Fidel, la información y la universidad.

Fidel Castro en la Universidad de La Habana. Foto: Roberto Chile.

 Por Luis A. Montero Cabrera*

La universidad es una de las creaciones más humanas. Nuestra especie es la más eficiente en la gestión de información de todo el universo conocido. Los medios naturales de los sentidos (el oído, la vista, la voz, el tacto, el gusto, el olfato) que seleccionó la naturaleza nos permiten su utilización y comunicación óptimas para supervivir. También hemos venido reforzando esa eficiencia a través del tiempo.

Primero inventamos con ese fin la escritura y así registramos en tabletas de barro y piedra la información que antes solo se hablaba. De esta forma logramos que las ideas y los saberes adquiridos por unos trascendieran su propia vida individual y se trasmitieran a otros sin modificaciones, incluyendo a seres que nacerían milenios después de ser escritas.

Una vez emprendido ese camino no hemos cesado de perfeccionar y hacer más útiles los medios disponibles para negociar información. El papel, el libro, la telegrafía, el teléfono, la televisión, y muchos otros dispositivos hoy ubicuos, forman parte de este bregar. El procesamiento de información, actualmente por medios de cómputo electrónico, y su trasmisión a velocidades muy superiores a las de nuestros propios procesos vitales, significan la mayor realización hasta el momento de mucho de lo más humano y hermoso de nuestra existencia.

Pero esto ha requerido que lo que en nuestra aurora como especie era solo un entrenamiento de los padres a su descendencia para que se adaptaran a sus condiciones de vida, alimentación y reproducción, ahora requiere por lo menos de 8 a 12 años de estudio en instituciones especializadas: las escuelas. Y que el saber más especializado y actual solo se pueda impartir en las universidades y otras entidades de la llamada educación superior con años de estudio adicionales.

Los seres humanos tenemos que aprender a gestionar la información que hemos ido acumulando como especie y eso se realiza durante una parte importante e inicial de nuestras vidas en la escuela y en la universidad. Esto también ha conllevado que las instituciones de educación superior que preparan a los destinados para emplearse en las tareas más complejas, se conviertan ellas mismas en generadoras de información, haciendo ciencia y tecnología y enseñando a sus alumnos a hacerlas. Decía Guillermo de Humboldt en 1810:

    “El curso de la ciencia discurre de modo manifiestamente más veloz y vivo en una universidad, donde continuamente se dispone en gran cantidad de inteligencias en verdad más fuertes, vigorosas y jóvenes.” [1].

Se ha convertido en un lugar común de nuestros medios la justa afirmación de que Fidel fue un líder excepcional. Lo que no es tan común es descubrir cuan intensa fue su interacción con las instituciones universitarias. Un maestro en la gestión de información tenía una asociación permanente y obligada con los templos de la creación de conocimientos y de conocedores.

Terminó su formación académica juvenil en una Universidad de La Habana que lo hizo un revolucionario como él mismo afirmara, a pesar de todos los problemas sociales en los que navegaba cuando fue su alumno. Generaciones de científicos cubanos lo vieron visitar e interactuar activamente con las universidades, sus profesores y estudiantes, durante todo el final del siglo XX. Desafortunadamente esas interacciones están relativamente poco documentadas, pero eran cuantiosas en cuanto a su frecuencia e intencionalidad durante mucho tiempo. Los que tuvimos el privilegio de participar en algunas, no las olvidamos, ni tampoco sus nocturnales, sabias y desprejuiciadas polémicas en grupos informales que se formaban en torno a él.

Fidel realizó los mejores postulados de la reforma universitaria de 1962 en ese largo período. Dio lugar a grandes centros de investigaciones en todo el país, a una computadora cubana, a la industria del software, así como a una industria biotecnológica, entre muchas acciones para la ciencia. Pero sobre todo provocó que dispusiéramos de muchas mentes apasionadas por la ciencia en un país que casi nadie consideraba predestinado a otra cosa que producir materias primas, buena música y divertimentos asociados con su clima y sus playas prístinas.

Como colofón, nos regaló el 17 de noviembre de 2005 lo que podría considerarse su testamento político, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Expresiones tan trascendentales como:

    “Estamos hablando de la vida, porque cuando hablamos de universidades hablamos de la vida. ¿Qué son ustedes? Si me hicieran una pregunta ahora mismo, yo diría que ustedes son vida, ustedes (los estudiantes) son símbolos de la vida.

    “Del muro de Berlín el imperio hablaba todos los días; del que se levanta entre México y Estados Unidos, donde mueren ya más de 500 personas por año, pensando escapar de la pobreza y el subdesarrollo, no hablan una sola palabra. Ese es el mundo en que estamos viviendo.

    “Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo.

    “Pero somos idiotas si creemos, por ejemplo, que la economía —y que me perdonen las decenas de miles de economistas que hay en el país— es una ciencia exacta y eterna, y que existió desde la época de Adán y Eva. Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx.

    “En este mundo real, que debe ser cambiado, todo estratega y táctico revolucionario tiene el deber de concebir una estrategia y una táctica que conduzcan al objetivo fundamental de cambiar ese mundo real. Ninguna táctica o estrategia que desuna sería buena.

    “Es tremendo el poder que tiene un dirigente cuando goza de la confianza de las masas, cuando confían en su capacidad. Son terribles las consecuencias de un error de los que más autoridad tienen, y eso ha pasado más de una vez en los procesos revolucionarios.

    “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra.

    “Permítanme decirles que hoy prácticamente el capital humano es, o avanza aceleradamente para ser el más importante recurso del país, muy por encima de casi todos los demás juntos.

    “¡Que no haya URSS jamás aquí, ni campos socialistas disueltos, dispersos!

    “Les advierto que nuestra sociedad va a ser en realidad una sociedad enteramente nueva.

    “…debemos emplear todas nuestras energías, todos nuestros esfuerzos, todo nuestro tiempo para poder decir en la voz de millones o de cientos o de miles de millones: ¡Vale la pena haber nacido! ¡Vale la pena haber vivido!” [2]

* “Es Doctor en Ciencias. Preside el Consejo Científico de la Universidad de La Habana. Miembro de mérito y coordinador de ciencias naturales y exactas de la Academia de Ciencias de Cuba.”

Notas:

  1. HUMBOLDT, W. V., Sobre la organización interna y externa de las instituciones científicas superiores en Berlín. LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica 2005, 38, 283-291.
  2. Castro Ruz, F. Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad, efectuado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2005/esp/f171105e.html (accessed 01/10/2011).

Tomado de Cubadebate

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