La batalla ideológica que nos acompaña: aclaraciones de principios.

 Por el Dr. C. Alfonso Alonso Franquiz.

En el recinto universitario y en los marcos de la institucionalidad de una sociedad en revolución que con denodados esfuerzo tiene el objetivo de construir el socialismo, resulta pertinente salir a opinar sobre revolución vs contrarrevolución y -más concreto aún entre revolucionario vs contrarrevolucionario- y no por querer aclaraciones epistémicas del tema o por antonomasia, de lo que se trata aquí es de esencias y no de artilugios retóricos.

En correspondencia con este tema tenemos que remitirnos a la conducta, a los hechos -que como decía Lenin son tan materiales y tozudos que uno solo de ellos es capaz de decir mucho más que mil palabras- y por eso lo que vale no es el pregón particular o de grupo, lo esencial radica en cómo se asume la obra social que construimos, el sacrificio de la resistencia cotidiana y la actitud frente a la verdad (respaldada por una actitud responsable, comprometida y digna como ciudadanos) y agréguese también que la unidad en la diversidad, disentir contra lo mal hecho, criticar para mejorar la obra (al estilo martiano de la crítica) no se puede tomar como falso pendón de batalla de ideas.

En nuestro país prima el Estado de Derecho y por tanto la legalidad socialista y los reglamentos de las instituciones, empresas, etc saben cómo actuar en cada caso. Y existen convenios laborales firmados por las administraciones y el sindicato. No estamos huérfanos de legalidad, todo lo contrario. Si una actitud fue deplorable, esta debe ser corregida y el o los infractores deben asumir con hidalguía (con valentía política diría mi padre) y corregirse. Si en cambio no fuera así y necesitáramos corregir decisiones tomadas, no tengo dudas que siempre –en el contexto de una revolución verdadera- habrá los espacios legales para ello.

Quiero consignar un criterio muy personal: Siempre he pensado que la revolución cubana -por apego a la justicia y hasta en ocasiones por paternalismo- ha actuado permisiva, tolerante ante conductas violatorias de la legalidad, plagadas de individualismo y ciertas dosis de malcriadez – que en otros países y contextos nadie admitiría.

Llevado el tema al terreno político soy más tajante aún: me apego al pensamiento de Fidel en Palabra a los Intelectuales y del Che, en el Socialismo y el Hombre en Cuba y la línea vertical de principios de EN CONTRA DEL PUEBLO Y DE LA REVOLUCION, EN CONTRA DE LA UNIDAD ESTRATÉGICA POR EL SOCIALISMO NADA SERA ADMITIDO. No sería digno de nuestra historia y de la resistencia heroica de nuestro pueblo pecar de semejante ingenuidad política, en medio de la correlación de fuerzas políticas que prevalece en nuestro mundo.

Un destacado periodista, presentador y analista político tiene dos célebres frases, en uno de sus programas siempre termina así: infórmese, analice, profundice para que después, como siempre le digo, ¨saque ud sus propias conclusiones¨. Y en otro espacio de análisis de actualidad política nos recomienda (supongo que para evitar que podamos caer en la ingenuidad política de que ante un hecho consumado y una medida tomada por la Revolución cubana, salgan sin una aparente concertación previa –como si fuera un hecho espontáneo de conciencia cívica- los críticos de la misma) que siempre ¨le sigamos el curso al dinero¨.

¿Cuántos contrarrevolucionarios tenemos como oponentes políticos de conciencia, y no por dinero pagado por la potencia imperial que busca plagarnos de carencias y sufrimiento existencial con agresiones de todo tipo? En realidad son muy pocos los que se pueden contar y/o tomar, en consideración de sus actos, una postura de respeto, aún reconociéndoles que históricamente están equivocados.

Y aún si solo fueran razones egoístas las esgrimidas: deseos de ganar dinero, tener un nivel de vida por encima de la media de su pueblo, sueños de grandeza y ambiciones personales, etc nada de eso los justifica. Conocemos que los seres humanos tienen diferentes conductas, disímiles maneras de justificar sus actos, códigos de ética autocomplacientes, fracturas culturales y deudas de formación familiar y educacional que los lastra en la asunción de valores humanos civilizatorios y solidarios.

Es por todo lo anterior que debemos reforzar la educación para la vida desde edades tempranas en la familia, la educación integral con énfasis en el papel de la escuela y los medios de comunicación, el uso de las nuevas tecnologías, las redes sociales, la expansión acelerada de la informatización de la sociedad y una ecología espiritual basada en lo mejor de la tradición ética de la cultura cubana, del pensamiento revolucionario y las luchas por la independencia nacional y la justicia social que fundaron las bases epistémicas de nuestra nacionalidad.

La guerra cultural que se nos hace está sostenida por el monopolio de la información y la comunicación del poder mediático imperial, con políticas concertadas. Y el centro de su atención es ¨ganarse las mentes de los cubanos¨ que como pueblo hemos resistido las restricciones impuestas por la crisis económica denominada Periodo Especial y el genocida bloqueo económico y financiero de los EE.UU contra esta irredenta isla del Caribe que lucha a contracorriente para forjar el desarrollo del país.

La construcción del socialismo próspero y sostenible que el pueblo cubano sostiene como bandera de lucha está cada vez más acompañada por los pueblos, movimientos sociales, nuevas vanguardias políticas de la izquierda internacional, personalidades progresistas de todo el mundo y el reconocimiento de la ONU y otras organizaciones internacionales. Es una batallada llena de esfuerzos y desgaste emocional –que por momentos genera incomprensiones, impaciencia por los resultados en el nivel de vida material individual y familiar de los trabajadores, que trae desgajamientos ideológicos, decisiones de abandonar el país, etc- costos que son dolorosos pero necesarios mientras se forja la recuperación económica que sostenga mejoras salariales cimentadas en la aplicación del principio socialista de distribución de la riqueza: De cada cual según sus capacidades, a cada cual según su trabajo.

Y en nuestras Universidades se forjan los futuros cuadros de dirección de nuestras empresas e instituciones, de nuestras organizaciones de masas y políticas y los conductores de nuestra Revolución a lo largo del siglo XXI. Es por ello que debemos sostener con firmeza que a ellas arribe lo mejor de la juventud cubana, al tiempo que velemos por una instrucción de excelencia y la mejor educación integral posible: con valores y principios que estén al servicio de nuestro pueblo y el futuro socialista de la patria. Esa es la tarea principal que tenemos la actual generación de revolucionarios cubanos. ¡Cumplámosla!.

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