¿Qué sentido tiene la bandera de una nación?

Jóvenes reflejados en una bandera gigante, antes del desfile del Primero de Mayo en la Plaza de la Revolución, en La Habana, Cuba, el domingo 1 de mayo de 2016. Foto: Ramón Espinosa/ AP

Jóvenes reflejados en una bandera gigante, antes del desfile del Primero de Mayo en la Plaza de la Revolución, en La Habana, Cuba, el domingo 1 de mayo de 2016. Foto: Ramón Espinosa/ AP

 

Por el Dr. Eusebio Leal

Con profunda pena hemos venido observando que la enseña nacional, la gloriosa bandera de la estrella solitaria que no ha sido jamás mercenaria, está a la venta entre otros productos de la artesanía como si se tratara de una de ellas o de un objeto común.

Ante esto debemos meditar: ¿Qué sentido tiene la bandera de una nación? Asociada al Himno, a los actos cívicos, a la representación de todo un pueblo en conmemoraciones, festividades patrias o a media asta en ceremonias de duelo; protagonista cuando nuestros deportistas alcanzan la gloria olímpica y observan en silencio cómo asciende a lo alto del mástil; cuando se encuentran los jefes de Estado o cuando ondea simbolizando a la patria al lado de otros pabellones. ¡Cuánta sangre y sacrificios, cuántos murieron abrazados a ella, cuántos la soñaron en tierra extraña!

Fue creada en los Estados Unidos por el exgeneral al servicio de España Narciso López, nacido en Venezuela, cuya estrábica carrera política no puede opacar el mérito de haberla imaginado en compañía de Miguel Teurbe Tolón y de su esposa y prima hermana Emilia, quien fue la primera en bordarla, y de su secretario, el novelista cubano Cirilo Villaverde, autor de Ce­cilia Valdés y testigo presencial de los hechos.

Se dice que en 1849 —año previo a la confección de la bandera—, en un día estival, en el cielo de un atardecer de Nueva York, López  vio los colores de la enseña nacional, así como aquel triángulo equilátero, símbolo de la fraternidad masónica. Esos elementos encarnaban los pensamientos más puros de la revolución que recorría el mundo: libertad, igualdad y fraternidad; cinco franjas, y en el centro del triángulo, como un rayo de luz en el cielo que se abría, la estrella marcaba el porvenir de Cuba. Triángulo que debía ser rojo y no azul, aunque desafiara las leyes de la heráldica.

Ostentaba los colores republicanos de Norteamérica inspirados en los de la Revolución Francesa de 1789; colores que hoy son también los de otras naciones del mundo. Al unísono con la enseña de los cubanos surgiría la de Puerto Rico, cuyas aspiraciones independentistas quedaron frustradas hasta hoy.

Enarbolada en años difíciles, cuando aún las supremas aspiraciones de las vanguardias políticas del pueblo cubano no habían alcanzado su plenitud y no pocos se inclinaban porque la estrella solitaria fuese una más en la constelación americana, resultaría necesario recorrer un árido sendero y derramar la sangre de los precursores que se anticiparon al acto magnífico del 10 de octubre de 1868 en La Demajagua o a la solemne celebración de la Asamblea Constituyente de Guáimaro en abril de 1869.

También surgió de esos anhelos libertarios el escudo sostenido en la unión de bastos donde reposa el gorro frigio con idéntica estrella solitaria. No era otro que el tocado que llevaban los cargadores en los barrios periféricos de París y Marsella, la palma real y la isla de Cuba representada entre los peñones del cabo de San Antonio y la península de Yucatán y la llave como símbolo de la libertad prometida y tras ella el sol naciente. A su alrededor hojas de laurel y acanto en ramas símbolos de la gloria combativa y del mérito alcanzado en el campo de batalla.

¡Cuántos cadalsos, cuántas lágrimas, cuántos exilios, cuánta tristeza! para que ahora la estampen en un delantal para la cocina, en una ridícula camiseta y en otras incalificables y vulgares formas.

En nombre de todo ello hago un patriótico y ardoroso llamamiento a nuestros conciudadanos y al menos aquí en el Centro Histórico de La Habana, Patrimonio Mundial, se apeguen las costumbres públicas a las leyes vigentes y no se pisotee ni se ponga precio.

Recordad las emotivas palabras del insigne poeta que al regresar a la patria evoca el valor de la bandera cuando aún podían verse a la entrada del puerto las canteras y la vieja cárcel y el pedazo de pared donde fueron ejecutados los estudiantes de 1871:

“Si deshecha en menudos pedazos

llega a ser mi bandera algún día…

¡nuestros muertos alzando los brazos

la sabrán defender todavía!”

(Tomado de Granma)

 

1 comentario en “¿Qué sentido tiene la bandera de una nación?

  1. Los límites desaparecen. El uso indiscrimado de símbolos y, como consecuencia, la pérdida de sus significados, es una fiebre global en un mundo donde la hegemonía cultural fortalece cada vez más a un reducido grupo de personas de un, también reducido, grupo de países. En Cuba, donde la cultura de resistencia se fomentara desde el propio proceso de conformación de la nación y la nacionalidad, hoy se observan cambios paulatinos que a menudo son malinterpretados; sí estaremos cambiando pero seguimos siendo cubanos, no lo podemos perder de vista. La bandera cubana como símbolo centra hoy la polémica social provocada por su errónea utilización, sea esto último dado por déficits en los procesos educativos, desconocimiento jurídico, intereses hiper-lucrativos y otros fenómenos que ya se manifiestan. Mucho han deseado los cubanos tener acceso a nuestra insignia, acceso por mucho tiempo limitado a instituciones, centros y presidentes de CDR, ah! qué cubano verdadero no la dejaría ondear gloriosa un 26 de julio o el 1ro de enero, pero con lo que conozco desde niña sé que su vulgarización y mercantilización lacera su orgullo misterioso, que engrandecen la patria mía. Sin embargo he visto cómo un ministro de cultura atavía con el paño a artistas y creadores como reconocimiento, una investidura innecesaria cuando su cubanía la traen en carácter y naturaleza, no obstante se sienten felices al recibirla por la limitación de que goza. Sin embargo cuando la institucionalidad no representa al populus, el pueblo se afianza a sus raíces, a sus símbolos para seguir. Otro fenómeno cada vez más recurrente es el flujo migratorio en todas las direcciones, eso acrecienta la necesidad de identificación-diferenciación de los cubanos a nivel subjetivo, y es a la bandera el símbolo al que mayormente se acercan. Pero ¿quién dijo que llevar puesta la bandera de cualquier forma, poseerla, sudarla, hace más cubano al que la lleve? Hay que amar mucho como decía Martí, el trabajo, a los hijos, el futuro, la vida, la patria, hay que defenderla desde las trincheras que nos toquen y verla ondear soberanamente en esta tierra nuestra. Cosamos cada uno la nuestra con nuestras acciones por ella, le daremos más valor, tendremos derecho a llevar su estrella que ilumina y mata en la frente y hasta la eternidad.

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