José Martí: creación y Revolución.

Monumento ecuestre de José Martí en el Parque 13 de Marzo de La Habana Vieja.

 Por el Msc. Manuel Mauricio López Mesa

Introducción.

La época actual está en polémica. Se debate entre revolución y adaptación. El pensamiento postmoderno asume la decadencia de la confianza en los últimos siglos, especialmente hacia el progreso en general de la humanidad. Considera que ha habido un cambio en la sensibilidad humana que ha provocado un relajamiento del espíritu humano, el agotamiento de su horizonte, una “crisis del modelo de la razón histórica como la conciencia cultural predominante de nuestros tiempos” (Cano, 2002)

Razón, progreso y emancipación humana significan aceptar el proceso de industrialización del capitalismo occidental como paradigma y de la burocracia como sujeto necesario de este proceso. Las revoluciones sociales son una quimera, una utopía, una fantasía del pasado. El mundo no puede cambiarse, el hombre no es factor de cambio social, no puede ser capaz de poner en práctica un proyecto que solucione los problemas de su existencia, pues “cada cual es, en la multiplicidad de todos los contextos y vicisitudes de su existencia, el verdadero jugador de su destino” (Cano, 2002)

Esta llamada a la inacción, al quietismo, al estaticismo promovida por el pensamiento postmoderno en los últimos años es una llamada a mantener el status quo colonialista y esclavizador del capitalismo, cuyo caldo de cultivo son los valores que preconiza, tales como, el escepticismo y cuestionamiento del poder de la razón, el individualismo, la pérdida de confianza en la idea de progreso, la pérdida de confianza en la idea de vanguardia, el pesimismo y la exaltación al predominio de una élite científica e intelectual que determine en todas las esferas de la sociedad.

Opuestamente, el pensamiento de izquierda, revolucionario, se reorganiza empuñando las armas de la historia. Vuelve al camino de la lucha emancipadora guiado por lo mejor del pensamiento revolucionario anterior, donde revolución y creación constituyen paradigmas del mejoramiento humano.

José Martí constituye, para el pensamiento revolucionario cubano y universal, una fuente inagotable de verdades para orientar la lucha por la libertad y la justicia. La obra martiana es de creación y revolución. Crear para hacer revolución, hacer revolución para liberar la creación. Solo en condiciones de verdadera libertad, al hombre le es dada la plenitud de la creación. La revolución es para el Apóstol el medio humano de conquistar la libertad de creación y no un medio para escalar poderes en la sociedad, ni para mendigar glorias inmerecidas. Toda su labor revolucionaria se concentró en la preparación de premisas para la creación de un mundo nuevo.

Juan Marinello (1975) en el prólogo a las obras completas de José Martí escribió:

“Quien lea estas páginas tocará la medida de un héroe letrado que sólo podrá emparejarse por quien trabaje hasta la muerte por libertar al hombre, ganándole la justicia y levantándolo a la creación inesperada…” (p. 20)

El presente trabajo es una incursión en el estudio de la obra martiana para exponer fundamentos de su pensamiento que permitan enfrentar los embates reaccionarios que la ideología postmodernista ha propagado en los últimos años.

Desarrollo

En muchos de sus trabajos, compilados en las Obras Completas (1975), se revela su quehacer revolucionario por liberar a Cuba del dominio colonialista español y, al mismo tiempo, a la isla de Puerto Rico. En las labores por organizar el Partido Revolucionario Cubano, una de sus más bellas creaciones para hacer la revolución escribió:

“… el Partido Revolucionario Cubano… “ es “…. la ordenación final…” para “tener a la patria en condiciones de vida digna y próspera …”  para “llevar al espíritu de la Revolución y sus métodos la concordia, abnegación y respeto mutuo que han de salvar la república…  es el símbolo visible de la unión de los cubanos de todas las procedencias y de los hombres buenos de todos los países, en la idea pura de la creación y emancipación definitiva de la patria …“ (Tomo 1, pp. 438-439)

En la labor fundacional del Partido, para hacer la “guerra necesaria”, se pone de manifiesto su creatividad intelectual, en la que se respira un profundo sentido de justicia y humanidad, de equidad y humildad. La creatividad martiana dirigida a hacer la revolución se distingue por los profundos juicios éticos que han de alimentar el quehacer de los revolucionarios.

“La guerra por la independencia de un pueblo útil y por el decoro de los hombres vejados, es una guerra sagrada, y la creación del pueblo libre que con ella se conquista es un servicio universal. El que pretenda detener con engaño la guerra de independencia, comete un crimen.”  (Tomo 4, pp. 136-137)

La prédica martiana posee un poderoso basamento ideológico consistente en la revelación de la propia condición humana. En sus discursos y proclamas a los revolucionarios cubanos hace énfasis en los conceptos de vida y lucha que han de iluminar sus conciencias para llevar a cabo la revolución.

“Un pueblo muere y necesita vida: ¿quién lo guía? El instinto. ¿Quién lo salva? Su propia angustia. ¿Con qué fuerzas lucha? Con las de la desesperación. No es la guerra de Cuba un problema de clases, ni de comarcas, ni de grupos; es una guerra por la vida, donde no hay más que dos términos: o mancillar una existencia oscura, preñada de males venideros, o recabar una existencia libre, que abra camino para curarnos de estos males.”  (Tomo 1, p. 154)

La elaboración intelectual y las acciones políticas martianas van marcando un camino hacia la concepción de un hombre nuevo, forjador de un mundo nuevo. Produce conceptos a partir de las realidades que va viviendo; su intelecto se mueve hacia la búsqueda de un mejoramiento humano a través de la razón y la justicia. No aborda la realidad social cubana mediante abstracciones estériles, sino a través de significados concretos que han de guiar la razón y la sensibilidad humanas.

Su concepción del mejoramiento social no radica en absolutizaciones radicales que impongan esquemas a los hombres que habrán de cumplir como metas estrictas y cerradas o como fórmulas milagrosas que al ser aplicadas se obtendrán tales o mas cuales resultados positivos. La sociedad es para el pensamiento martiano un organismo vivo, cambiante, abierto, que puede orientarse al caos si los hombres desatienden su marcha. Una sociedad próspera ha de edificarse con el esfuerzo y sacrificio de todos sus miembros y para ello es necesario producir una organización de vanguardia que los aúne, los atraiga, los cultive y los forme como seres capaces de conseguir tales propósitos, mantenerlos y desarrollarlos, generando en ellos la capacidad de ser dueños de su historia y de trasmitir los valores que van formándose en el proceso, de generación en generación.

“El perfeccionamiento de la sociedad provoca sus imperfecciones; las imperfecciones producen la reacción, y la forma de ésta es la comedia. Nacen los pueblos en la sombra y producen titanes vigorosos, bruscos como sus accidentes primitivos, soberbios como toda expresión de la creación; ésta es la época maravillosa cuya forma de portento y de concreción es la tragedia. Va operándose el desarrollo, y la transición no produce género propio. Luego el cuerpo social se establece; el respeto a las virtudes pasa: de la inteligencia generalmente educada viene la rivalidad, la envidia, la holganza y la soberbia; los vicios exaltan a los hombres puros: la censura nace originada por lo censurable, y el teatro cómico es entonces la forma natural de la saludable y honrada revolución”. (Tomo 6, p. 450)

Se precisa una educación de las virtudes, un colocar en el hombre conocimientos tales que le permitan superar sus propios vicios, lograr una organización social capaz de  generar los medios de su autoperfeccionamiento moral, permitiéndole alcanzar la plena y sincera fraternidad humana.

“Es bella la fraternidad humana: es conmovedora, es pura, es necesaria: la simpatía es su forma, la unión su resultado, la grandeza común su espléndida creación.” (Tomo 6, p. 448)

El proceso educativo social al que convoca Martí en aras de la revolución surge de su  profundo conocimiento de la naturaleza humana. En su proyecto revolucionario está el propósito de liberar a Cuba del colonialismo español que la subyuga, pero también de crear una sociedad nueva con hombres cultos y virtuosos, por lo que insiste en la educación de las virtudes humanas, y la primera virtud es la dignidad, es preciso lograr hombres dignos, para lograr hombres justos.

“El hombre, que lleva lo permanente en sí, ha de cultivar lo permanente; o se degrada, y vuelve atrás, en lo que no lo cultive. A lo transitorio se esclavizan y venden los que no saben descubrir en sí lo superior y perdurable…” (Tomo 5, 284)

Y lo superior y perdurable es precisamente la dignidad y la justicia. El decoro y la justicia son valores martianos esenciales. No es posible una revolución que no dignifique la justicia o que garantice la justicia de la dignidad. Ese es el sentido humano de la revolución.

En las Bases del Partido Revolucionario Cubano se señala:

“Articulo 5 El Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa que considere la Isla como su presa y dominio, sino preparar, con cuantos medios eficaces le permita la libertad del extranjero, la guerra que se ha de hacer para el decoro y bien de todos los cubanos, y entregar a todo el país la patria libre” (Tomo 1, p. 280).

En carta a J.A. Lucena, emigrado cubano en Filadelfia, Nueva York, escribe “el decoro sobre todo, que vale más que la hacienda” (Tomo 1, p. 184) . La dignidad es en Martí un valor superior a cualquier riqueza material.

Si bien el decoro es un valor insuperable, la justicia también lo es. No concibe dignidad y justicia aisladas, la primera presupone a la otra y viceversa. Ser justo es la mejor manera de ser digno.

“… el cumplimiento estricto de la justicia, será, sin embargo, la más inmarcesible de las glorias” (Tomo 1, p. 96)

Considera la justicia como un valor íntimamente ligado al poder

En la vida práctica de las ideas, el poder no es más que el respeto a todas las manifestaciones de la justicia, la voluntad firme ante todos los consejos de la crueldad o del orgullo. (Tomo 1, p. 89)

No es posible avanzar sin cultivar los valores sociales que han de hacer del hombre un ser digno y justo. El hombre posee en su interior las potencialidades esenciales para lograr sus proyectos de vida, todo está en el empeño que ponga para llevarlo a cabo.

“La inteligencia tiene dos fases distintas: la de creación y la de aplicación: cuando aquélla no se une a ésta, hace desventurados y mártires, enfermos incurables del dolor perpetuo de la vida: la de aplicación, con ser menos noble, es más adecuada y necesaria a la existencia: una y otra mezcladas, son el germen escondido del bienestar de un país.” (Tomo 6, p.270)

Así pues, Martí, hace trascender una idea vigorosa para las generaciones de todos los tiempos: creación y aplicación. La aplicación de lo creado conduce a cambios, a modificación del estado de cosas, a revolución, que por lo general muy pocas veces está relacionado con las expectativas de regocijo o júbilo de las personas, más bien es un empeño donde predominan el sacrificio y la abnegación.

“Sólo en el cumplimiento triste y áspero del deber está la verdadera gloria” (Tomo 3, p. 266)

Pero la revolución, entendida como aplicación de la creación, para que no resulte infecunda, ha de ser un proceso ordenado y culto “(de) modo que no quede el decoro de un solo hombre lastimado, ni el sacrificio parezca inútil a un solo cubano, ni la revolución inferior a la cultura del país, no a la extranjeriza y desautorizada cultura que se enajena el respeto de los hombres viriles por la ineficacia de sus resultados y el contraste lastimoso entre la poquedad real y la arrogancia de sus estériles poseedores, sino al profundo conocimiento de la labor del hombre [por] en [la conquista] el rescate y [mante] sostén de su dignidad:–ésos son los deberes, y los intentos, de la revolución” (Tomo 4, p. 100)

Es para Martí, la revolución, un proceso que involucra a todos los elementos componentes de la sociedad, no un proceso unilateral y limitado a uno o algunos aspectos que conforman la misma. Es un proceso creador equilibrado, ningún componente ha de existir en condiciones desproporcionadas respecto a los demás.

“Con recortarle las orejas a un mulo, no se le hace caballo”. Si la revolución es la creación de un pueblo libre y justo con los elementos descompuestos y aún entre sí mal conocidos de una colonia señorial, la obra revolucionaria consiste en fundir y guiar todos estos elementos sin que ninguno de ellos adquiera un predominio desproporcionado, que afloje por los recelos la simpatía de los demás, o por falta de equidad de los ignorantes o de los cultos, ponga la obra revolucionaria en peligro” (Tomo 1, p. 232).

El pensamiento postmoderno, sostenido materialmente por el sistema capitalista neoliberal, en pleno siglo XXI, solo reconoce el éxito allí donde la creación ha conducido al incremento de riquezas individuales, desarrollando en los hombres la cultura del ‘tener’ por encima de la cultura del ‘ser’. No hay ninguna llamada al cultivo de virtudes humanas como vía esencial para superar los males que agobian a la sociedad actual, carece de soluciones a los problemas del hombre, no va a las causas ni a las esencias del estado de cosas, está desprovisto de creación en aras del mejoramiento humano.

Martí revela la poderosa fuerza de la revolución para el desenvolvimiento exitoso de la sociedad, que no ha de ser un evento de personas o grupos aislados, sino el batallar de todo un pueblo por alcanzar su plena emancipación.

“Esta no es sólo la revolución de la cólera. Es la revolución de la reflexión. Es la conversión prudente a un objeto útil y honroso, de elementos inextinguibles, inquietos y activos que, de ser desatendidos, nos llevarían de seguro a grave desasosiego permanente, y a soluciones cuajadas de amenazas. Es la única vía por que podemos atender a tiempo a intereses que están a punto de morir, que son nuestro único elemento de .prosperidad económica, y que nada tienen que esperar de intereses absolutamente contrarios.”  (Tomo 4, p. 192)

La más grande aspiración martiana es la de crear un mundo nuevo. Para ello trazó caminos, organizó a los hombres, emprendió una guerra y ofrendó su vida. Su grandeza radica en su fe en el hombre, en su mejoramiento, en el éxito de las ideas nobles y justas. Su proyecto, intacto, está encaminado hacia ese objetivo. No consiste en satisfacer el interés personal de grupos aislados, sino en el propósito de hacer triunfar una idea que haga realidad la plena satisfacción de todas las personas.

“… la revolución cubana,… no ha de ser el aprovechamiento furtivo de una coyuntura feliz, sino el alzamiento incontrastable y final de la conciencia pública. No ha de ser una aventura, sino la fundación de un pueblo.” (Tomo 5, p. 335)

El proceso de la revolución ha de estar determinado por las convicciones, por las ideas que, siendo resultado de la creación, son el reflejo de una realidad vivida, de un conjunto de hechos acontecidos que promueven en el pensamiento la necesidad de ordenarlos y producir hechos que la modifiquen.

“Conocer y fijar la realidad; componer en molde [ví] natural, la realidad de las ideas que producen o [rechazan detienen] apagan los hechos, y la de los hechos [en con] que [se represan] nacen de las ideas” (Tomo 4, p. 100)

El resultado al que ha de llegar la revolución ha de ser la edificación de una república nueva donde dominen la justicia, el equilibrio, la sinceridad y el culto a la dignidad plena del hombre.

“La patria no es comodín, que se abre y cierra a nuestra voluntad; ni la república es un nuevo modo de mantener sobre el pavés, a buena cama y mesa, a los perezosos y soberbios que, en la ruindad de su egoísmo, se creen carga natural y señores ineludibles de su pueblo inferior. La república, en Puerto Rico como en Cuba, no será el predominio injusto de una clase de cubanos sobre las demás, sino el equilibrio abierto y sincero de todas las fuerzas reales del país, y del pensamiento y deseo libres de los cubanos todos. No queremos redimirnos de una tiranía para entrar en otra. No queremos salir de una hipocresía para caer en otra. Amamos a la libertad, porque en ella vemos la verdad. Moriremos por la libertad verdadera; no por la libertad que sirve de pretexto para mantener a unos hombres en el goce excesivo, y a otros en el dolor innecesario.” (Tomo 2, p. 255)

El 28 de noviembre de 1891, Martí se reúne con los emigrados cubanos de Tampa, donde proclaman 4 resoluciones importantes en relación con el proyecto revolucionario cubano. En la resolución 3ª se proclama que:

“La organización revolucionaria no ha de desconocer las necesidades prácticas derivadas de !a constitución e historia del país, ni ha de trabajar directamente por el predominio actual o venidero de clase alguna; sino por la agrupación, conforme a métodos democráticos de todas las fuerzas vivas de la patria; por la hermandad y acción común de los cubanos residentes en el extranjero; por el respeto y auxilio de las repúblicas del mundo, y por la creación de una República justa y abierta, una en el territorio, en el derecho, en el trabajo y en la cordialidad, levantada con todos y para bien de todos

La revolución en Cuba es un gigante que sólo de si propio, como ya una vez, puede recibir heridas. La revolución en Cuba es el aire que se respira, el pañuelo que la novia regala, el saludo continuo de los amigos, el recuerdo que venga y que promete, el suceso que aguardan todos. En todo está, y en los mismos que no la desean. Nada puede vencerla. La dificultad estaba en ordenarla y darle confianza en sí. Esta es nuestra labor….

La justicia, la igualdad del mérito, el trato respetuoso del hombre, la igualdad plena del derecho: eso es la revolución” (Tomo 3, pp. 105 y 266)

He aquí un proyecto revolucionario concebido de manera equilibrada y justa, fundado en las más altas virtudes humanas en aras del mejoramiento de la nación y de todos los hombres y mujeres del mundo.

Armando Hart Dávalos, refiriéndose al legado cultural de José Martí expresó:

Amar y pensar, he ahí el mensaje martiano que debemos asumir frente a los desafíos que tiene ante sí la humanidad”. (Hart Dávalos. 2006)

Conclusiones

El pensamiento martiano constituye una fuente poderosa de pertrechamiento ideológico para enfrentar las concepciones postmodernistas que incitan al desaliento y al quietismo, llamando a la aceptación y adaptación a las condiciones desequilibradas, injustas e inhumanas impuestas por el capitalismo desde hace más 200 años.

La creatividad martiana en función del proyecto revolucionario cubano implica un proceso creador humanista, que tiene en cuenta y prevé, sobre todos sus componentes, los principales: dignidad, justicia y razón.

Mientras que el pensamiento postmodernista burgués solo tiene en cuenta y absolutiza la posesión y acumulación de riquezas como orientación fundamental hacia el progreso, Martí antepone la “cultura del ser“ a la “cultura del tener”, sin dogmatizar lo primero ni desechar lo segundo, haciendo prevalecer el cultivo de las virtudes como orientación fundamental hacia el mejoramiento humano.

Bibliografía

Cano, Lidia. (2002). El postmodernismo. Temas y tesis fundamentales. Filosofía y Sociedad, Tomo I, p. 249.

_________ (2002) Presupuestos metodológicos para el análisis del postmodernismo. Filosofía y Sociedad, Tomo I, p 258.

Hart Dávalos, Armando (2006, diciembre 8). El legado filosófico de José Martí. Revista Bohemia.

Marinello Vidaurreta, Juan. (1975). Martí en su obra. Obras Completas de José Martí, Tomo 1, p. 20

Martí, José. Obras Completas. Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 1975..

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