Rihanna se monta en un almendrón.

 Por  Yuris Nórido/ CubaSí

Casi toda la prensa en Cuba y buena parte de los grandes medios internacionales se hicieron eco de la visita de Rihanna. La cantante barbadense vino para hacer una sesión de fotos con la gran Annie Leibovitz.

Bien mirado, más importante, más contundente, más relevante para la cultura universal es la obra de la fotógrafa Annie Leibovitz que toda la discografía de Rihanna. Pero aquí casi nadie conoce a Leibovitz y todo el mundo por lo menos ha escuchado hablar de Rihanna.

Esas son las reglas del juego, te gusten o no te gusten. Eso lo sabe Rihanna y lo sabe Annie Leibovitz. Si Annie Leibovitz, medio despeinada y sin maquillaje, camina por el Prado a las once de la mañana, nadie se va a detener a fotografiarla. Pensarán que es una turista más, una turista cualquiera.

Pero Rihanna es otra cosa. Rihanna hace videos clips. Vende discos. Está en la televisión, en nuestra televisión. Está en el paquete. Está en las portadas de las revistas “de afuera” que puedes hojear mientras esperas el turno para que te corten el cabello.

Rihanna es una estrella. Es más: es una estrella estadounidense, aunque haya nacido en Barbados. Es un referente universal, gracias al gran aparato promocional de la cultura de masas.

Desde el punto de vista comercial, Rihanna es una marca. Como McDonald’s. Como Coca Cola. Mueve millones.

Obviamente, si Rihanna se pasea por La Habana va a causar conmoción. No todos los días uno puede tocar a un ícono universal. Y digan lo que digan ciertos voceros, Cuba no está de espaldas al mundo. Aquí desde hace mucho tiempo que conocemos a Madonna.

En cantar, lo que es cantar, Rihanna no es de las mejores. Convengamos en que canta correctamente. Bailando tampoco es que deje a nadie boquiabierto. Estoy seguro de que muchas de las bailarinas que le hacen coro en sus presentaciones son mejores bailarinas que ella. Convengamos en que baila correctamente. Convengamos, de paso, en que es muy linda. Pero tan lindas o más lindas que ella también las hay por ahí.

Rihanna es un conjunto. Funciona. Como funciona un producto. Exactamente, como un producto. Rihanna es un producto. Sin ofender. Para ser un buen producto también hace falta talento y carisma.

A juzgar por su comportamiento en La Habana, por la manera en que rompió los protocolos de seguridad y se mezcló con la gente, Rihanna tiene don de gentes. Es simpática, sabe como caer bien.

Y es buena posando para las fotografías. Ha sido portada de las más glamorosas revistas en el mundo. Aunque bueno, en ese ámbito tan importante como la modelo es el fotógrafo. Yo les aseguro que Annie Leibovitz me hace lucir muy bien a mí.

Eso es todo. Nadie debe asombrarse por la reacción del público, del ajetreo y las multitudes a su paso. Pero espero que nadie se escandalice cuando yo diga que en esta ciudad tiene que haber unas cuantas mujeres que cantan mejor que Rihanna, que bailan mejor que Rihanna y que son hasta más fotogénicas que Rihanna.

No quiero echar un jarro de agua fría. Todos los aplausos del mundo para la estrella. Pero al César lo que es del César. Ojalá que todos los que vitorean a Rihanna tuvieran bien claro que hay mundo más allá de Hollywood, Los Ángeles y Nueva York.

Está claro que Rihanna no va a poner en crisis la cultura cubana. Ni ella, ni todas las que vengan detrás de ella. Aunque sí es posible que algunos incluyan a la estrellas como Rihanna en sus planes de minar “la identidad nacional”.

Pero sí convendría tener las cosas bien claras: Rihanna es sencillamente una cantante famosa que nos visita. Una entre tantas que vendrán, tiempo al tiempo. El privilegio es mutuo: somos privilegiados porque nos visite de la misma manera en que ella es privilegiada por visitarnos.

Ya sé que muchos sueñan con grandes conciertos, con escalas en giras mundiales, con lujosas alfombras rojas… Pero creo que esos, por el momento, seguirán siendo sueños. La Habana no integrará por el momento los grandes circuitos de la cultura pop universal. Por una sencilla razón: este es un país pobre.

Lo que les interesa ahora a Rihanna, a Annie Leibovitz, a la revista que les encargó la sesión, a las disqueras y a todo el entramado pirotécnico del entretenimiento es la imagen que se han hecho de esta ciudad y su gente. Una imagen, claro, que tiene referentes bien concretos.

Para Vanity Fair, La Habana es una ciudad hermosa, medio en ruinas, romántica y pasional, llena de contrastes y colores, recorrida por antiguos carros americanos.

Eso: Rihanna ha venido a Cuba a montarse en un almendrón, que es lo que ahora mismo vende. Pronto verán las fotos, serán fabulosas. Ya les dije que la Leibovitz es una fotógrafa para respetar.

Tomado de Cubasí

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