La responsabilidad global vs los intereses de clases y geopolíticos del imperialismo en el siglo XXI.

 Por el Dr. C. Alfonso Alonso Franquiz

Los terrícolas vivimos en constante zozobra espiritual. Aun cuando, por momentos aparecen destellos de luces ¨apaciguadoras¨, mitigando el estrés colectivo que vive la humanidad, la tendencia real reafirma la visión, casi apocalíptica, que se desprende de la conducta política del Imperialismo –quien a prohijado también el terrorismo, el fundamentalismo religioso, el fanatismo, y el revanchismo geopolítico, entre otros modos de expresar la irracionalidad-  a escala global.

No es secreto que  la vida terrestre puede contarse por milenios, mientras que la vida humana individual apenas tiene límites promedios que no llegan a la centuria. Es por eso que resultan relativamente reciente los viajes de circunnavegación, el inicio del Mundo Colonial Capitalista y su Mercado Mundial, en tanto hablamos de solo poco más de 500 años.

Pero lo no tiene sentido alguno es que la actual generación de seres humanos no haya encontrado aún las vías de supresión del desosiego, de la deshumanización y de la irracionalidad provocada por los sujetos decisores de las políticas responsables del destino futuro de la humanidad. Ellos se autoconsideran  ¨élites de poder¨ y como tal actúan a contrapelo de los intereses fundamentales de toda la humanidad.

Es tanta la brecha existente entre el discurso y la realidad cotidiana actual, que pocos confían en los modos de actuación de los partidos y gobiernos de las principales potencias económicas, militares y políticas del planeta. Al tiempo que aun resulta  prematuro aventurar vaticinios de éxitos sobre las nuevas potencias emergentes y las concertaciones que estas propugnan para consolidar un mundo multipolar: BRICHS, Grupo de Shanghái, Ruta de la Seda, entre otros.

Al mismo tiempo, el sistema capitalista vive, desde la última década del siglo pasado, una ilimitada euforia existencial: La burguesía internacional considera imperecedero su sistema de dominación de los pueblos que cohabitan nuestro planeta. La causa principal de tanto derroche de optimismo ideopolitico obedece a dos razones fundamentales.

Primero: La historia de las últimas centurias ha devenido en contraproducente ejemplo de mala gestión en el manejo de la política –y de las guerras, como expresiones de ésta, por otros medios,- con sus repercusiones nefastas en todas las dimensiones de la vida social y natural de nuestro planeta.

La certeza anterior concita un esfuerzo de memoria colectiva e individual para obtener un cotejo objetivo, racional y responsable de los resultados, positivos y negativos, de los llamados ¨actos civilizatorios¨ de la humanidad, con avances científico tecnológicos y desarrollos del confort y de los estándares de vida promedio incluidos –más allá de todos los ejemplos insultantes de injusticia social, discriminación etnos-raciales, religiosas, culturales, de género, etc- datos que siempre esconden las groseras asimetrías entre pobres y ricos a escala nacional y global.

Pareciera que todo puede reducirse al cotejo de los hechos con el pensamiento y la actuación de los políticos y así poder explicar la ¨fuente¨ -la causa de las causa, dicen los cientistas sociales- del movimiento expansivo de la deuda de justicia social que interpenetra todo el tejido social.

Pero no es así, porque la sucesión de personalidades y de partidos políticos que –aún cuando sustenten pareceres y actuaciones ¨diferentes¨- lo cierto es que nada les cambia el patrón de conducta fundamental: la defensa de la propiedad privada, esa que privilegia la ¨Cultura del Tener¨, el apetito desmedido por el consumo material y la acumulación de riquezas, la que sustenta la apropiación de los resultados del  trabajo ajeno, al tiempo que impone patrones y estándares de vida, de consumo, de modas, y busca sesgar todo intento de subvertir el estado de cosas reinantes a través del derecho burgués,  elevando al rango de ¨modelo democrático¨ el sistema electoral y político que privilegia, vanamente,  la perdurabilidad del Capitalismo.

Hoy todo se solapa con la ¨avalancha¨ mediática de los llamados ¨Centros de Poder Global¨ -nueva formulación perversa que trata de esconder la esencia depredadora, militarista y agresiva del Imperialismo a escala internacional- presentándonos Guerras ¨Inteligentes¨, Culturales y Simbólicas;  así como  ¨Revoluciones de Colores¨ que legitimen las invasiones a otros países;  por espurios intereses clasistas internos, de uno u otro país, o por intereses supranacionales geopolíticos y económicos.

Tales son los casos de Yugoslavia, Irak,  Libia, Siria. Mientras que en América Latina,  EEUU abre el diapasón de recetas injerencistas contra la Revolución Bolivariana, y Golpes Parlamentarios que judicializan a opositores políticos de izquierda, como nueva modalidad de Golpe de Estado.

La segunda razón: Concierne a a ¨vida del planeta¨ y la ¨vida en el planeta¨, en pleno siglo XXI -proclamado como el siglo de la Posmodernidad, del ¨Cambio de Paradigma Civilizatorio¨, el siglo de los Códigos Inteligentes, de la ¨Sociedad del Conocimiento¨ y mucho más- con lo cual se encubre la verdad eutanásica siguiente: La existencia misma del planeta y, más aún, todo tipo de vida en él están seriamente amenazadas.

La ciencia y la tecnología nos dan las claves de las soluciones a encontrar. Hace más de medio siglo se viene hablando de que los llamados Problemas Globales de la Humanidad pueden ser superados, siempre que desaparezcan los horizontes estrechos derivados de intereses clasistas, geopolíticos (tanto nacionales como supranacionales) y surja un clima de responsabilidad colectiva por los destinos globales del planeta y los que lo cohabitan.

La irracionalidad del mercado, el consumismo desmedido, los vicios depredadores de la riqueza colectiva, solo para bien de unas pocas potencias en el mundo actual, nos están dejando sin respuesta oportuna ante el cambio climático y el agotamiento de los recursos estratégicos. Y el punto de ¨no retorno¨ se hace cada vez más nítido y cercano. Pareciera que la humanidad no tiene ¨antídoto¨ para tal irracional y enfermizo comportamiento.

Leer la prensa, escuchar las noticias, intercambiar en las Redes Sociales sobre estos temas no basta. Tampoco bastan las alertas –que ya se hacen tardías y no tempranas, como muchos se aferran en pensar- ni los discursos alentadores y edulcorantes de los cónclaves internacionales conmemorativos, llenos de fanfarria mediática y de pingues avances. Se nos impone un objetivo estratégico: blindar a las actuales generaciones de una tragedia existencial global, derivada de la multiplicidad de hechos cotidianos que irradian desfavores hacia la Madre Naturaleza.

El convite principal está más allá de estrechos intereses de clases o nacionales. Esta afirmación no es la negación de la lucha cotidiana, verdaderamente raigal, de los pueblos por la independencia, la justicia social, los derechos a la soberanía y al desarrollo económico y cultural.

Son razones por las cuales el Imperialismo combate a diario a los revolucionarios, en particular a los comunistas, a los movimientos sociales, feministas, ecologistas, reformadores culturales, etc. Nada que les permita a las fuerzas de izquierda unirse y luchar a ¨contracorriente¨ por un Mundo Mejor queda sin una contundente respuesta imperial y para ello utilizan el inmenso poder económico, militar, mediático y jurídico que poseen. Es por ello que la unidad y la concertación de acciones es, cual Honda de David, las vías para gestar un Frente Común de Lucha Antimperialista a escala global.

Lo anterior es parte del empoderamiento futuro de lo que se vaya alcanzando, en las batallas sociopolíticas que están por venir, y en materia de sostenibilidad vital de los fenómenos y procesos complejos por alcanzar la justicia social, y el compromiso colectivo para con el cuidado de la vida de nuestro planeta.

Cuando se constata la degradación del ecosistema: reducción de bosques y playas, salinización de los suelos, subida constante del nivel del mar, lluvias ácidas, etc; acompañadas de las destrucciones masivas que provocan las guerras, con sus muertes horrendas de civiles inocentes, son solo ¨botones de muestra¨ que suscitan  una inveterada repulsión al Orden Económico Internacional gestado por el Capitalismo.

Y si antes abrazábamos, con fervorosa fe, la defensa de los derechos humanos, hoy extendemos la lucha al manejo responsable de los vínculos hombre-naturaleza, a los derechos inclusivos de todos los pueblos a beneficiarse del desarrollo y niveles de vida que la ciencia y la tecnología proporcionan actualmente.

 La unidad en la diversidad nos convierte en mejores defensores de esta causa global de la humanidad, cuyo sentido revolucionario se origina en la necesidad de preservar la vida  para las actuales y futuras generaciones de terrícolas. Esto último renueva nuestra convicción de que juntos los pueblos pueden y deben lograrlo.

Solo el camino de la lucha por el desarrollo, mediante  la conciencia social responsable y las batallas cotidianas por superar el Capitalismo –enemigo de la perdurabilidad de la vida en la tierra, tal como afirmó recientemente en la ONU el Presidente de Bolivia Evo Morales- y trabajar por sentar las bases de una sociedad más justa, equitativa, solidaria y humanizadora que deje atrás la ¨sinrazón¨ de la explotación del hombre por el hombre.

Las vías para alcanzar los ¨manantiales de la riqueza colectiva¨(bella y sugerente expresión marxista contenida en el Manifiesto del Partido Comunista de 1848), y aparezca la sociedad socialista, impregnada de inclusión social, de programas de desarrollo que cultiven las potencialidades creadoras de grandes masas, y que traigan respeto, fraternidad, humanismo individual y colectivo entre todos los seres humanos, pasan por la lucha de clases, la toma del poder político por los trabajadores y desmontar el régimen de explotación capitalista.

En ese proceso siempre habrá batallas perdidas, retrocesos transitorios, enmienda de errores cometidos, un continuo aprendizaje, nuevas tácticas de lucha, reordenamiento de fuerzas motrices de las revoluciones a realizar en cada país, el uso creciente de la ciencia y la tecnología como ¨herramientas¨ de lucha, el surgimiento de nuevas vanguardias y líderes nacidos del pueblo.

También habrá desaliento, infiltrados y traidores, gestores de ¨terceras¨ y hasta ¨cuartas¨ vías – expresión contumaz de reformismo, revisionismo y oportunismo, émulos de los mejores exponentes de la 2da Internacional, en las postrimerías del siglo XIX- así como ¨apolíticos¨, nihilistas, pusilánimes, aventureros, iconoclastas y fanáticos.

Nada en la sociedad contemporánea es simple, máxime si se trata de la conducta de grandes masas humanas, en tiempos de transformaciones revolucionarias.

Un primer paso histórico consiste en blindar lo alcanzado, en titánica lucha de los pueblos, y poder defender el Mundo Unipolar que viene gestándose. Por eso las fuerzas revolucionarias, junto a todas aquellas fuerzas sociales progresistas pero con diversidad de credos y posiciones ante retos concretos, deben formar un amplio bloque antihegemónico regional contra los intentos ¨restauradores¨ de la derecha latinoamericana, aupada por el Imperialismo.

Amplia unidad en la diversidad y un programa de lucha con objetivos bien definidos para cada etapa de la larga contienda por la conquista del poder y el establecimiento del socialismo es la demanda de la necesidad histórica del siglo XXI.

La feroz resistencia contrarrevolucionaria de la burguesía –a escala de cada país, y la imperialista transnacional a escala global- se convierte en Hidra visible de los males que la revolución socialista, tendrá que vencer.

Esto será un proceso complejo que durará toda una época histórica de la humanidad, donde la concertación de fuerzas políticas de cada país, con una vanguardia de revolucionarios conscientes al frente, cambie la correlación de fuerzas y garantice, por vías democráticas, el cumplimiento del programa revolucionario de los trabajadores en el poder.

Es hacia allá que la humanidad tiene que conducir sus pasos en los marcos de esta época de transición del Capitalismo al Socialismo. Solo entonces la responsabilidad colectiva protegerá los intereses de los pueblos, a la  naturaleza y la vida en el planeta. Y se hará realidad el anhelo de Gabriel García Márquez de que ¨las estirpes, condenadas a 100 años de soledad¨, sí tendrán una 2da oportunidad sobre la tierra.

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