Entrega.

Ray Cruz firmó una de las más destacadas actuaciones de su aún corta carrera, al meterse bajo la piel del profesor Manuel. Foto: Tomada del portal de la TVC

 Por Pedro de la Hoz

Si midiéramos el alcance de Entrega por los últimos capítulos, sobre todo el del cierre, tendríamos que otorgar una máxima puntuación a la telenovela que acaba de transmitir Cubavisión. En primer lugar, porque después de cabos aparentemente sueltos y conflictos diversos, la trama encontró su justo fiel, tanto en densidad conceptual como en temperatura emotiva.

Yo mismo estuve entre los que dudé en principio de la solvencia de una producción dramática que parecía demasiado abarcadora. Generalmente las propuestas que pretenden diseccionar todas y  cada una de las complejas aristas de una sociedad como la nuestra, quedan en nada. El arte no es un tratado sociológico ni la ficción tiene porqué asumir la perspectiva del ensayo documental.

Al avanzar la exposición de las situaciones dramáticas y quedar mucho más expuestas las vidas de los personajes, Entrega fue ganando altura. La realidad más inmediata, la del día a día, la de un espacio donde confluyen grandezas y miserias pero impera la voluntad mayoritaria de hallar caminos de redención y realización, con sus puntiagudas coordenadas, ascensos y caídas, atrapó a la mayoría de los televidentes, no solo por el hecho de verse de un modo u otro reflejados en la pantalla doméstica, sino por animarlos a mirarse por dentro.

También ello sucedió con los actores y actrices. De eso dio testimonio en las redes sociales Yaisely Hernández (Xiomara) al escribir: «A mí ella (el personaje) me permitió revisarme, hacer un remedial de mi vida, exorcizar algunos demonios que estaban escondidos; creo que aún quedan otros dando vueltas por ahí. El mismo Alberto Luberta (director de la telenovela) no sabe la buena terapia a la que me sometió cuando me llamó para ponerme el traje de Xiomara. Fue como mirarme desde afuera, juzgar ciertas decisiones de mi pasado y confirmar que la mejor fue cuando escogí poner por delante mi felicidad y la de mis hijos y familia en general».

Crédito mayúsculo hay que otorgarle a Amílcar Salatti, el guionista. Nunca perdió de vista al individuo; cada personaje se movió en una cuerda particular, creíble por sus convicciones e imperfecciones, diferente, en relación consigo mismo y con los demás. Reto vencido con la colaboración de Osvaldo Doimeadiós en la conducción de actores, dadas las distancias entre la experiencia y puntos de partida de los integrantes del elenco. La coherencia de la puesta en escena tuvo un puntal en la asesoría de Doimeadiós, y por  supuesto en la fluidez de la puesta en pantalla conseguida por la dirección de Luberta, quien supo subrayar con maestría los momentos de inflexión y curvatura de la trama.

Suelen concentrarse los valores de Entrega en la ventana abierta hacia el estado actual de la pedagogía cubana, los métodos de enseñanza de la Historia y los vínculos entre maestros y discípulos. Sin lugar a duda, Ray Cruz firmó una de las más destacadas  actuaciones de su aún corta carrera, al meterse bajo la piel del profesor Manuel. A mí me interesó mucho más la capacidad e inteligencia de guionista, director y bisoños actores y actrices para que el aula  fuera un muestrario vivo y palpitante de una parte de la juventud cubana que, consciente o no, es depositaria de la continuidad del proceso de transformaciones que nos ha traído hasta aquí y aspiramos se ahonde en los tiempos por venir.

Hay quienes se han sentido incómodos por la inclusión de una subtrama policial, pero la violencia y los bajos instintos tienen entidad suficiente en la vida como para echarlos de lado. Tal vez la insatisfacción provenga por el hecho de que nuestra programación dramática habitualmente responde a compartimentos estancos: al drama lo que es del drama, y al policiaco lo que es del policiaco. El tratamiento de Entrega no podía ni tenía que ser el mismo de un Tras la huella.

Por su sinceridad y transparencia comparto la apreciación del propio Luberta acerca de la telenovela: «Hay proyectos que nos marcan para toda la vida y Entrega es uno de ellos. Con nosotros se queda lo aprendido, se queda el cariño del público, las ilusiones, las expectativas. Con nosotros se quedan los aciertos y los desaciertos, que no fueron pocos; se queda lo que logramos como lo soñamos y lo que no tanto; incluso, se queda lo que no logramos, porque de experiencia nos servirá para próximas entregas».

Tomado de Granma

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *