Juan Gualberto y Martí. Amistad Revolucionaria Eterna.

Juan Gualberto Gómez, Patriota Insigne de la Provincia de Matanzas

 Por el Dr. Roberto Andrés Verrier Rodríguez, Profesor de Mérito de la Universidad de Matanzas y la Prof. Juana Ortiz Ricardo

“Antes que la paz quiero la libertad de la patria y la conservación de los ideales revolucionarios; y si para defenderlos contra los agresores hay necesidad de combatir en las calles o aspirar el aire puro de las montañas, sabré cumplir con mi deber”

Juan Gualberto Gómez

Martí y Juan Gualberto se conocieron a finales de 1878. El Pacto del Zanjon sorprendía a ambos fuera de Cuba: Martí estaba en una de las Repúblicas Centroamericanas y Juan Gualberto en México.  Se conocieron en La Habana, en el bufete de Don Nicolás de Azcárate, célebre jurisconsulto, orador, elocuente, amante de las letras. Nicolás y Juan Gualberto se habían conocido en México. Martí encontró en el bufete de Azcárate su primera ocupación y allí le era presentado Juan Gualberto; comenzaba entre ellos una gran Amistad Revolucionaria, para siempre, aunque se verían poco tiempo. Allí se estrechó la relación entre los dos y se fortaleció la identidad de sus opiniones, respecto a los destinos de la Cuba Amada.

Martí y Juan Gualberto coincidieron en pensamientos, al no estar de acuerdo con el Pacto del Zanjón y que no aprobaron como el fracaso de la Revolución de Yara, iniciada por el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, en 1868, sino como una tregua, que Cuba tenía que romper tan pronto se pudiera.

Con el objetivo de reiniciar la lucha armada contra la opresión española, muchos cubanos comenzaron a conspirar, con el objetivo de reunir  los recursos y hombres necesarios para emprender la lucha, la guerra que diera la libertad a la Isla. Juan Gualberto pertenecía como Secretario de un Club Revolucionario Secreto y Martí a otro.

Martí pasó del bufete de Azcárate para el del Licenciado Miguel Viondi. Todas las tardes se reunían allí Martí y Juan Gualberto, con el beneplácito de Viondi, que era un cubano muy especial y se daba cuenta de lo que ellos hacían, pero actuaba con gran discreción.

En 1879 estallaba la Guerra Chiquita, que tuvo poca duración, aunque gran empuje en Oriente y Las Villas. No obstante los Clubes Revolucionarios habaneros unificaron sus esfuerzos y se convocó a una reunión de Presidentes, que se realizó en Regla, en la cual se creó un Comité Central y que asumía la Presidencia Martí. Con esas acciones crecía el entusiasmo para recoger los recursos necesarios y armar a los grupos de Las Villas, pero asimismo se incrementó la labor de los espías. A la reunión de Regla iban 3 espías de los españoles. A las pocas semanas de actuar Martí como Presidente del Comité Central, era hecho prisionero.

Martí residía en una casa pequeña, pero muy bonita, alegre, en Amistad 42, entre Neptuno y Concordia.. Una mañana, en que Martí y Juan Gualberto culminaban un fuerte trabajo en el Bufete y debían seguir trabajando en varios asuntos de gran interés para lo de Las Villas, Martí lo invita a almorzar a su casa y cuenta Juan Gualberto en su escrito “Martí y yo”, sobre ese hecho: “Estábamos aún en la mesa, él, su distinguida esposa y yo, cuando sonó la aldaba de la puerta de la calle. Su esposa se levantó y abrió. La salita de comer estaba separada por una mampara de la sala de recibo; así es que yo no ví al visitante; pero la señora de Martí dijo a éste en voz alta: El señor que vino hace rato a buscarte, y al que le dije la hora que te podía ver es el que ha vuelto, Dice que termines de comer que no tiene prisa y te esperará. Martí se levantó y con la servilleta aún en la mano pasó a la sala de recibo. Tras breves instantes volvió a la mesa y con calma absoluta dijo a su esposa: Que me traigan enseguida el café, pues tengo que salir inmediatamente, y siguió para su cuarto. Yo lo vi abrir su escaparate, que estaba frente a mí, pues yo estaba sentado de espaldas a la sala; buscar de una gaveta unas cuantas monedas, llamar a la esposa, a la que dirigió unas palabras que no oí. Servido el café por la sirvienta en esos instantes, vino Martí a la mesa y de pie sorbió unos cuantos buches de café y dirigiéndose a mí me dijo: Tome su café con calma: usted se queda en su casa, y dispénseme, pero es urgente lo que tengo que hacer- me dio la mano, tomó su sombrero y se marchó con el visitante, para mi hasta ese momento incógnito. Desde ese día y hora no volví a ver más a Martí”

Juan Gualberto seguiría detrás de los dos, tan pronto la esposa de Martí le  informaba que él iba preso y era necesario los siguiera para saber dónde lo llevaban. “Salí y los ví de lejos en la plazoleta de Neptuno y Consulado, tomaban un coche y los seguía en otro, hasta llegar a la Jefatura de la Policía, en Empedrado y Monserrate.”

Cuenta Juan Gualberto en su escrito que avisó a Azcárate y le permitieron verlo en la Jefatura de Policía. Que con Azcárate recibía unas llaves y una pequeña maleta para entregar a Don Antonio Aguilera, que quedaba en lugar de Martí; tres días después de preso salía Martí deportado a España, en el Vapor Correo. Cuando Aguilera se dio cuenta que iba a ser preso, entregaba maleta y llaves a Juan Gualberto, el cual debía abrir la maleta y enviar con un emisario seguro a Santa Clara, con otros documentos que le dejaba. Preso Aguilera era deportado a España. Juan Gualberto, cumplía el encargo, era preso y deportado a Ceuta.

Cuenta Juan Gualberto en su escrito “Martí y yo”, que había un espía entre los conspiradores, nada más y nada menos que un Teniente Coronel de la Guerra de los Diez Años, aunque no ofrece su nombre.

Juan Gualberto permaneció en España de 1880 a 1890; ya Martí había vuelto a América. En España Juan Gualberto escribe en los periódicos “El Abolicionista”, en “La Tribuna”, del cual fue Director; en “El Pueblo”. Órgano de los republicanos españoles, como editorialista y cronista parlamentario y en  “El País”. En todos publicaba artículos defendiendo sus ideas separatistas y abolicionistas. Fue también corresponsal del diario “La Lucha”, de La Habana..

Cuando regresaba a Cuba no mantenía ni correspondencia con Martí; Juan Gualberto funda el “Periódico La Fraternidad”, netamente separatista. Escribe el artículo ¿Por qué somos separatistas?. Era encarcelado durante 8 meses y condenado a una pena ligera por la Audiencia de La Habana… Llevó el caso al Supremo de España y obtuvo la casación de la sentencia, el reconocimiento de que era lícita la propaganda del ideal de la Independencia. Esto sucedió entre 1890 y 1891.

Estos dos hombres mantenían firmes sus ideales independentistas, sus luchas por la igualdad social, antirracistas, antiimperialistas; a través del periodismo cumplieron sus ideales revolucionarios. Ya en 1887, Juan Gualberto se había iniciado en la Logia Masónica Luz de Mantua, de Madrid, integrada por hombres de ideas liberales. Pertenecía a la misma el General Calixto García Iñiguez. Martí se había iniciado años antes en la Logia Armonía en España. Los dos seguían los mismos ideales y razones, acorde a la época, como otros grandes Patriotas del 68: Céspedes, Perucho, Agramonte, Gómez, Maceo… En 1891 el General Calixto García le escribe una carta a Juan Gualberto en que le expresaba: “Es usted el único que ha tenido el valor suficiente para sostener sus ideas en la prensa de Cuba, y creo que se necesita más valor para lo que usted ha hecho, que para luchar en el campo con los godos”.

Juan Gualberto aprovechaba todos los espacios, igual que Martí, para continuar la lucha por la independencia; sin verse más, mantenían esa unidad de pensamientos; Su Amistad Revolucionaria Eterna.

Martí estuvo al tanto de los artículos que Juan Gualberto escribía en “La Fraternidad”, así como del proceso que se siguió y la sanción impuesta. De ese período Juan Gualberto recordaba: “Martí se puso en contacto conmigo, para que cada uno, desde su campo de acción, trabajásemos con la misma finalidad”.

Martí le escribe desde Nueva York felicitándolo y cuando funda el Partido Revolucionario Cubano, ya estaban en correspondencia. Matanceros revolucionarios, independentistas como Emilio Domínguez, Pedro Betancourt, los hermanos Acevedo, José A. Amieva y otros habían continuado en un Club Revolucionario. En 1892, en Matanzas se efectuaban los primeros trabajos para llevar a cabo un levantamiento armado. En la calle de Manzano No. 42 funcionaban dos Logias, una titulada Caballeros de la Luz, autorizada por el Gobierno y otra Caballeros de la Noche, Clandestina, en la que se reunieron los primeros conspiradores: pedro Duarte, Mateo I Fiol, Emilio Domínguez, Pedro Betancourt, Pastor Moinelo, Tomás F. López, Pío Campuzano,  José Dolores Amieva y Bernardo Junco.

En Patria, el 11 de Junio de 1892 Martí escribía el afecto, el aprecio que sentía por Juan Gualberto, éste había ingresado como socio en la Sociedad Económica de Amigos del País y señalaba: “Singular es el valor del nuevo socio de la Económica. El sabe amar y perdonar, en una sociedad donde es muy necesario el perdón. El quiere a Cuba con aquel amor de vida y muerte, y aquella chispa heroica con que la ha de amar en estos días de prueba quien la ame de veras. Él tiene el tesón del periodista, la energía del organizador y la visión distante del hombre de Estado”.

En agosto de 1892 Gerardo Castellanos y Leonard llegaban a La Habana con instrucciones para organizar un movimiento insurreccional y cuenta en primer término con Juan Gualberto, quien era el hombre de confianza del fundador, el creador del Partido Revolucionario Cubano, José Martí. Juan Gualberto fue en la Isla el agente más activo, más hábil, más osado y perseverante, según Manuel de la Cruz Otros lo han llamado el Representante, el Delegado del Delegado. Juan Gualberto y Martí mantenían activa la correspondencia.

Desde Nueva York, el 5 de Agosto de 1893, Martí le escribía a Juan Gualberto y entre otras cuestiones le plantea: “Mi corazón, usted se lo sabe de memoria, como no tiene más que verse el suyo; y de lo que está en él y compongo con él, no le necesito hablar, a no ser para agradecerle que haya visto en mi la condición que con su juicio sumo me pide que no pierda, y es la de domarme a mi propio. Y de otras cosas, no le quiero escribir, porque no digan que estas líneas de  amigo, y de gratitud por la amistad nueva y profunda que me liga al distinguido viajero, tiene más objeto que el de llevarle el cariño más tierno y cabal que puede tener hombre por hombre. Sin libertad no puedo escribir”

En carta a Máximo Gómez, de enero 4 de 1894, desde Nueva York; Martí le escribe:”Mucho debo vigilar lo de Matanzas; hay allí un novicio, aunque de canas y respeto, demasiado aguileño y curioso. Es joya grande, y el único que prepara en masa la opinión, el excelente Juan Gualberto Gómez”

Y en otra carta fechada el 20 de octubre de ese año 1894, desde el propio Nueva York, le escribe Martí: “Me recordaban con razón mi oferta de trescientos rifles para Matanzas, Collazo, Aguirre y Juan Gualberto Gómez recibieron el dinero: tres mil pesos se han empleado en Matanzas, mil por Collazo y Aguirre”

El 23 de noviembre de 1894 Martí le escribe a Juan Gualberto y con mucho cuidado, algunas cosas en clave para lograr lo necesario, “en silencio ha tenido que ser”, recordamos siempre que era el lema para el 95 y la guerra de liberación definitiva alcanzada el 1 de enero de 1959. En esa carta Martí le escribía: “Amigo muy querido:(…) De un gozo grande y puro tengo que volver a hablarle, aunque tan de prisa; de ver en manos tan hábiles, y de tanta realidad, el trabajo que acá me han enviado, y de sentir tan cerca de mi a un espíritu de tanta hombría y desinterés, Vamos por el camino derecho, y a buen paso. Mucho lo felicito por todo,  y por el socio nuevo, y por la veloz resolución… El plan ha sido confundir sobre nuestra verdad y capacidad. Reponga cerca de las cabezas principales lo confundido. Lo abraza largamente su M.”

Así también continúa escribiendo sus bellas cartas revolucionarias, Martí a Juan Gualberto: el 2 de diciembre, el 22 de diciembre y otra de diciembre sin fijar el día, de 1894. Todas iniciaban con “Amigo queridísimo”

El 17 de Enero de 1895 le escribe Martí a Juan Gualberto: “Amigo queridísimo: No emplearé palabras innecesarias para las amargas noticias que tengo que comunicarle ( Alude al fracaso del Plan de Fernandina) … Observe y recuerde sólo, y haga entender, mi cuidado vehemente por evitar a la Isla todo riesgo y engaño hasta que de nuestra parte la labor de arrancada estuviese segura… Si aguardan, acallen y fíen. Mi opinión personal es que jamás debe Occidente, jamás, empezar sin connivencia previa de Camagüey y Oriente y alguna sólida conexión en Las Villas, cuyo consejo indispensablemente habrían ustedes de demandar, No teman desmayo, ni especies injustas. Andaremos como la luz. Aguardarían y sabrían pronto… Aguardo ansioso su respuesta, más confiado  que nunca en su juicio”.

El 29 de enero, rehechos los planes y renovados los contactos en la Isla, Martí “ le envía a Juan Gualberto y en él a todos los grupos de Occidente la orden de alzamiento simultáneo, o con la mayor simultaneidad posible, de las regiones comprometidas para la fecha en que la conjunción con la acción del exterior será ya fácil y favorable, que es durante la segunda quincena y no antes del mes de febrero”, firmada por Martí, Enrique Collazo y José María Rodríguez, en representación del Partido Revolucionario Cubano y del General en Jefe Máximo Gómez.

Juan Gualberto notificaba a Martí que el 24 de febrero era el día elegido, pasaba un telegrama a Gonzalo de Quesada, como si fuera un  comerciante y decía: “Giros aceptados”. Eso significaba que todos los Jefes de Provincias aceptaron la fecha señalada.

Juan Gualberto recibía la última carta de Martí en los primeros días de febrero de 1895, en la víspera de su partida para Santo Domingo, para buscar al Generalísimo Máximo Gómez, le señalaba que en lo sucesivo se dirigiera a su hijo espiritual Gonzalo de Quesada y  terminaba su carta con estas frases nerviosas: ¿Lo veré?… ¿Volveré a escribirle?… Me siento tan ligado a usted que callo…Conquistaremos toda la Justicia”. De esa forma nuevamente se despedía de Juan Gualberto, esta vez para siempre. Son dos momentos que guardaba Juan Gualberto en su memoria, la primera, la última vez que veía a Martí en 1880 y el último párrafo de su carta de febrero de 1895, que prácticamente era una despedida del Amigo Revolucionario Eterno. Juan Gualberto en esa referencia escribía posteriormente “Yo también _ afirma Juan Gualberto _ me siento tan ligado a él, que cuando de él se trata, me callo”.

En un trabajo periodístico, escrito el 19 de mayo de 1925, que lleva el título de “MARTÏ, EL INMORTAL”, Juan Gualberto proclamó:”… en el combate de Dos Ríos, el Apóstol magnífico de la independencia cubana, ofrendó su vida, de manera tan trágica como sencilla, cual si quisiera, después de habernos dado el ejemplo que cómo se vive para la Patria, enseñarnos también a morir por ella”

Juan Gualberto exhortaba a sus compatriotas a imitar el ejemplo y práctica de la enseñanza que Martí había legado a los cubanos. El pensamiento martiano estaba junto a Juan Gualberto  en todos los momentos de la vida del Hombre de Ibarra: Antiimperialista, antirracista, luchador por la independencia y plena soberanía de la Patria, demostrado en la Constituyente, en contra de la Enmienda Platt, en su honestidad en la República mediatizada; en sus trabajos periodísticos, contra la tiranía de Machado. quería a su República libre, independiente y soberana; era nacionalista, americanista, antiimperialista, Martiano. Era la respuesta a esa Amistad Revolucionaria Eterna con Martí

Martí ejercía una influencia decisiva en la orientación política revolucionaria de Juan Gualberto. En el homenaje que se le rendía a Juan Gualberto Gómez en 1929, el Dr. Domingo Méndez Capote señalaba: “La naturaleza depara dos grandes momentos, produce dos grandes conmociones, crea dos instantes decisivos en la vida de Juan Gualberto Gómez: su conocimiento y contacto con Francisco Vicente Aguilera y después su conocimiento y trato directo con el inmenso Martí” Martí vivió en él perennemente, y no se cansó de reconocerlo y prepararlo así en todas las oportunidades que se le presentaron. Era Eternamente su Hermano Revolucionario

Un recuerdo a la memoria de ambos Patriotas, Revolucionarios, Periodistas, Antimperialistas, Antirracistas. Independentistas, en el 160 Aniversario del Natalicio de Juan Gualberto Gómez.

             “En las páginas de la Historia de Cuba están grabados y entrelazados los nombres de Martí y Juan Gualberto Gómez, y nadie podrá separarlos”

                                               Enrique José Varona

BIBLIOGRAFÍA.

_ Castellanos Arias, Edelmiro S. Juan Gualberto Gómez Biografía. Cuadernos Históricos Matanceros. Sección de Historia DOR. PCC Matanzas. Unidad Gráfica PCC Matanzas, Diciembre de 1984. – 3

_ Cruz, Manuel de la . José Martí Revista Bohemia Enero 27 de 1967. No 4 Año 59 pág. 30

_ González Pérez, José Ramón. Juan Gualberto Gómez.: Apuntes para su Pensamiento Político, Cuadernos Históricos Matanceros CP- PCC DOR. Sección de Historia Matanzas, Julio 1984. Unidad Gráfica PCC Matanzas.

_  Gómez, Juan Gualberto. Martí y yo. Revista La Ultima Hora Año del Centenario del Natalicio de Martí Págs. 20 y 64.

_ Martí, José. Juan Gualberto, Carta escrita el 5 de agosto de 1893. Granma, 12 de Julio del 2004.

_ Por Cuba Libre: Juan  Gualberto Gómez. Ediciones Políticas Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1974. ( Fue escrito y publicado por la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana en 1954, por el Centenario del Natalicio de Juan Gualberto Gómez). Selección y prólogo por Emilio Roig de Leuchsenring.

_ Plegable por el 30 Aniversario de los Organos del Poder Popular en Matanzas. Juan Gualberto Gómez en el 150 Aniversario de su Natalicio.- 2004.

_ Rodríguez La O, Raúl.. Juan Gualberto en la Hora Actual. Granma Lunes 21 de Junio del 2004. Pág 3.

_ Rodríguez Molina, Diego. Los Grilletes de la Enmienda Platt. Granma, Julio 2 del 2004.

_ Rojas, Marta. Celebran Taller Científico sobre Juan Gualberto Gómez en Unión de Reyes. Granma 5 de Julio del 2004.

_ Ventura de Jesús. Sabanilla de Juan Gualberto Gómez Granma, 9 de julio del 2004.

3 comentarios en “Juan Gualberto y Martí. Amistad Revolucionaria Eterna.

  1. Magnífico trabajo, preciso, detallado, completo. Gran poder de síntesis el de estos profesores, que en tan escasas cuartillas recorren lo más significativo de la unión fraternal de estos grandes hombres, que más que amigos fueron hermanos.
    Mil felicidades al Decano de la docencia universitaria matancera y a la Insigne profesora Juana Ortíz, y a Eduardo por el buen tino de no dejar pasar oportunidades como esta.

  2. Excelente comentario, explícito y conciso. Una clase magistral de historia y de valores humanos, muy necesaria en estos tiempos en que valores como la amistad se deterioran. Me servirá de referencia para mis clases de historia. Congratulaciones a los autores de este artículo. Saludos.

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