José Martí Y Carlos Marx. Dos emancipadores sociales.

Por el M.Sc. Manuel Mauricio López y el Dr.C. Alfonso Alonso Franquiz.

José Martí y Carlos Marx, dos hombres del mismo siglo con más de 30 años de diferencia en edades y de latitudes distantes, cuyas ideas germinaron y se desarrollaron bajo enemigos y situaciones distintas, no llegaron a conocerse, aunque coincidieron en el tiempo; uno más viejo, el otro muy joven. Ambos tuvieron la misma utopía: un mundo nuevo mejor. Ambos impregnaron a los pueblos de la posibilidad real de esa utopía y llenaron sus corazones y mentes de esa convicción.

Las concepciones y convicciones de estos pensadores legítimos han de ser de obligada consulta para analizar y comprender el mundo actual, sus tendencias y rumbos y así, a través del estudio del comportamiento de los hechos, poder vislumbrar “verdades cuantiosas[1] que orienten el accionar revolucionario.

Para José Martí “las verdades reales son los hechos” [2] y “la verdad ideal es el resultado de la reflexión sobre los hechos”[3]. Pero aclara que “los hechos por sí solos nada explican, si la inteligencia no las examina y las fecunda…” y más adelante afirma que “las verdades reales son impotentes si no las animan las verdades ideales”[4]

Es importante y necesario recurrir al Maestro para educar el pensamiento en el esfuerzo por comprender el desenvolvimiento de los complejos y contradictorios acontecimientos de la contemporaneidad, donde los avances de las tecnologías de la información y las comunicaciones mezclan informaciones de todo tipo, contradictorias, falsas, verdaderas, engañosas e insidiosas. Para burlar esas barreras sutiles que entorpecen el encuentro con la verdad han de tomarse en cuenta sus reflexiones sobre la búsqueda y esclarecimiento de la misma, y en cuanto a ello enfatiza:

“Hay que mirar la superficie para ver la verdad. Los pequeños acontecimientos chocan y preocupan: hay que aclararlos y analizarlos para hallar en su fondo los grandes acontecimientos”[5]

Si se miran y analizan con detenimiento los acontecimientos más recientes se visualiza, en la tendencia reorganizativa de las izquierdas, así como también en el reordenamiento de las derechas, un nuevo concepto sobre el mundo, y en estas últimas, su reconocimiento del fracaso de sus innobles y degradantes métodos tradicionales. Algunos humanos podrán  mantener un estatus falso y engañoso durante un tiempo, pero jamás todo el tiempo*. En este sentido el Apóstol afirma que “como verdad eterna se quiere ser lo que no se es”[6] y en consecuencia se constata y confirma tal aseveración con una verdad científica establecida por Carlos Marx: “La «liberación» es un acto histórico y no mental, y conducirán a ella las relaciones históricas, el estado de la industria, del comercio, de la agricultura,…”[7]

La nueva sociedad soñada desde tiempos inmemorables, el mundo nuevo de José Martí, la futura sociedad comunista concebida por la genialidad científica de Carlos Marx y Federico Engels, no es posible lograrla si los hombres no están en condiciones de hacer reales los cambios, si sus convicciones no están conformadas con arreglo a los imperativos de su tiempo, si su comprensión del mundo y sus intereses de existencia individual no son idénticas a los intereses de existencia colectiva. En relación con esa conformación de convicciones Martí enfatiza:

“Nuestro país abunda en gente de pensamiento y es necesario enseñarles que la revolución no es ya un mero estallido de decoro, ni la satisfacción de una costumbre de pelear y mandar, sino una obra detallada y previsora de pensamiento. Nuestro país vive muy apegado a sus intereses y es necesario que le demostremos hábil y brillantemente que la Revolución es la solución única para sus muy amenguados intereses”[8]

En coincidencia de criterios acerca de la conformación de un pensamiento y convicciones revolucionarias, Carlos Marx, en su crítica al materialismo contemplativo e inconsecuente de Feuerbach destaca:

“…de lo que se trata en realidad y para el materialista práctico, es decir, para el comunista, es de revolucionar el mundo existente, de atacar prácticamente y de hacer cambiar las cosas con que nos encontramos”.[9]

¿Cómo fundar una nueva sociedad, un mundo nuevo que garantice el pleno ejercicio y disfrute de los deberes y derechos del hombre?

En Martí hay ideas muy claras y concretas acerca de ese mundo nuevo y cómo fundarlo. En carta al Señor Director de La Opinión Nacional, fechada el 12 de noviembre de 1881 escribe:

“Y se trata de dar definitiva casa a la república; de fortificar sus ruedas, de modo que un vuelco rudo e imprevisto no las desengrane; de privar de medios de victoria a las potencias secretas que minan la obra lenta de los que quieren devolver el hombre al hombre, y arrebatarlo a las castas soberbias; de hacer tan potentes y amables las victorias de una franca, generosa y activa democracia, que toda apelación a gobierno histórico, falsa mejora o falsa honra, no hallen eco en un pueblo hecho ya al saludable gobierno de si propio. Combatir sin odio, fundar sin prisa; reconocer sin cobardía; conciliar sin debilidad; cautivar por el éxito, la prudencia y la buena fuerza que viene de la justicia de la mente, y no de la pesadumbre de las armas… “[10]

Con la creación del Partido Revolucionario Cubano en 1892 y la reorganización del Ejército Libertador con el General Máximo Gómez y el Lugarteniente General Antonio Maceo al frente, Martí conforma un sistema político y militar ético y culto que garantizara la unidad de los cubanos en la consecución de los fines independentistas de la Patria y en la fundación de la nueva República. En el Artículo 4º de las Bases del Partido Revolucionario Cubano se refrenda:

“Articulo 4º: El Partido Revolucionario Cubano no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o con alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud.”[11]

Aunque los contextos históricos en los que se desenvuelven Martí y Marx son muy diferentes, existen presupuestos de lucha comunes entre ambos. El Apóstol para impugnar al régimen colonial español por la consecución de los objetivos independentistas y la fundación de una nación libre y soberana en Cuba, creó el Partido Revolucionario Cubano fundamentalmente con obreros tabaqueros cubanos  residentes en las ciudades norteamericanas de Tampa, Nueva York y Cayo Hueso, quienes conformaron el núcleo del Partido. Vio en los obreros una fuerza social distinguida entre las demás. En carta a Francisco María González, Secretario de la Comisión Recomendadora de las Bases y Estatutos del Partido Revolucionario Cubano escribe:

“Es lo primero, Sr. Secretario, mostrar justo regocijo por el patriotismo, impaciente a la vez que juicioso, con que los clubs de Tampa y New York acogieron por unanimidad, en el día mismo de su presentación, las Bases y Estatutos.

Aprobadas desde su presentación las Bases y Estatutos del Partido Revolucionario Cubano por los clubs de Tampa y New York, pude desde aquel instante, cediendo al afán público, solicitar de Vd., como lo hago hoy. que. en descargo de nuestros deberes, invitara a los clubs de Cayo Hueso, por medio de sus presidentes, a hacer pública la ratificación, y constituir definitivamente el partido…”[12]

En el artículo “El obrero cubano”, publicado en el periódico Patria de 2 de julio de 1892 escribe:

“Patria dice, donde todo el mundo lo oiga, que ha hallado entre los obreros de Cuba algunos de los hombres que con más decoro y juicio preparan el país al orden y república de su libertad, que con sus virtudes de carácter y pensamiento honran más al país cubano”[13]

José Martí no estuvo ajeno al antagonismo clasista entre obreros y burgueses. Sus años de estancia en los Estados Unidos le permitieron conocer esta realidad. En carta al Sr. Director de La Nación con fecha 15 de julio de 1882, le escribe:

“Estamos en plena lucha de capitalistas y obreros. Para los primeros son el crédito en los bancos, las esperas de los acreedores, los plazos de los vendedores, las cuentas de fin de año. Para el obrero es la cuenta diaria, la necesidad urgente e inaplazable, la mujer y el hijo que comen por la tarde lo que el pobre trabajó para ellos por la mañana. Y el capitalista holgado constriñe al pobre obrero a trabajar a precio ruin”.[14]

Carlos Marx desarrolló su lucha por la emancipación de la clase obrera en el interior de naciones libres e independientes, donde .las relaciones capitalistas de producción impulsadas por el desarrollo de la gran industria generaban conflictos sociales que ponían de manifiesto los antagonismos entre la burguesía y el proletariado. Así en 1831 se produce en Lyon, Francia, la primera insurrección de obreros, luego entre 1838 y 1842 se desarrolla en Inglaterra un movimiento obrero nacional conocido como Movimiento Cartista. Los enfrentamientos del proletariado contra la burguesía que recién había conquistado el poder político, pasaron a ocupar el primer plano de la historia de los países europeos más avanzados”[15]

Estos nuevos hechos reales conducen a Marx y a Engels a someter la historia a nuevas investigaciones para encontrar “verdades cuantiosas”, y elaborar “verdades ideales” a partir del conocimiento de las “verdades reales” para fecundarlas y animarlas y hacerlas potentes.

Las verdades ideales a las que llegan los clásicos del Marxismo en este punto consisten en que toda la historia anterior había sido la historia de las luchas de clases, y que estas clases sociales pugnantes entre sí eran en todas las épocas fruto de las relaciones de producción y de cambio, es decir, de las relaciones económicas de su época: que la estructura económica de la sociedad en cada época de la historia constituye, por tanto, la base real cuyas propiedades explican en última instancia, toda la superestructura integrada por las instituciones jurídicas y políticas, así como por la ideología religiosa, filosófica, etc., de cada período histórico”.[16]

Marx y Engels, fundadores de la Asociación Internacional de los Trabajadores en 1864*, incitan al proletariado a realizar la revolución social, pues lo considera su fuerza rectora. En discurso pronunciado el 8 de septiembre de 1872, en la ciudad de Ámsterdam, en mitin realizado por la celebración del Congreso de La Haya, manifiesta que:

“Nuestros emisarios en La Haya han sido los obreros, cuyo trabajo es tan penoso, al igual que en Amsterdam, donde también son los obreros, esos obreros que trabajan dieciséis horas al día. Tales son nuestros emisarios, otros no tenemos; y en todos los países en los que nos presentamos están siempre dispuestos a acogernos con simpatía, puesto que comprenden en seguida que nuestro objetivo es el mejoramiento de su suerte”

Y más adelante enfatiza que el Congreso

“Ha proclamado la necesidad para las clases obreras de combatir en el terreno político, como en el terreno social, la vieja sociedad que se hunde; y nos felicitamos de ver entrar ahora en nuestros Estatutos esta resolución de la Conferencia de Londres.

El obrero deberá conquistar un día la supremacía política para asentar la nueva organización del trabajo; deberá dar al traste con la vieja política que sostienen las viejas instituciones, so pena, como los antiguos cristianos —que despreciaron y rechazaron la política—, de no ver jamás su reino de este mundo.

Pero nosotros jamás hemos pretendido que para lograr este objetivo sea preciso emplear en todas partes medios idénticos”.[17]

La nueva sociedad, el socialismo, esbozado por Marx y Engels, no constituye un “descubrimiento casual de tal o cual intelecto de genio, sino como el producto necesario de la lucha entre dos clases formadas históricamente: el proletariado y la burguesía”[18]

Tal es la visión de Marx y Engels acerca del camino de la humanidad hacia la conquista de un espacio justo y digno para todos “con todos y para el bien de todos”.

Armando Hart Dávalos, Director de la Oficina del Programa Martiano, destaca en muchos de sus trabajos la grandeza de pensamiento de Carlos Marx, Federico Engels y de José Martí, de los cuales ha expresado:

“… hemos afirmado que en la tradición intelectual cubana, se articulan lo mejor del pensamiento universal de más de dos milenios de historia, y que tiene en su cúspide en Europa a Carlos Marx y Federico Engels y en el hemisferio occidental desde Alaska hasta la Tierra del Fuego a José Martí.”[19]

 Amar y. pensar, he ahí el mensaje martiano que debemos asumir frente a los desafíos que tiene ante sí la humanidad”.[20]

[1]José Martí. Otros fragmentos. O.C. Tomo 22, pág. 325. (edición digital)

[2]_________.. No bastan las verdades reales para explicar la ciencia trascendental. Cuadernos de Apuntes. O.C. Tomo 21, pág. 54 (edición digital)

[3]Idem.

[4]Idem.

[5]_________. Notas sobre Centroamérica. O.C. Tomo 19, pág. 95 (edición digital)

* Expresión empleada por Abraham Lincoln, ex Presidente de los Estados Unidos.

[6]________. Apuntes para los debates sobre “El idealismo y el realismo en el arte”. O.C. Tomo 19, pág. 417.(edición digital)

[7]Carlos Marx y Federico Engels. La ideología alemana. Capítulo I. (edición digital)

[8]José Martí. Al General Máximo Gómez. 20 de julio de 1882. O.C. Tomo 1, pág. 169 (edición digital)

[9]Carlos Marx y Federico Engels. La ideología alemana. Capítulo I. (edición digital)

[10]José Martí. OC tomo 14, pág. 197 (edición digital)

[11]________. Bases del Partido Revolucionario Cubano. O.C. tomo 1, pág. 279 (edición digital)

[12]________. A Francisco María González. New York, 23 de marzo de 1892. (edición digital)

[13]________. El obrero cubano. Periódico Patria, 2 de julio de 1892. O.C. Tomo 2, pág. 51 (edición digital)

[14] ________. Carta de los Estados Unidos. O.C. Tomo 9, pág. 322. (edición digital)

[15] Federico Engels. Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico.(edición digital)

[16] Ídem.

*En 1864 representantes de los obreros fabriles ingleses y franceses fundaron, en Londres, la Asociación Internacional de Trabajadores (Primera Internacional Socialista), que aspiraba a acabar con el sistema capitalista. Carlos Marx, que vivía en Londres por esos años, fue elegido miembro del Consejo General provisional de la Internacional y se convirtió en la figura predominante en el seno de la Internacional, redactó sus estatutos y un discurso inaugural muy cuidadoso concebido para salvaguardar la unidad de los objetivos. (N.A)

[17] Carlos Marx. El Congreso de La Haya (Información periodística del mitin celebrado en Ámsterdam el 8 de septiembre de 1872) (edición digital)

[18] Federico Engels. Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico. (edición digital)

[19] Armando Hart Dávalos. El misterio de Martí y de Cuba. Bohemia, 19 de enero de 2007.

[20] El legado filosófico de José Martí. Bohemia, 8 de diciembre de 2006.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *