrevolucionarias cubanas pagadas, entrenadas y potegidas por EEUU- y un escenario mundial y regional cambiante y contradictorio.

El análisis de las tranformaciones internas de la sociedad cubana, los errores cometidos en la conducción de los procesos, las tendencias negativas entronizadas en la práxis de la construcción socialista y las políticas rectificadoras, conduce al autor a revelar los desafíos que ya enfrenta el sistema político cubano en aras de atemperar los objetivos programáticos del 6to Congreso del PCC y de su 1ra Conferencia Nacional a la dinámica de dichos cambios internos de la sociedad cubana actual, sus tendencias de desarrollo hasta el 2030, sin descuidar el mapa económico y sociopolítico regional e internacional.

Se enfatiza en la necesidad de fortalecer la investigación y divulgación de la historia patria, de la tradición de lucha y unidad del pueblo cubano y del papel de la cultura, como “escudo de la Nación”; así como el trabajo con la juventud cubana, la cual constituye un segmento social y etario, con un elevado componente estratégico-formativo, y por ser blanco priorizado de la batalla ideológica que el Imperialismo libra –con el apoyo siniestro de la tecnología de punta y los medios de comunicación- para (como expresara el Presidente B. Obama el 17-D/2014) que prevalezcan los valores que han hecho un “referente mundial” a los EEUU. Por lo tanto se concluye que el escenario del restablecimiento de relaciones diplomáticas con esta superpotencia mundial presupone que los cubanos cuiden y potencien el arma estratégica que constituye la garantía de la perdurabilidad de la revolución: la unidad nacional y social.

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