José Martí: Vanguardia política y el Partido forjador de la Revolución.

Martí, al centro, junto a otros miembros del Partido Revolucionario Cubano. Foto: Granma

 Por el Dr. C. Alfonso Alonso Franquiz

El héroe nacional de Cuba es admirado no solo por la universalidad de su pensamiento y la hondura de sus concepciones teóricas en las más diversas dimensiones de la vida social que le tocara vivir.

En la postrimería del siglo XIX aparecen nuevas corrientes de pensamiento y escuelas que sustentaban nuevas aprehensiones de la realidad capitalista, en su tránsito veloz hacia el imperialismo, su fase superior de manifestación histórica.

En tal contexto complejo Martí se percata de algo poco revelado en él: la necesidad de un detenido estudio y síntesis del pensamiento revolucionario para la comprensión de la necesidad histórica de conducir por vías diversas los procesos de liberación nacional y los democrático y populares como antesalas de la búsqueda de toda la justicia social posible en una fase superior de las revoluciones: la Revolución de los Proletarios en alianza con otras fuerzas trabajadoras.

Muchos comienzan hablando de la necesidad del partido para conducir la lucha y la revolución, lo que no tiene igual fuerza es el análisis previo, que revela el proceso en el cual José Martí comprende el papel de la vanguardia política de las revoluciones. Vanguardia que cumplirá tareas históricas previas: aglutinar su membresía, orientarla, organizarla para la lucha y luego forjar las alianzas necesarias con otras fuerzas capaces de ponerse del lado de los trabajadores, de los humildes, de los deseheredados y hasta de los ¨condenados a 100 años de soledad¨como los acuñara García Márquez.

Viene de lo profundo de la conciencia social colectiva del pueblo cubano, sojuzgado por el poder colonial español la misión que Martí previera para el Partido Revolucionario Cubano.

Se conoce que no es posible una revolución que no dignifique la justicia o que garantice la justicia de la dignidad. Ese es el sentido humano de la revolución.

En las Bases del Partido Revolucionario Cubano se señala:

“Articulo 5 El Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa que considere la Isla como su presa y dominio, sino preparar, con cuantos medios eficaces le permita la libertad del extranjero, la guerra que se ha de hacer para el decoro y bien de todos los cubanos, y entregar a todo el país la patria libre” ..

En carta a J.A. Lucena, emigrado cubano en Filadelfia, Nueva York, escribe “el decoro sobre todo, que vale más que la hacienda”. La dignidad es en Martí un valor superior a cualquier riqueza material.

Si bien el decoro es un valor insuperable, la justicia también lo es. No concibe dignidad y justicia aisladas, la primera presupone a la otra y viceversa. Ser justo es la mejor manera de ser digno.

“… el cumplimiento estricto de la justicia, será, sin embargo, la más inmarcesible de las glorias”.

Considera la justicia como un valor íntimamente ligado al poder. En la vida práctica de las ideas, el poder no es más que el respeto a todas las manifestaciones de la justicia, la voluntad firme ante todos los consejos de la crueldad o del orgullo.

No es posible avanzar sin cultivar los valores sociales que han de hacer del hombre un ser digno y justo. El hombre posee en su interior las potencialidades esenciales para lograr sus proyectos de vida, todo está en el empeño que ponga para llevarlo a cabo.

“La inteligencia tiene dos fases distintas: la de creación y la de aplicación: cuando aquélla no se une a ésta, hace desventurados y mártires, enfermos incurables del dolor perpetuo de la vida: la de aplicación, con ser menos noble, es más adecuada y necesaria a la existencia: una y otra mezcladas, son el germen escondido del bienestar de un país.”

Estas son algunas lecciones que la historia de Cuba nos deja un inestimable caudal de enseñanzas para las actuales y nuevas generaciones de revolucionarios. Y en ella el pensamiento del apóstol tiene una vigencia particular.

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