El valor de los conceptos y la claridad de las ideas.

11.Tribuna_antiimperialista_3-580x317 Por el Dr. C. Alfonso Alonso Franquiz

Una reflexión sobre la batalla ideológica actual.

El sistema capitalista fue conformando su estructura inicial a partir del establecimiento de sus relaciones de producción que el desarrollo acelerado de nuevas y pujantes fuerzas productivas le propiciaron a inicios del siglo XV –con los viajes de descubrimientos, la colonización y la posterior conformación de un incipiente Mercado Mundial- que generara un enorme flujo de riquezas del llamado Nuevo Mundo hacia Europa.

Ya, en la mayoría de edad, en pleno siglos XVII y XVII se desarrollaron las revoluciones políticas que –desde ventajosas posiciones económico-financieras y gran influencia sociopolíticas- la burguesía se lanzó a conquistar el poder político en Inglaterra, Países Bajos y Francia.

Todos estos acontecimientos estuvieron marcados por una impronta –que se ha quedado, como “práctica establecida”- que el desarrollo tecnológico posterior la convierte en insoslayable: Un amplio movimiento ideopolítico y cultural que precede, prepara, explica y apoya a la fuerza que emergerá con el poder político.

Este proceder se considera una “conquista del pensamiento y la cultura política” lograda por la humanidad. Así lo esgrimen los intelectuales y políticos más prominentes. El uso de tales ideas y medios tecnológicos, que hoy las acompañan, están organizados a escala nacional y global por la burguesía y sus aliados. Ha nacido también una red de redes de la comunicación, la información y también de centros de estudios e investigaciones que reclutan personal y conocimientos para ponerlos al servicio del monopolio de la “seducción de masas”, la “conquista espiritual de los mercados”, los “nuevos paradigmas del poder político”, “las revoluciones silenciosas y/o de colores”, “la lucha contra el terrorismo y/o los fundamentalismos”, la Batalla “estratégica del bien contra el mal”, etc.

Ha sido acuñado, por las agencias de inteligencias de los países-potencias, que ejercen la hegemonía global del sistema imperialista, la trastrocación de valores, la mentira acuñada como verdad –ahora visual a partir de los recursos tecnológicos que propician la “realidad virtual”- aquella que permite satanizar gobiernos y personalidades, generar información e imágenes falsas, etc. Pareciera que ahora “todo se puede” conseguir a partir de que se orquesten campañas ideológicas –con amplia cobertura de los medios de información de la derecha neoliberal a escala internacional y sus correligionarios en cada país- que van gestando una “conveniente matriz de opinión” acerca de la “necesidad del cambio” –sea de “modelo económico-social”, sea de “figura política” o de “política exterior”, entre otros muchos argumentos esgrimidos.

La batalla ideológica actual ha ganando nuevos espacios teórico-prácticos a partir del advenimiento de Barack Obama a la presidencia de los EEUU y su concepción de “política inteligente”, de “golpe suave” de “olvido del pasado”, etc. En un discurso bien articulado, utilizó todas estas herramientas conceptuales, en su visita (marzo/2016) a Cuba.

En un artículo que escribí en el 2013 explicaba que, en esta ofensiva ideológica imperial parecía que:   “Se nos quiere hacer olvidar la importancia científico-metodológica que tiene que los revolucionarios conozcamos y apliquemos en nuestros análisis de la realidad política de este siglo –en que no ha cambiado la esencia clasista, depredadora y la “filosofía del despojo” del Imperialismo-, el método dialéctico materialista, el sistema categorial y el enfoque clasista en el estudio de la complejos problemas que aquejan al mundo. En esto desempeña un relevante papel los aportes Leninistas acerca de la necesidad, la esencia, los límites de extensión, fundamentos esenciales, contradicción fundamental y tareas que debemos acometer durante el llamado “período de transición entre el Capitalismo y el Socialismo”, lo que es igual a decir: “Etapa de Construcción del Socialismo” pues, al decir de Lenin, es todo un período histórico (en el cual intervendrán varias generaciones de revolucionarios) y que concluirá cuando se hayan edificado las bases socio-económicas fundamentales, las políticas educacionales y culturales del Socialismo; y donde este último no podemos descontextualizarlo de las complejas condiciones políticas y socio-económicas internacionales, y los acuciantes Problemas Globales que la aquejan”.

No hay “Época de transición del capitalismo al socialismo”, ella se descontextualizó -históricamente hablando- con el “reflujo histórico” que significó la “caída del llamado socialismo real en Europa del Este” y la desintegración de la URSS. Tenemos continuidad de época –nos dicen los defensores de las reformas, los que proclamándose “socialistas” (así se desmarcan de la “ortodoxia comunista”) ven al capitalismo con capacidad histórica de triunfo civilizatorio, capaz de subsanar las heridas y magulladura que la “Irracionalidad del Mercado Racional Capitalista” le ha proporcionado a millones de pobres y los ya irreparables daños al Medio Ambiente.

Sin embargo, nada podrá invisibilizar la creciente resistencia de los pueblos a estos dictados hegemónicos imperiales. Ya se alzan agrupamientos nacionales y regionales de las fuerzas progresistas, de los movimientos sociales y partidos políticos, cuyos fundamentos programáticos reconocen conceptos y verdades científicas desarrolladas por el marxismo. Crecientes fuerzas sociales y políticas ven el Socialismo como única alternativa al callejón “sin salida” que el desenfreno consumista incentivado por el mercado capitalista ha puesto a la humanidad y a la naturaleza al borde de una “eutanasia global”.

La batalla ideológica pasa hoy por el rescate de conceptos esenciales de la cultura ideopolítica acuñada por los pueblos y por las fuerzas sociales y políticas que lo representan. Ya se abre paso la “cultura de la resistencia global” frente a la del “hegemonismo global”. En esta batalla los marxistas cubanos estamos empeñados en demostrar que son “las ideas el principal valladar” en la defensa de nuestros pueblos. Trabajar por el desarrollo constante de esa Cultura política –desde la resistencia y la concertación de un plan estratégico de lucha- es el deber fundamental de la actual generación de intelectuales revolucionarios del mundo. El imperialismo tiene un plan para perpetuarse. Debemos perfeccionar nuestro plan para impedírselo. Como nos enseñara Martí: “Plan contra Plan”.

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