Esos que luchan, no importa donde, son nuestros hermanos.

Por el Dr. Roberto Andrés Verrier Rodríguez, Profesor de Mérito de la Universidad de Matanzas.

El 6 de febrero de 1932, hace 83 años, en Lawton, ciudad de La Habana, nacía un niño que más tarde sería querido y admirado por todo el pueblo. Su nombre: Camilo Cienfuegos Gorriarán.

De acuerdo con el marco histórico que le tocó vivir, Camilo padecía los rigores que el capitalismo reservaba a los hijos de la clase trabajadora, pero la influencia de sus padres, Ramón y Emilia, de origen español, de ideas progresistas, sencillos trabajadores, humildes, lo formaron, en los sentimientos de amor a la patria, el trabajo, el estudio, el respeto a los demás y a no conformarse ante ninguna injusticia.

La vida de Camilo fue tan corta como intensa. A los 17 años era ya obrero y a los 20 tenía que emigrar a los Estados Unidos, en busca de ayuda económica para sus padres y hermanos. Allí conoció los sinsabores del latino pobre, trabajador.

Camilo tenía la formación que le daba su padre, No estudio revolución en la Universidad; no podía llegar a ella, pero lo aprendía en su hogar, junto a su hermano Osmani.

En la década del 40 se intensificaba la campaña anticomunista  y con ella la brutal represión a los líderes obreros, situación que no transcurría ajena a la conciencia en la formación de Camilo adolescente. Por el asesinato del inolvidable Jesús Menéndez, Camilo participaba en  los actos de protesta.

El 1 de abril de 1953 viaja a Estados Unidos. Comienza una nueva fase de su vida,  dura, pero le serviría de base para su ulterior desarrollo revolucionario. Allí participó en actos contra las tiranías de Batista, Trujillo, Somoza. Escribía artículos en la Voz de Cuba, contraerrestando las falsas informaciones de la prensa norteamericana sobre la acción del Moncada. Participaba en círculos políticos donde analizaban materiales martianos.

Regresa a Cuba el 5 de junio de 1955, deportado de Estados Unidos. Estuvo encarcelado por su permanencia ilegal allí. Los dos años vividos en el monstruo imperialista y los días de encarcelamiento, le hicieron ver con claridad la explotación del hombre por el hombre y quienes eran los  responsables

En Cuba, Camilo participaba en reuniones, manifestaciones y diversas formas de protesta callejera contra el tirano Batista. En una de ellas herido, en otra golpeado, vejado, detenido y fichado por el BRAC. Como comunista. En esos años lee el alegato de Fidel en el juicio por el Moncada y tiene contactos con un integrante del Movimiento, quien le refería los planes insurreccionales del mismo. Ya Camilo  pensaba “cueste lo que cueste, Cuba tiene que ser libre”

El 25 de marzo de 1956, Camilo regresa a Estados Unidos, Camilo regresa a Estados Unidos, pero ya tenía decidido ir a México y unirse a Fidel. Estaba convencido que la única forma de derrotar al tirano era por medio de las armas. Le escribía a un amigo: “Mi único deseo, mi única ambición, es ir a Cuba, a estar en las primeras líneas, cuando se combata por el rescate de la libertad y de la hombría…Fidel es la esperanza de la libertad para el pueblo cubano.”

El 21 de septiembre del 56, Camilo llegaba a México. Hace contacto con Reinaldo Ramírez, su amigo y combatiente del Moncada. No iba enviado por el Movimiento 26 de Julio y le costó trabajo que lo incluyeran al final de la lista. Su única carta de presentación era la cicatriz de su ‘pierna y la disposición de luchar por Cuba. El 1 de octubre se incorpora al grupo de expedicionarios del Granma. Desembarcaban el 2 de diciembre de 1956, por Las Coloradas. El primer revés: Alegría de Pío. Allí recibía su bautismo de fuego y se iniciaba la forja de lo que sería el Ejército Rebelde.

Se iniciaba la dura lucha en la Sierra. Se forjaba la generación de revolucionarios., de combatientes y Camilo se destacaba entre los buenos y el Ché los calificaba como todo “un Señor de la Vanguardia…un insuperable jefe guerrillero, maestro en el arte de mandar su tropa y maestro en el arte de cultivar en los hombres las mejores cualidades”

En agosto de 1958 Fidel le informaba su plan de invasión y le decía cómo actuar, el recorrido, los hombres que debía seleccionar y otras instrucciones  relacionadas con el audaz proyecto. La columna Maceo tenía como misión de reeditar las páginas más gloriosas de la Guerra del 95. El 18 de agosto Camilo era designado por Fidel para conducirla, hasta el Occidente de la Isla.

El 21 de agosto se iniciaría la marcha de la Columna desde la Sierra, dirigida por el Glorioso Comandante Camilo Cienfuegos. A su paso recibía agasajo, buen recibimiento, cariño y calor de pueblo. Entraba en Camagüey el 8 de septiembre, y por lo llano de su terreno tomaba precauciones, medidas de seguridad. En su travesía por esa ‘provincia llana, procuraba tomar precauciones, medidas de seguridad. En su travesía por la misma pasaba algunos malos; la falta de alimentos y agua y en otros momentos buenos ratos, por la delación de algún guía, falta de alimentos y agua y en otros momentos buenos, en que los campesinos le brindaban víveres, café y otras chucherías o bestias de transportes y guías. Tenía que evadir emboscadas, sufrir algunas bajas en la tropa y realizar acciones por la persecución del ejército amarillo

Camilo, al frente de la Columna, entraba en Las Villas el 7 de octubre. Transcurrían 46 días desde su partida de Providencia. La vista de las lomas le recordaba la Sierra y sus gloriosas hazañas.

En esa provincia logró notables éxitos: se incrementaban las acciones, los hombres, las armas despojadas al ejército, las luchas con los reductos de la tiranía, la unidad de los trabajadores, de los revolucionarios. Se comunicaban con el Che y mantenía sus informes a Fidel, así como los contactos con los Jefes del movimiento revolucionario en la provincia.

Entre sus acciones fundamentales se señala la toma del cuartel Yaguajay, con varios días de asedio.

El 1 de enero de 1959, el Comandante el Jefe le ordena continuar hacia La Habana, con la finalidad de tomar el Campamento de Columbia. Al pasar por Matanzas rendía el Regimiento  y se entrevistaba con los dirigentes del M – 26 – 7. Posteriormente continuaba hacia Columbia. El 8 de enero esperaba a Fidel en El Cotorro y junto a él hacia su entrada triunfal en La Habana y decía: “A este pueblo ahora si no se le puede engañar”. En su discurso Fidel, ese día, pronunciaría la frase inmortal que daba a conocer al Señor de la Vanguardia: “Voy bien, Camilo?”

Durante los primeros diez meses de 1959 eran muchas las actividades de Camilo, altamente conocidas por el pueblo cubano. La traición de un hombre lo obliga a realizar algunos viajes a Camagüey, con la finalidad de que la Revolución continuara “hasta sus últimas consecuencias”

La última vez que el pueblo veía y oía a Camilo sería el 26 de octubre de 1959, en el acto realizado en la Avenida de Las Misiones, en La Habana, allí recordaría una estrofa de la poesía A mi Bandera, de Bonifacio Byrne:

“Si deshecha en menudos pedazos

se llega a ver mi bandera algún día,

nuestros muertos alzando los brazos,

la sabrán defender todavía”

El 28 de ese mes, Camilo nuevamente iba a la ciudad agramontina; iría en un avión tipo Cesna y por la noche partiría de regreso a La Habana. Desaparecían avión y hombres. Camilo, el revolucionario sencillo desaparecía físicamente. Era el de la sonrisa amplia y el sombrero alón, el del pueblo. Fidel informaba la dolorosa y triste pérdida, la desaparición de Camilo y sus acompañantes. Camilo seguía viviendo en el corazón y pensamiento de su pueblo, en las obras que la Revolución realiza a diario, en la construcción del comunismo como él soñara.

Camilo, el revolucionario íntegro, con madera de comunista, el guerrillero, el internacionalista, el Señor de la Vanguardia, vivirá eternamente en el corazón del pueblo.

 Su vida, su obra, su personalidad es un modelo para la formación de las nuevas generaciones, en la construcción de la sociedad Socialista. 

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