Análisis que sostiene una profunda convicción del pueblo cubano: La Revolución jamás será derrotada.

Donald Trump lanza papel higiénico a los puertorriqueños afectados por los huracanes Irma y María. Foto: Jonathan Ernst / Reuters.

 Por el Dr.C. Alfonso Alonso Franquiz.

De 1990 hasta la actualidad, en que se produce la fractura telúrica de del modelo de edificación socialista para nuestro país (el cual tenía un perfil estratégico Agro-Industrial, a partir de las excelentes relaciones políticas y económico-comerciales basadas en el respeto mutuo, y una división internacional socialista del trabajo), teniendo como causa exógena la desaparición del otrora Campo socialista y la desintegración de la URSS.

La profunda crisis económica, que desde entonces hemos padecido, se vio acompañada del recrudecimiento del bloqueo económico de los EEUU y por errores que se cometieron al diseñar la política de resistencia en estos duros e inéditos años del llamado “Periodo Especial”. Sólo la conducción de la dirección histórica de la revolución y la resistencia heroica del pueblo al enfrentar todo tipo de carencias, hicieron el milagro de la permanencia histórica del ejemplo de Cuba en medio de una de las etapas más graves de reflujo histórico que las fuerzas revolucionarias y los pueblos hayan enfrentado jamás.

En tal contexto de más de 50 años –desde el 1ro de enero de 1959- la obra integral de la revolución cubana produjo un escenario de profundas transformaciones materiales y espirituales, poco a poco la impronta de los logros obtenidos consignaron un sello histórico: ya no éramos el mismo pueblo, ni el mismo país. En cada experiencia vital de vida se produjeron cambios esenciales. La familia cubana se vio envuelta en el “fuego cruzado” de la exacerbación de la lucha de clases, las definiciones políticas, confrontaciones y sismas internos cuando –compelidos por la dinámica de los cambios revolucionarios- se tomaba partido a favor o en contra y se alistaban, algunos de sus miembros en las filas que conformaban uno u otro polo de la contradicción dialéctica antagónica: revolución vs contrarrevolución.

Pero la revolución social no lo cambia todo de golpe, ella es un proceso histórico que gravita sobre generaciones enteras de mujeres y hombres que la viven. Y en él tienen lugar zigs zas, errores, tendencias negativas, avances y retrocesos profundos, recepciones desvirtuadas en la conciencia social o individual y hasta aprehensiones cognitivas signadas -por un alto grado de escolaridad promedio- pero distanciadas de las más elementales normas de convivencia social, de cultura del trato y de valores inherentes al modo de vida colectivista, solidario, patriótico, honesto y honrado que refrenda el socialismo. Como dijera Che Guevara, es el reflejo de la vieja sociedad haciendo mella en la conciencia y el comportamiento social de los sujetos que deben protagonizar la construcción de la nueva sociedad, será un proceso largo en que se verá venir las cualidades del hombre nuevo.

Es una verdad de Perogrullo que desde 1990 para acá la sociedad cubana no es la misma; los derroteros de su avance anterior fueron sepultados o relegados a segundo y tercer plano ante la fatídica crisis económica que nos envolvió. Nos nació una economía de emergencia y una voluntad de resistencia a toda prueba, pero estas no pudieron detener el deterioro de los niveles de vida y los logros sociales alcanzados en 30 años de revolución, ni el nuevo haz de manifestaciones sociales adversas que la crisis trajo consigo.

Si bien no hubo un grito a coro de “sálvese el que pueda” y el Estado revolucionario hizo lo indecible para lograr que esto no ocurriera, lo cierto es que la sociedad cubana comenzó (junto al decrecimiento económico abrupto: con una caída pico del 35% del PIB en 1993) a estratificarse, a notar el surgimiento de diferencias económicas y conductas individualistas de egoísmo, de consumismo, de culto a la banalidad cultural, etc. Todo ello acompañado de manifestaciones de indisciplina social, robo, prostitución, comercialización ilícita de nuestro patrimonio cultural y de marginalidad.

Es una realidad que, la interacción entre producción y consumo ha pasado a un estadio caracterizado por los efectos de la desvalorización de las actividades vinculadas a la producción estatal tradicional y una segmentación de mayor profundidad en los niveles de consumo en la cual los niveles superiores no se hallan vinculados de modo parcial o total, directamente a los resultados del proceso de producción…estatales o cooperativos… sino a elementos tales como las propinas, ilegalidades, precios especulativos de coyuntura en los mercados liberados y remesas del exterior.

Si tomáramos como referentes al Turismo y a la entrada de divisas por remesas tendríamos que los aportes brutos de ambas actividades sobrepasan holgadamente los 1500 millones de CUC de ingresos al país. Los más de 75 mil trabajadores del turismo pueden estar pasando a la circulación monetaria o al atesoramiento cifras que oscilan entre 90 o 110 millones de CUC anuales, la entrada de divisas por conceptos de cobros de particulares a turistas pueden estar aportando unos 200 millones; y las remesas lo hacen en el orden de los más de mil millones; mientras que las ventas en divisas podemos estimarlas en cerca de mil millones, de modo que la diferencia no invertida puede estar oscilando entre los 300 y 400 millones de CUC en un año, -esto último sin tener en cuenta los aportes del cuentapropismo en sus más variadas expresiones-, generando también una demanda potencial no satisfecha que de sumarse nos daría en un lustro una cifra de consumo potencial nada despreciable. Sin dudas estos son datos que necesitan precisiones pues han sido deducidos –mediante elaboración propia-, de los existentes en 1997 en nuestro país.

La crisis también nos produjo un daño enorme hacia lo profundo de todo el tejido social, el cual laceró valores y códigos de conductas que nuestro país exhibía con orgullo. Aún hoy estamos recogiendo vientos huracanados dejados por aquella tempestad llamada eufemísticamente “Periodo Especial”. El éxito mayor de la resistencia de nuestro pueblo es la preservación de la revolución.

Cuba Socialista se irguió como referente mundial de resistencia heroica frente a las adversidades coyunturales que le impuso el reacomodo de fuerzas a escala global –fruto del cambio de correlación de fuerzas sociopolíticas que la traición al socialismo produjera en Europa del Este y en la URSS- y el recrudecimiento de la política hegemónica hostil del Imperialismo Norteamericano contra la postura de resistencia y defensa del Socialismo, asumidas por nuestro pueblo y la dirección histórica de la Revolución.

Y sobrevino la etapa de la recomposición de fuerzas y el surgimiento de nuevos estímulos para darle cumplimiento a los 311 Lineamientos Económicos y Sociales del 6to Congreso del PCC y a los 100 acuerdos de su 1ra Conferencia Nacional. Y ya culminó el proceso de discusión de los documentos aprobados por el 7mo congreso del PCC -en los colectivos laborales, las organizaciones políticas, sociales y de masas, así como con parte importante de nuestro pueblo- y su reelaboración final y aprobación de la Asamblea nacional del Poder popular y el Comité Central del PCC.

Es un imperativo restañar las heridas y magulladuras de nuestro entorno social, las malformaciones estructurales derivadas de otra concepción del desarrollo, al tiempo que privilegiemos la inclusión social “con todos y para el bien de todos” de nuestro Apóstol. Hay que añadir –a partir del 17 de diciembre del 2014- los cambios y nuevos retos que introdujo el anuncio del proceso de normalización de las relaciones entre EEUU y Cuba.

Un reflejo de lo anterior lo constituyó la visita del Presidente B. Obama a nuestro país y los discursos que este había pronunciado antes y el contenido del que realizara en La Habana. Una agenda injerencista “de nuevo tipo” se cernió sobre el pueblo cubano. EEUU, ante el fracaso de su política de agresiones de “corte duro”, tendía destruir la unidad del pueblo, desacreditar la obra social de la revolución, mostrar cara de “buenos amigos” ante los jóvenes cubanos y la pérdida del derrotero Socialista, esgrimiendo “que ha fracasado”. Esto no niega el valor histórico del restablecimiento de relaciones y los acuerdos que esta coyuntura a propiciado en el largo y difícil camino de normalización de las relaciones bilaterales EEUU-Cuba.

Así hemos llegado al discurso de Donald Trump el pasado 72 Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU. El multimillonario Presidente de los EEUU hizo valer la política del garrote contra el mundo. En el caso de nuestro país repitió una declaración política condenada al fracaso: El bloqueo no será levantado hasta que Cuba no haga cambios que satisfagan las pretensiones imperiales de EEUU de subvertir la orientación socialista del sistema político cubano.

En una ¨crónica de final anunciado¨ sobrevendrá el tránsito cronológico de la actual administración; mientras el pueblo cubano habrá continuado la Construcción del Socialismo Próspero, Sostenible, Democrático y Solidario refrendado en nuestra Constitución y en los documentos rectores del 7mo Congreso del PCC.

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