En un grano de maíz.

 Por el Dr. Juan Ramón Pentón López y Julio Castellanos Rodríguez

Introducción:

La forma más efectiva de estudiar a Martí, es profundizando en el inmenso capital simbólico que significan su pensamiento y su obra. Fidel fue el discípulo aventajado y su más noble seguidor. Desde niño estudió las ideas martianas y martiano fue en todos los actos de la vida, hasta la muerte. Es por ello que la Sociedad Cultural José Martí, según la perspectiva de su vicepresidente René González Sehwerert, tiene como misión principal consolidar su labor en el sentido de multiplicar y potenciar las ideas de Martí y Fidel, de cultivarlas para “que ambos florezcan en el alma de la Patria”.

En la lucha ideológica que desarrolla la Revolución cubana frente a sus adversarios externos e internos, es indispensable utilizar mejor el pensamiento de Martí y Fidel, acercarlo más a niños, jóvenes y pueblo en general; despojarlo de la reiteración de simples frases que se repiten, en ocasiones como dogmas, sin comprender lo más importante, que es la capacidad imaginativa, su lucidez y el extraordinario valor que asume como objetivo supremo el mejoramiento humano. En estas ideas, se resume el juicio crítico de la destacada intelectual revolucionaria Graziella Pogolotti.

“Un grano de maíz”, en la imaginación de Fidel, no es una simple frase, sino la expresión más elevada de la humildad de un hombre genial que dedicó toda su vida a la patria, sin esperar mérito o recompensa alguna, que no fuera la de alcanzar la felicidad de los hombres.

La historia y la gloria en una humilde piedra.

Una de las personalidades más celebres del siglo XX, Fidel Castro, ha desaparecido físicamente, pero su figura de “Caballero Andante” cabalga desde su tumba y roza aún bajo sus talones el costillar de Rocinante. Reposa humildemente en una limpia piedra, ubicada en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, al lado de José Martí a quien, en ocasión memorable, valoró como “el más universal de todos los cubanos”.

Es posible que si se preguntase a notables personas que conocieron al líder de la Revolución cubana, o sencillamente a amigos extranjeros o cubanos más allegados acerca de la personalidad histórica que más él admiraba, coincidan todos en una sola respuesta: José Martí. Fue el Apóstol el mejor maestro del líder de la Revolución cubana, y éste, sin dudas entre todos los cubanos, su mejor discípulo.

Sentía un gran respeto por Martí, por su extraordinario talento, su capacidad intelectual, su firmeza, su fuerza moral, y porque nunca albergó odio contra los demás.

En diálogo con el escritor y periodista español Ignacio Ramonet, Fidel le expresa su concepto sobre Martí:

“! Qué talento y capacidad, que pensamiento, qué fuerza moral! Elabora una doctrina, desarrolla la filosofía de la independencia y un pensamiento humanista excepcional…tenía un pensamiento muy avanzado, antiesclavista, independentista y profundamente humanista” (Ramonet, Ignacio, Cien horas con Fidel, Págs. 45, 51).

La razón que explica su devoción y respeto por el pensamiento de José Martí se manifiesta en los siguientes rasgos: el concepto martiano sobre la unidad entre todos los cubanos, la capacidad de escuchar a los demás, su amor por los pobres de la tierra, su ética cristiana, su visión temprana sobre el imperialismo, su anti anexionismo, su antirracismo, su concepto de la igualdad, la justicia y la dignidad entre los hombres, su excelente arte de hacer política. De hecho, el primer pensamiento político de líder cubano fue el de Martí. Esa es la herencia extraordinaria que dejó Martí a los revolucionarios cubanos y a Fidel.

El líder rebelde conocía profundamente la obra martiana y sus ideas, podía citar con relativa facilidad cualquiera de sus pensamientos, pero entre los más hermosos, el preferido, el que más le agradaba y con el cual más se familiarizó hasta el último minuto de su preciada vida, es el que hace alusión al lugar y el papel de los individuos en la historia y el significado de la gloria en la vida de los hombres.

En el año 1992, cuando para muchos parecía perdida la esperanza, concedió una extensa entrevista al Comandante de la Revolución sandinista, escritor, orador y poeta Tomás Borges. Durante la misma, éste le preguntó por el papel de los hombres en la historia, sobre la inmortalidad y sobre su lugar en la misma. A esa pregunta Fidel respondió refiriéndose a la dosis de subjetividad que tienen los relatos de los hechos de la historia y la historia misma. Le expresó a su interlocutor su profunda convicción de que un revolucionario que esté envuelto en la esfera de la política y la revolución,no puede pensar ni en la gloria, ni en la historia, a pesar de que él conocía a muchos grandes hombres que tenían cierta obsesión por ambas y con toda sinceridad ejemplificó los casos de Napoleón y Bolívar, por quienes sentía, no obstante, una profunda admiración.

Se refirió también a otros que trataron de perpetuarse en monumentos y se construyeron grandes pirámides, templos o residencias para la posteridad, mientras decenas de miles de esclavos morían construyendo aquellas cosas para perpetuar la imagen o la figura de un hombre; sin embargo, señala Fidel, hoy sólo queda la memoria de la arquitectura y las grandes proezas de los ingenieros que las hicieron, mientras, en muchos casos, casi nadie se acuerda de quienes promovieron esas obras.

En un momento de su respuesta le refiere: “Una de las razones por las que yo fui martiano y una de las frases más bellas que en mi vida leí de Martí – y he leído muchas frases bellas de Martí y me han causado un infinito placer mucho de los pensamientos martianos – fue una frase que decía: Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz. ¡Qué pensamiento tan clarividente, qué humildad, qué modestia! Eso es lo que tenía Martí. Tú no ves nunca a Martí hablar de su proyección histórica, ni de su imagen histórica. Tú lo ves consagrado a la obra de la Revolución, al pensamiento de la Revolución”. (Borges, Tomás; Un grano de maíz, Pág. 36).

Conversando tiempo después con Ignacio Ramonet, entre los años 2003 y 2005, el Comandante le expresa al escritor español sobre lo más esencial que él recibió de Martí. “…De Martí, inspiración, su ejemplo y muchas cosas más; pero recibimos, en esencia, la ética, sobre todo, la ética. Cuando él dijo aquella frase, que nunca podré olvidar: Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz, me pareció extraordinariamente bella aquella expresión, ante tanta vanidad y ambiciones que se percibían por doquier, de cuyo acecho, los revolucionarios debemos estar en guardia. La ética, como comportamiento es esencial, y una riqueza que no tiene límites”. (Ramonet, Ignacio, Cien horas con Fidel, Pág. 142).

De esa forma tan sencilla, pero convincente explica el Comandante su respeto y admiración a Martí y cómo entiende él su papel como revolucionario en la historia, la gloria y la posteridad.

Es muy probable que arquitectos o ingenieros cubanos, dirigentes políticos e incluso gran parte del pueblo hayan pensado que, una vez fallecido, al líder de la Revolución cubana le correspondería una gran obra arquitectónica, un gran monumento, incluso un gran templo como tumba, donde reposarían sus restos mortales; que su nombre y su figura se utilizarían para denominar instituciones, plazas, sitios públicos, calles, que se erigirían bustos, estatuas, etc., sin embargo, el deseo de Fidel que redactó en calidad de testamento, es que su nombre y su figura nunca fueran utilizadas para denominaciones y se negaba también a que se erigieran monumentos y efigies.

El periódico Granma cita textualmente lo expresado por el Comandante que se corresponde con su voluntad y su ética: “…carecería de sentido hablar de mi juicio futuro de la historia. Pienso así, sinceramente, lo pienso. A mí me interesa más el prestigio que pueda tener mi país, por su lucha, por su batalla de hoy, no vinculado a mi persona” (Granma, diciembre 28, 2016, pág.5).

Resulta hipotético, pero muy probable que la tumba que definitivamente guarda sus cenizas haya sido diseñada por él. Es una simple piedra de granito gris del cementerio patrimonial Santa Ifigenia, semejante a un grano de maíz. Es ahí donde él quería que se depositaran sus cenizas. A Fidel siempre le preocupó, por encima de todas las cosas, que prevalecieran las ideas y la obra, el lugar que le debe corresponder a las causas justas, a los derechos y la felicidad de los hombres.

Desarmó con su voluntad y su ética a los enemigos más despreciables, quienes se caracterizan por ejercer la pornografía política, la calumnia y la mentira. En entrevista televisiva realizada al intelectual cubano Abel Prieto, Ministro de cultura, éste utilizó una expresión cubanísima del escritor Samuel Feijoo para ridiculizarlos. Abel expresó que ellos celebraron la muerte de Fidel, pero que su alegría es de “caballo capado”, porque Fidel siempre los derrotó en todos los escenarios de la lucha.

Con su expresa voluntad, Fidel también desarticuló y aleccionó a los que dentro de la Isla, han expresado una sutil tendencia a la vanidad, la egolatría y el culto a la personalidad, algunos aún estando vivos, a pesar de que el Consejo de Ministros de la Revolución cubana, dirigido por él, desde el 20 de marzo de 1959, aprobó la ley No 174, mediante la cual se estableció la prohibición de monumentos, estatuas y bustos para homenajear a personalidades nacionales no fallecidas, así como ponerle el nombre de revolucionarios vivos a escuelas, instituciones e instalaciones públicas. Es consecuente su pensamiento con el del Apóstol quien nunca albergó en su persona manifestación de egoísmo ni soberbia, ni de cultivo a sí mismo, puesto que su único sueño era servir a la Patria.

“Toda la gloria del mundo…” Breve historia de la frase martiana.

Si se revisa con detenimiento la obra del Maestro, se observará que en numerosas ocasiones él se refiere al significado de la gloria y el modo en que la alcanzan aquéllos que la pretenden. También utiliza el adjetivo glorioso, sobre todo para ponderar a otros hombres. Pero el pensamiento de referencia así redactado“Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, es poco probable que pueda ser encontrado, porque la frase literal, no es esa.

La frase textual es la que aparece en una de las correspondencias que desarrolla Martí con el General Antonio Maceo a partir del año 1893.

José Martí y Antonio Maceo no se habían encontrado más desde aquel aciago día del año 1884 en Nueva York, cuando se produjo la reunión de ambos con Máximo Gómez, cuyo propósito era llevar a cabo el plan concebido por éste último junto a Maceo para reanudar la campaña independentista de la isla. Martí se retiró del lugar donde se reunieron, manifestó a Gómez su desacuerdo, en carta respetuosa, y guardó, posteriormente, la más absoluta discreción en torno a sus discrepancias con ambos jefes por quienes sentía una gran admiración y respeto. Desde entonces, hasta el año 1893, no hay constancia en las obras del Apóstol sobre comunicación alguna entre él y el Titán de Bronce.

En abril de 1892 es elegido Martí como delegado del Partido Revolucionario Cubano por los patriotas de la Convención Cubana, quienes junto a él habían fundado esa organización. Desde ese año, hasta 1895 el Apóstol realizaría tres viajes a Santo Domingo para entrevistarse con Gómez y dos a Costa Rica para encontrarse con Maceo.

En septiembre de 1892, realiza su primer viaje a Santo Domingo, donde permanece por espacio de doce días, se entrevista con Máximo Gómez, solicita y obtiene los servicios del Generalísimo y firman ambos el Pacto de Santiago de los Caballeros. El 4 de octubre parte de Haití hacia Jamaica, donde cerraría su viaje por el Caribe. Allí se reúne con las asociaciones patrióticas, afiliadas al Partido Revolucionario Cubano y visita y conoce a Mariana, madre de Antonio y a la esposa de éste, María Cabrales. Este es el primer contacto del Maestro con la madre y la esposa de Maceo.

No hay, como se ha expresado, evidencias de correspondencia ni comunicación entre Martí y Antonio, hasta ese momento. Es a partir de 1893 que el primero escribe algunas cartas importantes y enaltece en sus escritos al Titán de Bronce.

El 26 mayo de 1893, partiría de Nueva York a su segundo viaje, también con escala en Santo Domingo para informar a Gómez de los preparativos de la contienda, pero cuyo destino final era Costa Rica, donde se produciría su primer encuentro con Antonio y José Maceo, Flor Crombet, Agustín Cebreco y otros patriotas.

Un día antes de su partida, escribe al General Antonio una carta, donde le informa de su viaje a Costa Rica y hace referencia a la honra de los patriotas de la Guerra Grande y sobre todo a la de aquellos que protagonizaron junto a él la Protesta de Baraguá. Así le expresa en su epístola: “…Con igual tesón vigilo por nuestra Patria, donde no hay problema que no se pueda resolver con honor y justicia,- y por la gloria de los que han creado con sus servicios. Precisamente tengo ahora ante los ojos La Protesta de Baraguá, que es de lo más glorioso de nuestra historia. Ud. Sabrá algún día para lo que vive este amigo de Ud.…”(Martí, O.C. Tomo 2, págs.328-329.).

El 6 de octubre, apenas a un mes de fallecer Mariana, escribe un excelente artículo en Patria donde elogia a Antonio Maceo y a la madre, en todo el vigor y la grandeza de ambos, reconoce la gloria merecida por Maceo y hace referencia a su vida en Nicoya, Costa Rica, donde residen con él otros patriotas y familiares .En elocuentes palabras expresa:

“De la madre, más que del padre, viene el hijo, y es gran desdicha deber el cuerpo a gente floja o nula, a quien no se puede deber el alma; pero Maceo fue feliz, porque vino de león y de leona. Ya está yéndosele la madre, cayéndosele está ya la viejecita gloriosa en el indiferente rincón extranjero, y todavía tiene manos de niña para acariciar a quien le habla de la patria…Y a los que en nombre de Cuba la van aún a ver, les sirve con sus manos y los acompaña hasta la puerta…Jamás parece que aquél hombre pueda, con su serena pujanza, afligir u ofender, por sobra de hecho o parcialidad del juicio, la patria a quien ama de modo que cuando habla, a solas con el juramento de la realidad de ella, del fuego que arde en ella, la alegría le ilumina los ojos y se le anuda la garganta…-Y hay que poner asunto a lo que dice, porque Maceo tiene en la mente tanta fuerza como en el brazo…Firme es su pensamiento y armonioso, como las líneas de su cráneo…”(Patria, O.C. Tomo 4, págs. 452-453.)

En los días finales del mes de noviembre fallece Mariana. El 15 de diciembre de 1893 escribe Martí dos cartas a Antonio donde le informa sobre la labor que él ha desarrollado desde que se vieron en Costa Rica y estuvieron en constante entrevista a mediados de año. Al final de la primera, le manifiesta el profundo sentimiento que lo embarga por la muerte de su madre:

“Y de su gran pena de ahora ¿no ve que no le he querido hablar? Su madre ha muerto. En Patria digo lo que me sacó del corazón la noticia de su muerte: lo escribí en el ferrocarril, viniendo de agenciar el modo de que le demos algún día libre sepultura, ya que no pudo morir en su tierra libre: ese, ese oficio continuo por la idea que ella amó, es el mejor homenaje a su memoria. Vi la anciana dos veces y me acarició y miró como a hijo, y la recordaré con amor toda mi vida”.(Martí, O.C. Tomo 2, pág.460).

Es precisamente en esta carta donde Martí enuncia el pensamiento de cuya interpretación o lectura se ha derivado la expresión: “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz” En la misma, le expresa a Maceo la idea en cuestión: “…Yo no trabajo por mi fama, puesto que toda la del mundo cabe en un grano de maíz, ni por bien alguno de esta vida triste, que no tiene ya para mí satisfacción mayor que el salir de ella: trabajo para poner en vías de felicidad a los hombres que hoy viven sin ella…”(Martí, O.C. Tomo 2, pág.459).

Fidel estudió desde niño en las escuelas santiagueras. Después de pasar los primeros grados, hasta el quinto, en el Colegio de La Salle, en Santiago de Cuba, pasó al Colegio de Dolores de los jesuitas en esa ciudad, donde realizó la enseñanza secundaria y posteriormente hace el bachillerato en el Colegio Belén, también jesuita,de Marianao, donde permanece hasta que matricula en la Universidad de La Habana.

En consulta realizada al asesor de la Oficina del Programa Martiano Jorge Lozano Ros, éste explicó que la lectura que se le dio a la frase martiana en las escuelas santiagueras donde estudió Fidel de niño y adolescente, es el resultado de la interpretación realizada por el autor Rafael Argilagos sobre la misma en un libro de selección de frases martianas de varios tomos titulado Granos de Oro, que fue publicado en 1918, mucho antes que salieran las Obras Completas de Martí. Es por ello que siempre se ha citado tal como lo hace Fidel en las conversaciones con el Comandante nicaragüense y con Ramonet. Al fin y al cabo, las frases no son literalmente las mismas, pero encierran el mismo significado.

Epílogo.

En Santa Ifigenia reposa, desde su gloriosa caída por la Patria en Boca de Dos Ríos, José Martí, el genio político que consideró a Cuba y Las Antillas como el punto exacto del equilibrio del mundo que debía salvarse. A su lado descansa, en una humilde piedra, semejante a un grano de maíz, que encierra toda la gloria mundo, su mejor discípulo,el líder inmortal de la Revolución cubana, el eterno idealista, el humanista excepcional, el hombre que más ha contribuido, con el extraordinario poder de sus ideas y su labor práctica revolucionaria a nivelar la balanza martiana y salvar ese equilibrio, en las Américas, en África y otros rincones del mundo que han conocido de su existencia, de sus sueños y han recibido siempre el mensaje o el apoyo oportuno desde la Isla de sus utopías.

Bibliografía

Borges, Tomás; Un grano de maíz. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, Cuba, 1992.

Castro, Fidel; Periódico Granma, diciembre 28, 2016

Martí, José; Obras Completas, tomo 2, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975

Martí, José; Obras Completas, tomo 4, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975

Pogolotti, Graziella; Nuestro Patrimonio. Periódico Granma, diciembre 23, 2017.

Ramonet, Ignacio, Cien horas con Fidel, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006.

 

1 comentario en “En un grano de maíz.

  1. Interesante reflexión sobre dos gigantes de nuestra historia, y de el origen de una frase que los distingue , frase que nos debe acompañar siempre prediciendo nuestros valores.

    Fidel, puente material del ideario martiano nos estimuló a conocer su obra , a materializarla a partir de su propia contribución , la de imbricar el pensamiento de Martí con el marxismo – leninismo . Ahora se nos presenta un reto , seguir profundizando y haciendo nuestro el ideario martiano y desde él incorporar al que hacer cotidiano el legado de Comandante en Jefe.

    Privilegio de los cubanos el tener dos genios políticos, José Julian Martí Pérez y Fidel Castro Ruz.

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