El peligro de la desmemoria o el desconocimiento de la complejidad sistémica de la realidad social y del mundo en que vivimos.

Martí visto por Eduardo Roca (Choco)

Martí visto por Eduardo Roca (Choco)

 Por el Dr. C. Alfonso Alonso Franquiz

En una bella y célebre canción de Silvio Rodríguez hay una imagen poética de gran calado social: “…las maravillas vendrán algo lentas, porque el mundo aún tiene muy corta edad”. Y en otra idea de humano optimismo nos dice: “…que sin esperanza, a dónde va el amor”.
Para no solo cantarla es necesario prepararnos, previamente, al estudio de las complejidades que alberga la vida social contemporánea. Ello requiere un esfuerzo intelectual desde que somos estudiantes de nivel primario y de 2da enseñanza, cuando nuestro maestros y profesores nos van conduciendo por los caminos de la historia, cívica, literatura y estudio gramatical del idioma natal. Y así la escuela nos provee de conocimientos y habilidades esenciales para nuestra vida laboral, cultural, política, etc. También adquirimos los primeros valores éticos que sustentarán nuestro comportamiento individual, familiar y ciudadano.


Al calor de estos precedentes, de alto valor formativo, no podemos olvidar el singular papel que desempeña la familia –célula fundamental de la sociedad- que forja, nos recibe, nos cuida y educa y nos cobija con profundos sentimientos de amor para toda la vida. La responsabilidad primordial de los padres no puede ser suplantada por nadie. Y las cuotas de cariño, de transmisión de ejemplo y valores a los hijos, quedará para toda la vida en la personalidad y en la memoria de estos, como el segundo mejor regalo (el primero fue la vida) que los padres nos hacen. Y en este empeño formativo contribuyen todos los demás miembros de entorno familiar.
José Martí habló siempre de la importancia de la familia del amor, el sentido de la dignidad, el respeto y las enseñanzas que esta forja en cada ser humano. Son memorables los consejos de Martí a sus hermanas, el vínculo que sostuviera siempre con su mamá (jamás olvidaremos el comienzo de su última carta a Doña Leonor: “Madre mía, hoy 25 de marzo en vísperas de un largo viaje estoy pensando en ud, yo sin cesar pienso en ud…”) y las muestras de respeto, cariño y perdón que le tributara a su padre (hombre casi analfabeto, recio pero de acrisoladas virtudes humanas como padre, esposo y trabajador) al comprender que sus desencuentros nada tenían que ver con razones del alma noble de su padre. Es estremecedora la escena donde el padre lo visita en la cárcel (Martí, un adolescente de 16 años) y le lleva unas almohadillas (hechas y enviadas por Doña Leonor para calmar el dolor de las cicatrices del grillete en el pie) y Don Mariano insiste en ponérselas personalmente a su hijo, y al ver el pie destrozado de este, rompe a llorar desconsoladamente (aquel hombre recio, que parecía de mármol su carácter) y el joven Martí, que no encontraba modo de contenerlo.
Cuando nos llegan los conocimientos de los estudios superiores y después comenzamos la vida laboral; o cuando con estudios medios y el conocimiento de un oficio o graduados de técnicos –cosa normal en Cuba, pero no para muchos países del llamado “mundo en desarrollo”- se amplía el universo de experiencias, de nuevos conocimientos y nuevas relaciones interpersonales.
En tal contexto de madurez asumimos responsabilidades familiares y sociales esenciales: forjamos familia, cumplimos diversas tareas laborales y comunitarias, deberes cívicos y políticos, etc. Todo lo cual nos nutre la personalidad y forja una psicología individual y colectiva del entorno social que nos acompaña. De cada acontecimiento sacamos una lectura y tenemos juicios valorativos.
Estas son las razones que me han compulsado a tratar, brevemente, el tema: El Peligro de la Desmemoria o El Desconocimiento de la Realidad del Mundo en que Vivimos. Solo si nos apoyamos en la formación que recibimos, desde la cuna hasta hoy, por los diversos actores responsables de nuestra educación: familia, escuela, medio laboral, los medios de comunicación, las organizaciones estudiantiles, sociales y políticas a las cuales pertenecemos podremos tener un comportamiento proactivo, ser sujetos de los cambios, generar nuevas ideas, comportamientos y valores a nuestro alrededor.
El nihilismo social, el no comprometimiento político, la desidia y la holgazanería laboral, el pensamiento derrotista, de no compromiso social y político, de hipercriticismo y posturas iconoclastas, de desmerecimiento, desmemoria y rechazo de la historia de la patria y del mundo, la conducta individualista, pequeñoburguesa de creerse que el mundo se circunscribe al de cada persona y su familia, y a nadie más, practicar el “sálvese el que pueda” y para los que no lo logren “el diluvio”, no albergar sentimientos de justicia social y luchar por mejorar la vida humana en todo el planeta, o tener comportamientos irresponsables con el cuidado del medio ambiente (más aún cuando este está asociado al afán desmedido de lucro personal) y los recursos naturales, odiar al prójimo por razones de religión, clase social, ideas políticas, color de la piel, género o preferencias sexuales, etc son algunas de las principales manifestaciones contrarias a la cultura civilizatoria universal.
A ella solo hay que añadirle las manifestaciones identitaria de cada pueblo por sus tradiciones ciudadanas, composición étnica, cultura, idioma, religión, códigos morales, etc.
Por último, están las relaciones de clases, de grupos y estratos sociales que conforman el entramado de la sociedad humana del siglo XXI. El estudio profundo –desde las ciencias Sociales- revelan la complejidad sistémica de la Estructura Socio Clasista, el contenido sociosicológico, antropológico y cultural valorativo década pueblo. Y que, por ser la sociedad un ente “vivo” que cambia, avanza y se desarrolla (con momentos de retrocesos, de tensiones, de nudos existenciales complejos y de fuertes cataclismos sociales, como son las revoluciones, para bien de sus pueblos) y va generando nuevos modos de hacer, de pensar, nuevos Paradigmas y ejes de contradicciones, metas y retos que el porvenir trae consigo.
Cuando en la clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba Fidel Castro expuso sus ideas sobre la complejidad actual del mundo en que vivimos y los retos que este tiene expresó: “Quizás, sin embargo, el peligro mayor que hoy se cierne sobre la tierra deriva del poder destructivo del armamento moderno que podría socavar la paz del planeta y hacer imposible la vida humana sobre la superficie terrestre.
Desaparecería la especie como desaparecieron los dinosaurios, tal vez habría tiempo para nuevas formas de vida inteligente o tal vez el calor del sol crezca hasta fundir todos los planetas del sistema solar y sus satélites, como gran número de científicos reconocen. De ser ciertas las teorías de varios de ellos, las cuales los legos no ignoramos, el hombre práctico debe conocer más y adaptarse a la realidad. Si la especie sobrevive un espacio de tiempo mucho mayor las futuras generaciones conocerán mucho más que nosotros, aunque primero tendrán que resolver un gran problema. ¿Cómo alimentar los miles de millones de seres humanos cuyas realidades chocarían irremisiblemente con los límites de agua potable y recursos naturales que necesitan?
Algunos o tal vez muchos de ustedes se pregunten dónde está la política en este discurso. Créanme que me apena decirlo, pero la política está aquí en estas moderadas palabras. Ojalá muchos seres humanos nos preocupemos por estas realidades y no sigamos como en los tiempos de Adán y Eva comiendo manzanas prohibidas. ¿Quién va a alimentar a los pueblos sedientos de África sin tecnologías a su alcance, ni lluvias, ni embalses, ni más depósitos subterráneos que los cubiertos por arenas? Veremos que dicen los gobiernos que casi en su totalidad suscribieron los compromisos climáticos.
Hay que martillar constantemente sobre estos temas y no quiero extenderme más allá de lo imprescindible”.
No hay mejor cierre, nuestra reflexión, que estas preocupaciones de un hombre que sigue-próximo a cumplir 90años- luchado por hacer conciencia de los peligros que se ciernen sobre la humanidad. No podemos hacer como el Avestruz para no ver la tormenta que se nos viene encima, sino no somos responsables y cambiamos el orden económico mundial actual: depredador, destructor del planeta por la avaricia Capitalista de satisfacer demandas de consumos irracionales de los ricos (que constituyen poco más del 20% de la población del planeta) en detrimento de millones de seres humanos sin acceso a elementales derechos como educación, salud, empleo y cultura. Por eso vale la pena forjar conciencia y luchar por la salvación de la vida humana, por el desarrollo de los pueblos y por la salud de nuestro planeta.

1 comentario en “El peligro de la desmemoria o el desconocimiento de la complejidad sistémica de la realidad social y del mundo en que vivimos.

  1. Me parece interesante y oportuno esta reflexión del Dr. Alfonso Alonso , en un momento importante de los estudios superiores, en que nuestra población tiene un acceso y diversas oportunidades para hacer estudios superiores de manera gratuita, la clase ha de seguir siendo el mejor espacio para la reflexión porque la «formación integral» cobra un valor didáctico y pedagógico extraordinario en la universidad, y con ella todos los escenarios, es importante trabajar y divulgar este artículo y los demás que le acompañan.

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