Análisis antropológico y socio-histórico sobre lo principales retos que enfrenta el Estado cubano en el fortalecimiento de su política de inserción social y cultural.

Desfile popular, por el aniversario 50 de la proclamación del Carácter Socialista de la Revolución Cubana y de la Victoria Militar de Playa Girón, celebrada en la Plaza de la Revolución José Martí, en La Habana Cuba, el 16 de Abril de 2011. AIN FOTO/Sergio ABEL REYES

 Por el Dr.C. Alfonso Alonso Franquiz

Lo que escribí aquí es parte de un esfuerzo intelectual mayor, que contempla el estudio de los retos que enfrenta la sociedad cubana en el proceso de perfeccionamiento de la política económica y social a raíz de que se efectuara el 6to congreso del Partido (2011) y su 1ra Conferencia Nacional (2012) y el desarrollo del VII Congreso del PCC (abril/16).

Presentamos, a nuestros potenciales lectores, un estudio inacabado. El mismo solo cuenta con el material fáctico correspondiente al primer ciclo en la búsqueda realizada, en torno al análisis de los problemas y retos que debemos enfrentar, cuando se trata de nuevas vías y métodos para acometer tareas estratégicas -que apremiadas por la necesidad de los cambios que impone la movilidad de la estructura socio-clasista de Cuba-, nos prefigura la impronta de un quehacer indagativo que penetre todo el tejido social y nos revele su conformación compleja; que rompa con los cánones tradicionales que la vieja concepción stalinista prefigurara acerca del modelo de sociedad socialista: exenta de sobresaltos ontológicos, de diferencias ideológicas y de contradicciones políticas que la praxis del denominado Socialismo Real impuso en otras latitudes. Todos pagamos nuestra cuota de sueños en torno a la utopía de la llamada “Sociedad Homogénea” Socialista delineada en trabajos teóricos y documentos partidistas.

Se obraba entonces de manera fatua y determinista, se imponían regularidades del desarrollo social desprovistos de los asideros históricos y culturales de los pueblos; se hablaba de la dialéctica de lo general y lo particular pero se hacía brotar de un análisis metafísico y positivista que dejaban a un lado la secularidad y las particularidades del sincretismo cultural de los pueblos. De este modo se negaba el legado teórico de Lenin y se vaciaba de contenido objetivo la complejidad estratégica de la construcción del Socialismo, lo que le hizo un servicio gratuito al Imperialismo a escala global.

A pesar de que nuestra Revolución defendió siempre el proyecto inclusivo martiano de “con todos y para el bien de todos”, tampoco estuvimos libres de omisiones, marginación y tratos que –aunque dispersos, quizás no intencionados y jamás alentados por la política social inclusiva de nuestra revolución- nos dejaban con brechas, frente al reclamo martiano de que la dignidad plena del hombre fuera nuestra ley primera pues, su visión de lo cubano resaltaba la excelsitud de nuestra mezcla étnica, por encima de razas, procedencias geográficas, idiomas y dialectos llegados del terruño primigenio. El “ajiaco” de Don Fernando Ortiz nos daba el sello de dignidad común de lo cubano.

Súmese a todo lo anterior nuestra sui géneris formación de la cubanidad y del papel que desempeñaron las luchas emancipadoras para el surgimiento de nuestra nación en la 2da mitad del siglo XIX. Sí mención superlativa nos concita la actitud patriótica de aquellos nobles patricios cubanos iniciadores de nuestra gesta independentista en 1868, así resulta también la gratitud que toda Cuba le debe al mambisado –de a caballo y, sobre todo de a pie- integrado por la masa irredenta de esclavos liberados y de campesinos humildes.

Poco se avanzaría a partir del 20 de Mayo de 1902 cuando naciera la República –neocolonial, mutilada en sus más sentidas aspiraciones independentistas-, sobre todo quedarían olvidados los aportes del pensamiento filosófico y político –que desde Varela hasta Martí- habían sedimentado cómo debía ser la República nacida del torrente de heroísmo y victoria que significaran los más de 30 años de lucha independentista. La justicia social, la inclusión de todos y la defensa de nuestra soberanía quedaron truncas.

En virtud de estos antecedentes sobreviene la última gesta de liberación nacional a mediados del siglo pasado en Cuba. El triunfo revolucionario del 1ro de enero de 1959 abrió una nueva etapa histórica para nuestro pueblo que, pese a errores y aciertos, estos más de 50 años nos han convertido en un pueblo que – sin perder los rasgos identitarios esenciales provenientes de su devenir- contiene hoy una estructura, composición y perfiles de identidad nuevos, de los cuales una parte fundamental son expresión de los valores culturales aportados por la obra de la revolución.

Resumimos así casi doscientos años del proceso de formación, consolidación de la cubanía, de surgimiento de la nación y del despertar de la conciencia nacional y de clase que trajo consigo la revolución socialista en nuestro país. En este proceso histórico el pueblo ha sido el protagonista y el héroe colectivo. Y no se puede entender la dinámica de esos cambios sin tener en cuenta los que le han acontecido al pueblo como sujeto de su propia historia. Él fue forjando su fisonomía actual y la compleja estructura que lo sostiene. Por ello sostenemos la necesidad de remitirnos a él siempre que tenga lugar un profundo cambio que la vida económica, social, política y cultural en nuestro país.

Tres etapas de establecimiento y desarrollo conforman el decursar de nuestra Revolución:

  • De 1959 a 1975 donde tiene lugar el paso de la revolución democrática-popular, agraria y antimperialista a la revolución socialista y el comienzo de la edificación del socialismo cubano.
  • De 1976 hasta 1990 en que transcurre la institucionalización, la profundización de los perfiles del modelo estratégico de desarrollo económico y social del país bajo la brújula de un desarrollo agrario industrial. Este sería entonces el rasgo fundamental del modelo económico de la futura sociedad socialista en Cuba.
  • De 1990 hasta la actualidad, en que se produce la fractura telúrica de aquel modelo de edificación socialista para nuestro país, teniendo como causa exógena la desaparición del otrora Campo socialista y la desintegración de la URSS.

La profunda crisis económica, que desde entonces hemos padecido, se vio acompañada del arreciamiento del bloqueo económico de los EEUU y por errores que se cometieron al diseñar la política de resistencia en estos duros e inéditos años del llamado “Periodo Especial”. Sólo la conducción de la dirección histórica de la revolución y la resistencia heroica del pueblo al enfrentar todo tipo de carencias, hicieron el milagro de la permanencia histórica del ejemplo de Cuba en medio de una de las etapas más graves de reflujo histórico que las fuerzas revolucionarias y los pueblos hayan enfrentado jamás.

En tal contexto de más de 50 años la obra integral de la revolución cubana produjo un escenario de profundas transformaciones materiales y espirituales, poco a poco la impronta de los logros obtenidos consignaron un sello histórico: ya no éramos el mismo pueblo, ni el mismo país. En cada experiencia vital de vida se produjeron cambios esenciales. La familia cubana se vio envuelta en el “fuego cruzado” de la exacerbación de la lucha de clases, las definiciones políticas, confrontaciones y sismas internos cuando –compelidos por la dinámica de los cambios revolucionarios- se tomaba partido a favor o en contra y se alistaban, algunos de sus miembros en las filas que conformaban uno u otro polo de la contradicción dialéctica antagónica: revolución vs contrarrevolución.

Pero la revolución social no lo cambia todo de golpe, ella es un proceso histórico que gravita sobre generaciones enteras de mujeres y hombres que la viven. Y en él tienen lugar zigs zas, errores, tendencias negativas, avances y retrocesos profundos, recepciones desvirtuadas en la conciencia social o individual y hasta aprehensiones cognitivas signadas -por un alto grado de escolaridad promedio- pero distanciadas de las más elementales normas de convivencia social, de cultura del trato y de valores inherentes al modo de vida colectivista, solidario, patriótico, honesto y honrado que refrenda el socialismo. Como dijera Che Guevara, es el reflejo de la vieja sociedad haciendo mella en la conciencia y el comportamiento social de los sujetos que deben protagonizar la construcción de la nueva sociedad, será un proceso largo en que se verá venir las cualidades del hombre nuevo.

Cuando se cierran los límites de extensión de nuestro análisis socioclasista a un segmento demográfico tan relevante y poderoso como lo es el de los afrodescendientes cubanos, al mismo tiempo se nos ensancha el análisis y la búsqueda de la verdad científica se complejiza. Se pone de manifiesto el proceso de descubrimiento de las esencias en la misma medida en que el conocimiento científico penetra su objeto de estudio y como un resultado epistémico del ascenso de lo abstracto a lo concreto , los conceptos admiten una nueva riqueza teórica, nuevos campos de dominio e interrelaciones, y los engarces necesarios para el enriquecimiento teórico o el surgimiento de nuevos saberes.

Es una verdad de Perogrullo que desde 1990 para acá la sociedad cubana no es la misma; los derroteros de su avance anterior fueron sepultados o relegados a segundo y tercer plano ante la fatídica crisis económica que nos envolvió. Nos nació una economía de emergencia y una voluntad de resistencia a toda prueba, pero estas no pudieron detener el deterioro de los niveles de vida y los logros sociales alcanzados en 30 años de revolución, ni el nuevo haz de manifestaciones sociales adversas que la crisis trajo consigo.

Si bien no hubo un grito a coro de “sálvese el que pueda” y el Estado revolucionario hizo lo indecible para lograr que esto no ocurriera, lo cierto es que la sociedad cubana comenzó (junto al decrecimiento económico abrupto: con una caída pico del 35% del PIB en 1993) a estratificarse, a desrregularizarse en el comportamiento social, a notar el surgimiento de diferencias económicas y conductas individualistas de egoísmo, de consumismo, de culto a la banalidad cultural, etc. Todo ello acompañado de manifestaciones de indisciplina social, robo, prostitución, comercialización ilícita de nuestro patrimonio cultural y de marginalidad.

Es una realidad que, la interacción entre producción y consumo ha pasado a un estadio caracterizado por los efectos de la desvalorización de las actividades vinculadas a la producción estatal tradicional y una segmentación de mayor profundidad en los niveles de consumo en la cual los niveles superiores no se hallan vinculados de modo parcial o total, directamente a los resultados del proceso de producción…estatales o cooperativos… sino a elementos tales como las propinas, ilegalidades, precios especulativos de coyuntura en los mercados liberados y remesas del exterior.

Si tomáramos como referentes al Turismo y a la entrada de divisas por remesas tendríamos que los aportes brutos de ambas actividades sobrepasan holgadamente los 1500 millones de CUC de ingresos al país. Los más de 75 mil trabajadores del turismo pueden estar pasando a la circulación monetaria o al atesoramiento cifras que oscilan entre 90 o 110 millones de CUC anuales, la entrada de divisas por conceptos de cobros de particulares a turistas pueden estar aportando unos 200 millones; y las remesas lo hacen en el orden de los más de mil millones; mientras que las ventas en divisas podemos estimarlas en cerca de mil millones, de modo que la diferencia no invertida puede estar oscilando entre los 300 y 400 millones de CUC en un año, -esto último sin tener en cuenta los aportes del cuentapropismo en sus más variadas expresiones-, generando también una demanda potencial no satisfecha que de sumarse nos daría en un lustro una cifra de consumo potencial nada despreciable. Sin dudas estos son datos que necesitan precisiones pues han sido deducidos –mediante elaboración propia-, de los existentes a inicios de la 1ra década del XXI, en nuestro país.

La crisis también nos produjo un daño enorme hacia lo profundo de todo el tejido social, el cual laceró valores y códigos de conductas que nuestro pueblo exhibía con orgullo. Aún hoy, estamos recogiendo vientos huracanados dejados por aquella tempestad (una severa crisis económica, cuya causa fundamental fue exógena), llamada eufemísticamente “Periodo Especial”. El éxito mayor de la resistencia de nuestro pueblo (estratégicamente hablando), es la preservación de la revolución y sus conquistas sociales.

Y todas las renuncias y las reformas que tuvimos que realizar lograron –a costa de ceder o modificar partes- preservar el todo: la revolución misma, como garantía del futuro socialista de Cuba.

Ahora toca la etapa de la recomposición de fuerzas y el surgimiento de nuevos estímulos para darle cumplimiento a los Lineamientos Económicos y Sociales del VII Congreso del PCC y a los 100 acuerdos de su 1ra Conferencia Nacional. Y será la etapa en que debemos restañar las heridas y magulladuras de nuestro entorno social, las malformaciones estructurales derivadas de otra concepción del desarrollo, al tiempo que privilegiemos la inclusión social “con todos y para el bien de todos” de nuestro Apóstol.

Hay que añadir la “nueva variable” surgida –a partir del 17 de diciembre del 2014- con los cambios y nuevos retos que introdujo el anuncio del proceso de normalización de las relaciones entre EEUU y Cuba.

Un reflejo de lo anterior lo constituyó la reciente visita del Presidente B. Obama a nuestro país y los discursos que este había pronunciado antes y el contenido del que realizara en La Habana. Una agenda injerencista “de nuevo tipo” se cierne sobre el pueblo cubano. EEUU, ante el fracaso de su política de agresiones de “corte duro”, ahora pretende destruir la unidad del pueblo, desacreditar la obra social de la revolución, mostrar cara de “buenos amigos” ante los jóvenes cubanos y que perdamos el derrotero Socialista, esgrimiendo “que ha fracasado”.

Llegado hasta aquí en nuestro análisis de la complejidad social en que se mueve hoy el cubano, nos sirve de contextualización necesaria para poder abordar los retos de la participación ciudadana en estos procesos de transformaciones donde la inclusión de géneros, razas, grupos de edades, diversidad de orientaciones asociativas, opiniones y puntos de vistas, de preferencias sexuales, culturales y religiosas sean parte del gran calidoscopio existencial que prefiguren la Cuba del siglo XXI a tono con el desarrollo vertiginoso de la ciencia y la tecnología, las comunicaciones, y la informatización de la sociedad. Todo ello nos plantea cambios de Paradigmas, de métodos, estilos y conductas de dirección de la sociedad cubana, vista a través del prisma de la teoría de la complejidad y de la inclusión de nuevos saberes como la bioética.

De las visiones pasadas y del actual imaginario popular debemos aprender a sacar conclusiones que enriquezcan nuestro acervo teórico y, al propio tiempo, nos conciten a la búsqueda renovadora constante que nuestra praxis social. Y en este empeño no puede haber exclusiones ni olvidos hirientes.

El mapa de nuestra denominada estructura socio-clasista actual nos presenta nuevos desafíos. Ellos no sólo están dados en el hecho de que somos distintos en composición étnico-demográfica, en estructura de edades y de género. Esto es sólo una arista de la multiplicidad de manifestaciones que la componen.

En términos de la Lógica Dialéctica Marxista podemos aseverar que cada una de estas designaciones, por separado, contiene una riqueza nueva y cambiante, con elementos mediadores que la codifican y descodifican a tono con la intensidad de los cambios de otros entes del sistema y de toda la estructura social en su conjunto. Esta constante adaptación puede ser considerada en términos informáticos como “nuevas ventanas” que se nos abren para el estudio de las partes del todo.

En el caso que nos ocupa es necesario entender que “existe un modelo cubano de bienestar que se ha incorporado con tanta familiaridad acrítica que ha quedado invisible a nuestros ojos”, y que “de la vida cotidiana en Cuba, por lo general se habla de las dificultades, sobre todo de índole económica, pero pocas veces se escucha hablar de nuestras bondades y fortalezas”.

Esto se pone de manifiesto cuando son nuestros jóvenes quienes en sus respuestas sobre las fortalezas del modo de vida en Cuba lo vinculan solamente con el acceso a la salud, la educación y la seguridad social y efectivamente, estos son los pilares de nuestro modelo socialista, pero para las personas jóvenes constituyen realidades tan asumidas desde la cotidianidad que se tornan demasiado habituales o quedan congeladas en un discurso que, a fuerza de repetición, se hace, por momentos, irrelevante.

Del ejemplo anterior se desprende que esta forma de aprehensión de nuestra realidad constituye un patrón que se extiende a otras manifestaciones societarias de nuestro entorno. Tal es el caso de la inclusión activa en el proyecto de desarrollo y de cambios que hoy tienen lugar en Cuba, con el surgimiento de nuevos grupos societarios, y en la batalla por la igualdad de géneros.

Ya nada nos remite al pasado dejado atrás, antes del triunfo de la revolución cubana, pues las medidas que esta tomara a lo largo de su breve historia de poco más de 50 años nos muestra una nueva realidad participativa y una promisoria perspectiva de desarrollo participativo en el proyecto colectivo de la construcción de un Socialismo Próspero y Sostenible, con actores económico-sociales diversos entre los cuales ya no es un eufemismo la pequeña y mediana propiedad privada, ni tampoco las cooperativas no agropecuarias que –unidas a una creciente inversión de capital extranjero-, como “palancas” impulsoras del desarrollo socialista –con preponderancia participativa de la propiedad social de todo el pueblo- constituye la aspiración del país en los años venideros.

El hecho de que más del 70% de nuestra población haya nacido después del 1ro de enero de 1959 y que el derecho al trabajo sin exclusiones, que tengamos elevados índices de escolaridad, de participación activa de género, raza, religiones etc en el proyecto sociopolítico de la revolución, no nos exime del análisis de lo que nos falta en esta dirección estratégica de desarrollo de la cubanidad inclusiva.

Ante toda la complejidad aquí revelada, la dirección de nuestra Revolución ha delineado políticas de amplio espectro inclusivo, potenciando la participación consciente de todos los ciudadanos, aumentando el papel de los jóvenes, de las mujeres, de negros y mestizos, de hombres y mujeres de todos los sectores económicos y sociales del país, incluyendo a los que representan la propiedad privada y cooperativa.

En el VII Congreso se discutieron las políticas a largo plazo de desarrollo económico y social de país, y el Modelo de Socialismo que nos proyectamos construir. No albergamos dudas que estos documentos le darán fortaleza y continuidad histórica a la Revolución con amplia participación de todo el pueblo, que es el encargado principal de su materialización. Esperemos entonces los resultados históricos de la extensión del Congreso, en el amplio proceso de análisis democrático colectivo, que emprenderemos en los próximos meses.

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