Paradigmas martianos para la educación moral y político-ideológica de la sociedad cubana del siglo XXI.

Monumento a José Martí en el Parque de la Libertad en Matanzas

 Por el Msc. Manuel Mauricio López Mesa y el Dr.C. Alfonso Alonso Franquiz.

Introducción

El hablar no es pecado, sino gala; el oír no es herejía, sino gusto y hábito…[1]

La actualización del modelo económico socialista cubano iniciado a partir de los acuerdos tomados en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba celebrado en 2011, se orienta hacia “la preservación y desarrollo en Cuba de una sociedad socialista sustentable y próspera”[2], para lo cual, afirma Raúl Castro, es necesario romper la colosal barrera psicológica que resulta de una mentalidad arraigada en hábitos y conceptos del pasado[3]. La 1ra Conferencia del Partido y su VII Congreso dejaron pautas para la implementación de las políticas aprobadas. En este sentido, una de las fuentes epistemológicas de gran  importancia para contribuir a superar las barreras que lastran los avances que demanda el país, es el pensamiento martiano.

En el presente trabajo se exponen algunas reflexiones de José Martí acerca de antivalores de la conducta humana, infamias, como les llamó él, que actúan como barreras psicológicas obstaculizando los proyectos y aspiraciones de los hombres, que afectan su equilibrio emocional y dañan su inteligencia y disposición para contribuir al mejoramiento humano; y en las que el Apóstol revela enseñanzas que constituyen paradigmas en la educación moral y político-ideológica para contribuir al necesario cambio de mentalidad que exige el logro de una sociedad futura socialista, sustentable y próspera.

 Desarrollo

i…y el que se contenta con el bien para sí; y no cuida de la infamia y la miseria que se comen a los demás, ni es hombre a derechas, ni se salvará de que lleguen a él la infamia y la miseria  públicas![4]

El Apóstol Cubano José Martí, exploró con profundidad en los sentimientos y pasiones de los cubanos y de los latinoamericanos, en su psicología social, sus hábitos, costumbres, tradiciones e historia. Las numerosas reflexiones que en su obra se encuentran, impresionan a tal punto que hace pensar que convive y comparte hoy, con el cubano actual, los mismos desasosiegos, frustraciones y esperanzas; y a su vez, como un padre sabio, noble y generoso, nos sacude por el hombro con firmeza y nos convoca a la prudencia en la búsqueda de un camino hacia el sosiego y la paz interior, en la confianza en las nuevas generaciones y en el convencimiento de que es posible el mejoramiento humano, porque si no cultivamos la confianza en la generación que nace y fe en el mejoramiento humano, estaremos generando infamias y necedades que solo conducen a la despersonalización y la degradación del ser humano. No desdeña la fe ni tampoco la razón, sino que las considera a ambas valores importantes en el camino hacia el logro de la libertad, la paz y el equilibrio del mundo.

En su poemario “El Ismaelillo”, dedicado a su hijo escribe:

HIJO:

Espantado de todo, me refugio en ti.

Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.[5]

Todas las indagaciones y estudios del Apóstol lo llevaron a convencerse de que la única salida para la emancipación plena del hombre, la superación de todas sus enajenaciones, era la revolución. Una revolución que cambie las condiciones de existencia del hombre, que rinda culto al trabajo como actividad que dignifica la especie humana y que le permita desarrollar una vida sosegada, pacífica y laboriosa en favor de su bienestar personal y social. Y apunta:

Por sobre intrigas y traiciones, compraremos, con el trabajo de pobres y de ricos, la república justa…[6]

En diversos trabajos revela actitudes dañinas al hombre, a su deber ser, se opone al fanatismo y al dogmatismo, así como a la absolutización de cualquier tendencia filosófica, política o cultural que se pretenda imponer como única y definitiva verdad. No esquematiza sus conceptos, son de libre acceso, sin esoterismos superfluos, con lenguaje claro y preciso para el lector asiduo. Convoca a la razón, al análisis crítico, al autoexamen de las conciencias, a la búsqueda del equilibrio entre el pensar, el decir y el hacer. Y alega:

Tras las épocas de fe vienen las de crítica… Mientras más confiada fue la fe, más desconfiado es el análisis. Mientras mayor fue el abandono de la razón, con más atrevimiento y energía luego se emplea. De nada nos vengamos nunca tan completamente como de nosotros mismos… El equilibrio no se rompe jamás, ni en los cuerpos ni en las almas. El que no cumple con su deber en esta vida, tiene que cumplirlo luego con intereses… Los que sólo de gozar viven, y ni de merecer con sus esfuerzos la vida que disfrutan ni de cumplir con los deberes que impone se preocupan; van amontonando una deuda formidable, que después, como una cadena, arrastrarán, en existencia sombría, por tiempo contado con intereses.[7]

El deber del hombre está en mejorar las condiciones de su existencia, adaptarlas para su satisfacción y disfrute, en provecho propio y en el de los demás. El hombre crea un sistema de órganos e instituciones con el fin de organizar la vida en sociedad, establece reglas y disposiciones por las cuales ha de guiarse para desarrollar el proceso de vida, reglas que han de responder a las exigencias de las condiciones de existencia del momento histórico en que se vive, las cuales no son eternas ni invariables, pues las condiciones de existencia varían constantemente y las reglas han de ser reajustadas, modificadas y actualizadas. La pérdida de esta perspectiva de vida en el hombre lo hace caer en la oscuridad.

El concepto de revolución, legado por Fidel Castro a la posteridad, contiene: ¨sentido del momento histórico¨ y ¨cambiar todo lo que deba ser cambiado¨. Y es así que el concepto de revolución nos previene de que no exista en nuestra patria cabida para que una generación de hombres no encuentren la perspectiva de su época, la desarrollen y establezcan las reglas pertinentes, aprendan a vivir con ellas y no se acomoden  a ellas pensando que son eternas, incapacitándolos de poder  prever los cambios que se avecinen y reajustar a tiempo las reglas establecidas.

Las  generaciones que nacen bajo las nuevas condiciones de existencia creadas, han de reajustar esas reglas, que ya no responden a la realidad en que viven y están en el deber de modificarlas, de actualizarlas para poder vivir, sin perder de vista la perspectiva con la que se iniciaron las generaciones anteriores. Esta es una regla de oro de la perdurabilidad histórica de las revoluciones sociales y del actuar de los auténticos revolucionarios.

El Apóstol aconseja:

… no se dé a otro,… las riendas de nuestro pensamiento y albedrío, a que por nosotros las mueva, y a su sabor nos guíe y ensille; porque si se usa mal de ellas, como hacen siempre los que se ven con muchas bridas en las manos, habremos naturalmente de dar cuenta del empleo de las riendas que nos fueran dadas por Naturaleza para nuestro propio uso.[8]

Cada generación impone normas de conducta y hábitos propios surgidos de sus anhelos de mejoras sociales,  de sus necesidades y objetivos, y de las reglas de la sociedad han de ajustarse a esas realidades.

En la historia de la humanidad ninguna regla o norma de conducta ha sido eterna, ningún dogma o fe, ninguna filosofía o ideal político ha trascendido sin pasar por el propio filtro modificador de la historia.

La vida social ordenada no culmina nunca; mientras exista la especie humana será eterna, y el hombre en su andar modificará siempre aquello que no le resulte pleno ya sea para satisfacer las necesidades de su cuerpo o los apetitos y fantasías de su espiritualidad. Por ello el fanatismo y el dogmatismo, sea cual sea, orientado por la razón o por la fe, son flagelos que obstaculizan el progreso humano y por lo tanto son ajenos, por antonomasia, al Socialismo.

Es necesario, según Martí, dejar reposar las impresiones que alteran la conciencia y mueven a una conducta instintiva, irracional y desequilibrada, que solo conduce a la destrucción y la despersonalización del hombre. Y expone:

Siempre, después de un diosismo excesivo, ha venido en la historia del mundo el diosismo humano. La fiebre de soberbia se calma; los dioses convencionales quedan deshechos; pero el hombre, descontento de sí o cansado, o incapaz de explicarse por si mismo, o sincero, deja que surja de sí serenamente, como un aroma, el confuso y deleitoso espíritu del Dios que le dio vida; que apretado por los aires, a los vapores y luces de la Naturaleza, con el de los demás hombres, condensa el Dios nuevo. La razón, como un soldado leal, depone las armas después de la victoria en el altar impalpable e invisible de lo maravilloso.[9]

En su visión revolucionaria concibe el advenimiento de una república nueva erigida por un pueblo nuevo. Una república que reúna todos los saberes, todos los oficios y todos los brazos en sus diversos matices y tendencias.

Martí no aspira a una homogeneidad social idílica y quimérica, ni a una unanimidad que enajene a los pueblos del compromiso social principal: el sostenimiento de una unidad en la diversidad, y así forjar un pueblo culto y organizado en una república donde impere la justicia y el culto a la dignidad plena del hombre, tal cual él lo describe así:

Un pueblo está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo, que acapara, y de injusticia, que se rebela: de la soberbia, que sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos: y el gobierno de un pueblo es el arte de ir encaminando sus realidades, bien sean rebeldías o preocupaciones, por la vía más breve posible, a la condición única de paz, que es aquella en que no haya un solo derecho mermado. [10]

Pero el Apóstol advierte que el proceso de creación de ese pueblo libre y justo ha de realizarse con elementos descompuestos y mal conocidos entre sí, y que para fundir y guiar todos estos elementos sin que ninguno de ellos adquiera un predominio desproporcionado[11], han de combatirse las infamias, ya sea por los recelos provocados por la simpatía de los demás, o por falta de equidad de los ignorantes o de los cultos[12], … se han de enfrentar las desvergüenzas del odio, de la envidia y de la cobardía, la ira del deseo, mezquino e impotente, contra la acción, difícil y viril…[13] , que actúan como flagelos que envenenan en la sangre las fuerzas necesarias para conquistar la libertad[14].

Martí previene así de los climas opresivos y de las malas prácticas de dirección donde los  trabajadores, con preparación cultural, científico tecnológica y laboral; poseedores de vergüenza, dignidad y responsabilidad, han tenido que soportar y enfrentar malos métodos de funcionarios, autoridades públicas  -de nivel medio, local y en sus centros de trabajo-  en contubernio con  seguidores y aduladores, infamias tales como: actitudes prepotentes e impositivas, la toma de decisiones insuficientemente convincentes, la imposición de medidas y sanciones inescrupulosas e injustas, y respuestas formales que no contribuyen al establecimiento de un ambiente creativo y respetuoso.

El trabajo político ideológico principal, en la actualidad, es un acto de creación consciente y compulsionador de voluntades, para lo cual se  requiere de la unidad de todos los factores que actúan como sujetos de la dirección consciente de la sociedad, en cualquiera de sus dimensiones. Para ello existe el dossier legal necesario, la voluntad política del Estado de los Trabajadores, los documentos rectores de los Congresos del Partido Comunista y la fuerza de masas del movimiento sindical cubano. Lo anterior difiere de un mal clima laboral que,  por el contrario, solo propicie el descontento, la indisciplina y la desconfianza de los trabajadores.

Hoy la sociedad cubana requiere que se desarrolle una cultura del trabajo tal que permita lograr altos niveles de productividad, para lo cual es imprescindible contar con trabajadores disciplinados y motivados por la actividad que realizan.

A ella le es ajeno el empleo de métodos de dirección caprichosos, arbitrarios o impositivos, en los que predominen el subjetivismo voluntarista y los prejuicios discriminatorios de índole social y política que, lejos de contribuir al logro de esas exigencias, propician el deterioro del ambiente laboral y social en general que son, a su vez, caldo de cultivo para el desarrollo de malas prácticas que niegan el pensamiento martiano y conducen, a ralentizar los procesos de implementación de las políticas aprobadas, en el mejor de los casos, o a traicionar los propósitos edificadores de la nación socialista, próspera, sostenible, democrática y solidaria que todos merecemos.

Con lenguas de traidores debe escribirse en la historia de un pueblo el nombre de quien anteponga la autoridad de su persona o de su camarilla a la concordia y unificación de su país[15]

Es traidor a la república…  el que se quiere poner sobre ella.[16]

Aquí el Héroe Nacional de Cuba condena y castiga la traición, no la obvia, la toma en cuenta en su proyecto como riesgo y peligro que acecha al hombre que quiere una patria justa y equilibrada, al que quiere una vida sosegada y próspera. En sus reflexiones acerca de la misma revela enseñanzas importantes para todos los tiempos.

Los odiadores debieran ser declarados traidores a la república. El odio no construye.[17]

Si una traición te inquieta, castígala y olvídala, que hace daño acordarse de un traidor.

Si una amante te engaña, perdónala sin olvidarla, que el recuerdo de un amor perdido educa el alma en la hermosa enseñanza del dolor.

Si alguien te ofende sin rencor, sin odio, sin ira, de tal manera vuelve por tu dignidad que nadie más te ofenda.

Y si amoríos estériles te agitan, déjalos morir sin pena, que pierde el hombre para la vida verdadera todo el tiempo que en ellos malgasta. [18]

Duele más un amigo traidor, que un amor traidor. ¡La mujer se olvida! Te digo que si la pude olvidar. El amigo no; acaso porque nunca llega a ofender tanto! [19]

iReo es de traición a la naturaleza el que impide, en una vía u otra, y en cualquier vía, el libre uso, la aplicación directa y el espontáneo empleo de las facultades magníficas del hombre![20]

Sin embargo, a pesar de concebir la traición como acto bajo y miserable, no se ciega, no se fanatiza, su amor por la patria es lo primero, su identidad y solidaridad de pueblo es antepuesta al egocentrismo, al odio y la arrogancia y reconoce en los hombres el humano defecto de errar, lo cual da crédito a la Universalidad de su pensamiento revolucionario. Martí deja también un mensaje de unidad social estratégica y de dignificación identitaria, de lo que hoy se denomina ¨lo cubano¨, cuando dice:

¿qué cubano mirará como a enemigo a otro cubano? ¿qué cubano permitirá que nadie le humille? ¿qué cubano, que no sea un vil, se gozará de humillar a otro? Aunque yerre un cubano profundamente, aunque toda el alma nos arda en indignación contra su error; aunque sea un traidor verdadero; aunque llegue a hacernos tan abominable su presencia que nos venga a los labios al verlo o al recordarlo la náusea que producen los infames; aunque arremetamos ante él ciegos de ira, como un padre arremete contra el hijo que lo deshonra ¡ay! cáigansenos los brazos antes de herirlo, porque nos herimos a nosotros mismos. Ha podido errar, ha podido errar mucho, pero es cubano. Que siempre esté la puerta abierta, de par en par, para todos los que yerran. Sólo la grandeza engendra pueblos: sólo los fortifica la clemencia.[21]

Martí tuvo que enfrentarse a múltiples infamias: las propiciadas por inadecuados juicios que ponían en duda su agudeza política, su capacidad de dirección y su condición revolucionaria, así como las promovidas por el gobierno colonial español que minimizaban y menospreciaban su labor como jefe de la Revolución, con la intención de dañar el proyecto independentista.

Otra de las infamias condenadas por el Apóstol cubano es la corrupción. En la Revolución que proyectaba, y en la República que pretendía fundar bajo el lema de ¡Con todos y para el bien de todos!, y cuya ley primera fuera “El culto a la dignidad plena del hombre”, no había cabida para ningún tipo de acto de corrupción. En uno de sus trabajos escribe:

Cuba no es la contentadiza cómplice del gobierno de corrupción que traspasa y pudre lo que le queda allá en la tierra de carácter al país, … Cuba es el clamor de gratitud con que los cubanos dispersos por la tierra entera, acuden, como soldados a la lista, a escribir sus nombres en el nuevo esfuerzo ordenado y generoso… [22]

La sociedad cubana ha sido y es afectada por males entronizados, con fuerza creciente durante la etapa de crisis económica denominada Periodo Especial, donde las ilegalidades, los delitos y atisbos de corrupción germinaron para luego diseminar sus perniciosos efectos, comprometiendo logros de la Revolución y del Socialismo que el pueblo cubano edifica tesoneramente, a pesar del cruento bloqueo impuesto por EEUU a la Isla y sus empeños de subvertir el sistema político constitucional de Cuba.

La batalla político ideológica actual también tiene el propósito de prevenir el peligro de debilitamiento de la disciplina, el control de los recursos y del clima laboral y social que propende a la salvaguarda de las conquistas de la revolución.

Los efectos del delito, la corrupción y el desgobierno, en un país en vías de desarrollo, -en el marco internacional de una crisis económica global-, asediado por el imperialismo internacional, en especial por el imperialismo norteamericano, pudieran ser –de no atajarse con decisión y a tiempo, tal como se viene haciendo- catastróficos para el pueblo, su gobierno revolucionario y el futuro de la patria.

Darío Delgado, Fiscal General de la República de Cuba, en el V Encuentro Internacional sobre la Sociedad y sus Retos frente a la Corrupción, expresó “Es cierto que tenemos hechos de corrupción en nuestra sociedad, como también es cierto que su esencia se violenta al ser el único país de este mundo al que el imperialismo norteamericano lo ha bloqueado brutalmente, para que nos cansemos de luchar, para que renunciemos a lo logrado, para hacer ver a las nuevas generaciones una sociedad sin futuro.”[23]

Y Martí, como si estuviera al tanto de los problemas de su amada patria, dice:

 ICuánto cómplice encuentra la tiranía en la corrupción, en la ambición y en el miedo! Pero nosotros, aunque sea con la tristeza de los sauces, tan recios como dolorosos, podremos desviar la tempestad. [24]

Realmente, la tiranía imperialista del gobierno de los Estados Unidos encontró en la indisciplina, la corrupción y las diferencias sociales que se derivaron como consecuencia de imprescindibles medidas para lograr el sostenimiento del proyecto de justicia social y construcción socialista. Se hizo imprescindible el sacrificio colectivo para ¨salvar el todo¨, entendido este último como la soberanía del país.

Y las diferencias crecieron  al interior del país, siendo el imperialismo yanqui el cómplice idóneo para arreciar con mayor fuerza su asedio a la Revolución intentando desangrarla económicamente, al tiempo que realiza intentos de soborno a  empresarios, funcionarios estatales y políticos, generando casos donde la justicia revolucionaria ha actuado en defensa del Estado  y el pueblo.

Y el Apóstol cubano, en su presencia universal y permanente, previene que:

¨Y cuando el acatamiento a la justicia desaparece, y el cumplimiento del deber se desconoce: infamia envuelve el triunfo y la gloria, vida insensata y odiosa vive el poder.[25]

La repercusión de la crisis económica mundial, la carencia de mercado internacional seguro y el deterioro moral y físico de las producciones de las  empresas nacionales,  se hicieron sentir en grado superlativo al interior de la población del país, en el seno de las familias y centros de trabajo, generando fenómenos sociales que prácticamente no existían en la sociedad cubana, pues la Revolución ya había creado las condiciones para su desaparición. Resurgen a la superficie social la prostitución y el proxenetismo, el delito de cuello blanco, el garroterismo, el vago habitual, los robos con fuerza, el cuatrerismo y otros.

La familia cubana, que con orgullo ostentaba el calor fraternal de los lazos que la unían y la lealtad a los sentimientos en su seno, y manifestaba una sincera alegría al convocarse todos a la misma mesa en las reuniones tradicionales en fechas festivas, se ven impelidas por separaciones abruptas, propiciadas, por un lado, por la propaganda anticubana yanqui, y también, por la tensa situación económica interna, los males sociales, viejos unos y nuevos otros pero todos ajenos a la esencia de la obra revolucionaria que se venía construyendo con logros que impactaban a escala internacional.

Muchos jóvenes, intentando llegar al país más “poderoso” de la tierra, arriesgaron sus vidas tras el ¨sueño americano¨ obedeciendo a la impronta de migrantes económicos, alentados por la perversa Ley de ¨pies secos y pies mojados¨ y donde no pocos compatriotas perecieron inútilmente.

En el dilema histórico de resistir a contracorriente y preservar las conquistas fundamentales de la revolución el pueblo cubano y sus dirigentes siguen enfrentado la peor embestida económica, ideopolítica y mediática que país alguno haya sufrido desde que la revolución triunfara. En la instrumentación de esa política la naturaleza hegemónica, depredadora y militarista del imperialismo utiliza todo tipo de medios bajo la premisa de que ¨todo vale¨ y que la ética que lo asiste e la de ¨no tener ética¨ alguna.

La batalla contra las malas prácticas, las indisciplinas sociales, la corrupción, el delito, el burocratismo, la desidia y la ineficacia en hacer cumplir las leyes frente a los infractores del orden social que el pueblo cubano tiene refrendado en la Constitución, todo ello y más, corroe en el alma del ideal social que se ostenta como conquistas sagradas de la revolución cubana pues mata la iniciativa creadora, destruye sueños y proyectos sanos, embota la inteligencia colectiva de los martianos y fidelistas que luchan por un país socialista próspero y sustentable.

Y en el pensamiento de Martí es previsor y condenatorio a la vez, cuando de males sociales, que en su época constatara, manifiesta:

… el crimen invisible de hoy, la corrupción y el vicio: ¿quién come hoy un pan en Cuba que no lo parta con la desvergüenza?: por allí pasa triunfante el deshonor cubano.[26]

En un escenario complejo, la batalla formativa de los valores que deben sustentar la obra colectiva del pueblo cubano, en pleno siglo XXI, concita más investigaciones acuciosas y holísticas en todas las dimensiones de la sociedad. Y este trabajo modesto solo abre la perspectiva de situarse, en apretada fila preventiva, a tono con los pronunciamientos del Presidente Raúl Castro demandando más control popular y estatal ante conductas individuales y colectivas que atenten contra la legalidad, el orden instituido y la moral revolucionaria.

 Más adelante, en el discurso antes citado, el Fiscal de la República expresa: “De acuerdo a los principios fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico, está definida la política del Estado y del Gobierno para prevenir y enfrentar los hechos de corrupción, sobre la base del imperio de la Ley y la transparencia en el ejercicio de las funciones públicas y la participación ciudadana a través del derecho que  le concede la Constitución de la República de dirigir quejas y denuncias a los órganos y entidades estatales y la obligación de éstos de ofrecerles la respuesta correspondiente. Se eleva la participación popular en lo relacionado con sus derechos a poner en conocimiento de los órganos competentes, los actos de presunta corrupción administrativa u otras  ilegalidades relacionadas con el uso incorrecto de los recursos materiales y financieros públicos, que por cualquier motivo conozcan[27]

Y en su incondicional amor por la revolución, el más universal de los cubanos nos convoca:

Si nuestra patria no puede contar con unos cuantos hijos indiscutibles ¿con quiénes, en su desorden y corrupción, podrá contar? Acudamos pues, antes de que nos corten por pedazos la revolución[28]

Y si el estado general de ilustración en los Estados Unidos os seduce, a pesar de la corrupción, de su metalificación helada, ¿no podremos nosotros aspirar a ilustrar sin corromper?- Yo quiero educar a un pueblo que salve al que va a ahogarse aunque no vaya nunca a misa. [29]

 Conclusiones

Cuando se quiere ser libre, es infamia combatir a los que han merecido serlo, es infamia combatir a la libertad.[30]

El Apóstol cubano expuso en sus obras diversas cuestiones de especial importancia en la educación moral del hombre, las cuales, entre muchas otras, constituyen paradigmas en la orientación ideológica de la estrategia de cambio de mentalidad que hoy exige la aspiración de construir una sociedad socialista sustentable y próspera.

Depositar confianza en las generaciones que nacen y tener fe en el mejoramiento humano.

Rendir culto al trabajo como única vía para modificar las condiciones de existencia del hombre que le permita desarrollar una vida sosegada, pacífica y laboriosa en provecho propio y de la sociedad en general.

Orientarse en una conducta flexible, alejada de actitudes dogmáticas y fanáticas de cualquier tipo, donde predominen la razón, el análisis crítico y autocrítico y el equilibrio entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.

Aspirar a la creación de un pueblo unido y culto, organizado en una república justa, liberada de la falsa unanimidad enajenante e hipócrita y donde la condición única de paz, sea aquella en que no haya un solo derecho mermado.

Castigar y olvidar la traición, y la mentira, generadas por actitudes déspotas –contrarias a la moral revolucionaria-, la arrogancia fanfarrona, la envidia, el odio, la adulación al otro, el desamor y la ingratitud.

Condenar males como el delito, ilegalidades, la corrupción e indisciplinas sociales son parte de la labor formativa del trabajo ideopolitico que previene contra: la infamia que traspasa y pudre el carácter del país, que envenena en la sangre las fuerzas necesarias para fortalecer la libertad,  y que hiere mortalmente la dignidad de nuestros hombres, la pureza de nuestras mujeres y pervierte a la generación que nace.

Bibliografía

  • Discurso del Fiscal General de la República de Cuba, Darío Delgado, en el V Encuentro Internacional sobre la sociedad y sus retos frente a la corrupción. La Habana, 2012.
  • Discurso del Presidente de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz, en la clausura del X Período Ordinario de Sesiones de la Séptima Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Palacio de Convenciones, 13 de diciembre de 2012. “Año 54 de la Revolución”. Granma 14 de diciembre de 2012.
  • Martí Pérez, José Julián. Obras Completas. Edición digital. © Centro de Estudios Martianos. 2001. Ciudad de la Habana. Cuba

[1] José Martí Pérez. Obras Completas. Prólogo al Poema del Niágara, de Juan Antonio Pérez Bonalde. Tomo 7, págs. 229-231

[2] Raúl Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba y General de Ejército, en Discurso en la clausura del X Período Ordinario de Sesiones de la Séptima Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Palacio de Convenciones, 13 de diciembre de 2012. “Año 54 de la Revolución”. Granma 14 de diciembre de 2012.

[3] Idem.

[4] José Martí Pérez. Obras Completas. Tomo 5, p. 392

[5] Idem, O.C. Tomo 16, p. 15

[6] Idem. En: José Inés García. Las escuelas de San Carlos. Tomo 5, pág. 450

[7] Idem. Tomo 22, págs. 199-202

[8] Idem. Tomo 22, p. 200

[9] Idem. Tomo 22, págs. 202

[10] Idem. Tomo 3, p. 304

[11] Idem. Tomo 1, p. 332

[12] Idem.

[13] Idem. Tomo 3, p. 23

[14] Idem.Tomo 1, P. 237

[15] Idem. Tomo 1, p. 479

[16] Idem Tomo 12, p. 329

[17] Idem. Tomo 14, p. 496

[18] Idem. Tomo 18, p. 33

[19] Idem. Tomo 22, p.237

[20] Idem. En: Prólogo al Poema del Niágara, de Juan Antonio Pérez Bonalde. Tomo 7, págs. 229-231

[21] Idem. Tomo 22. p. 56

[22] Idem. Tomo 2, P. 209

[23] Darío Delgado. Discurso en el V Encuentro Internacional sobre la sociedad y sus retos frente a la corrupción. La Habana, Cuba, 2012.

[24] Idem.Tomo 3, p. 128

[25] Idem. Tomo1, p.89

[26] Idem. Tomo 4, p. 390

[27] Darío Delgado. Discurso en el V Encuentro Internacional sobre la sociedad y sus retos frente a la corrupción. La Habana, Cuba, 2012.

[28] Idem.Tomo 3, p. 193

[29] Idem. Tomo 21, p. 16

[30] Idem. Tomo 1. p. 110

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