Reflexiones en torno a la vigencia de la necesidad histórica del Partido Comunista de Cuba (Primera Parte).

Por el Dr.C. Alfonso Alonso Fránquiz. Profesor del Departamento de Marxismo y Miembro de la Dirección del Comité del PCC en la UMCC.

Nos parecía oportuno brindarles  estas modestas reflexiones cuando estamos cumpliendo 110 años de la publicación, por Vladimir Ilich Ulianov (Rusia 1870-1924), de su obra “¿Qué hacer?” y 111 años de “Un paso adelante, dos pasos hacia atrás”. Ambas obras (no son las únicas), complementan la genialidad política del pensamiento de Lenin sobre los problemas cardinales del movimiento obrero socialdemócrata ruso, y de toda Europa, en torno a la teoría y la praxis revolucionaria. ¡Cuánta vigencia tienen hoy las tesis fundamentales desarrolladas por Lenin en ambas obras! Ante esta afirmación algunos podrán preguntarse: ¿Vigencia?; ¿Acaso el mundo no cambió desde entonces?  Ambas interrogantes podemos responderlas afirmativamente y; sobre todo la segunda, merece que nos detengamos en algunas consideraciones tangenciales, en relación con el título de nuestro ensayo. Veamos:

Mucho ha llovido en estos 111 años. El Mundo cambió ostensiblemente, para bien y para mal, según el contenido de la temática que estemos analizando. A nosotros Marxistas-Leninistas convencidos de la justeza de la causa que defendemos, acostumbrados a ver el carácter sistémico, contradictorio y complejo de las relaciones sociales (en todas las esferas de su comportamiento), y los enormes cambios, para mejor, que han tenido lugar desde los albores del siglo XX hasta la actualidad (donde se habla, no sin razón, de las maravillas científico-tecnológicas frutos del pensamiento humano  y de la llamada Civilización “Posmoderna”, etc).

No podemos ocultar el agravamiento de las contradicciones socio-clasistas, donde la brecha entre los centros de poder a escala mundial y su periferia (llámese Norte- Sur, Ricos-Pobres, Desarrollo-Subdesarrollo,  y hasta Civilización-Barbarie Terrorista, entre otras denominaciones o etiquetas acuñadas por los medios de comunicación global) nos conducen a la búsqueda de las regularidades y leyes del comportamiento social; a destacar las invariantes transversales de los procesos históricos; y a determinar las principales tendencias del desarrollo de la humanidad.

Tampoco podemos desconocer que muchos de los nuevos problemas, que hoy aquejan a la humanidad, son más complejos e interpenetran todo el tejido social de la llamada “Aldea Global”, que no es otra cosa que aquella que conocemos como Planeta Tierra (“nuestra única, querida y contaminada nave espacial”) –como bien la definiera Walter Martínez en su estelar programa informativo Dossier-, de modo que no basta con defender la vigencia de las tesis fundamentales de un pensador genial como lo fue Lenin; también es necesario que investiguemos, que ahondemos en las nuevas fuentes de conocimiento, en las causas e interrelaciones profundas de los acontecimientos, procesos y fenómenos de la realidad contemporánea.

Por último, aconsejo a despojarnos del temor que se albergó en nuestra conciencia social, después de la imprevisible caída del llamado Sistema Socialista Mundial y la desintegración de la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (llamada así por la existencia del poder revolucionario de los Soviet,  fundado en 1922).  Ubiquémonos en los años finales de la década de los 80 y no hoy. Y recordemos que uno de los saberes esenciales del investigador social es la objetividad, el “sentido del momento histórico”.  Me refiero al temor (o quizás sólo sea un desmedido e injustificado rubor por lo sucedido; aun cuando muchos sepamos que la validez y justeza de las ideas revolucionarias no se pueden medir sólo por los reveses prácticos que tengan lugar en el proceso de su establecimiento -sobre esta tesis volveré posteriormente-) y que no pocos sentimos, luego de la profusa avalancha informativa y bibliográfica –de “amigos” y de enemigos-, en torno a las causas reales o supuestas de tan colosal revés histórico para  las fuerzas revolucionarias a escala mundial.

Todos conocemos que lo ocurrido no tenía parangón en la historia: ni los reveses transitorios sufridos por la burguesía, cuando se gestaba el régimen Capitalista y ella se comportaba como clase social revolucionaria; ni cuándo La Comuna de Paris; o el fracaso de la Revolución de 1905 en Rusia. Ahora no se había producido un zigzag circunstancial; un “retroceso táctico”, un “repliegue superable”; se nos vino encima un retroceso estratégico, algo anonadante e impensable hasta entonces; aun cuando voces muy autorizadas habían alertado ya –en décadas diferentes-  de los peligros que acompañaban a los graves errores  en la edificación socialista y a los groseros desvíos de la esencia de las ideas fundamentales del propio Lenin, -tal es el caso de las denuncias hechas por Antonio Gramschi y por Che Guevara- por sólo citar dos pensadores relevantes del Movimiento Comunista Internacional.

En la actualidad el valor de las ideas se acrecienta. La era de la Globalización contiene, como uno de sus atributos indeseados, la “dictadura mediática”. Ella es considerada hoy el 2do “Poder Hegemónico Global” y parte inseparable de la perversa “Tríada Hegemónica Imperial”: Poder Financiero, Poder Mediático y  Poder Político. Desconocer esta realidad sobre la composición de fuerzas a escala mundial, constituiría un error de lesa inmadurez política. (1).  El Poder Mediático no sólo colabora en los planes hegemónicos de las principales actores políticos del Imperialismo (cosa que ya venía haciendo desde  los años posteriores a la derrota sufrida por los EEUU en la guerra de Viet Nam, cuando el Pentágono impuso un cerco de silencio a sus acciones guerreristas, condenando a los medios de comunicación a una férrea censura informativa  primero; y a una impúdica “alianza estratégica” con estos, al lograr que se plegaran a las mentiras y falsas campañas desinformativas),  haciendo prevalecer el principio pragmático de Maquiavelo de que “el fin justifica los medios”.(2).

Ahora la realidad es otra: los medios de comunicación elaboran políticas independientes de “dominación global”, cuyos dictados rectores funcionan a favor de las megapolíticas del poder imperial pero,  a la vez, son consustanciales al credo de la metamorfosis informativa; aquella que privilegia la capacidad de generar matrices de opinión que aprueben subvertir la realidad política en países y gobiernos en las más diversas geografías. Para lograrlo cuentan con los avances científico-tecnológicos de última generación; capaces de generar profundos cambios en la realidad, o de “crear” la realidad,  lo que ha sido nombrado como “Realidad Virtual”. Fue así como mostraron arsenales de armas de exterminio masivo que sólo existieron en las imágenes fabricadas por los medios; y vituperantes acciones mediáticas que satanizan la conducta política y cívica de cualquier gobernante que se oponga a los dictados  hegemónicos del imperialismo; o cuyos países tengan importancia económico- estratégica o geopolítica: Tales son los casos de la región de los Balcanes, del Medio Oriente, de Asia Central o de África, por sólo citar algunos ejemplos.

En tiempos del surgimiento y primeros pasos del Imperialismo, cuyos rasgos fundamentales fueron descritos por Lenin en 1916, nada de esta capacidad de los medios de información existía.(3).  El poder político y el del capital financiero descollaban como los principales sostenes del hegemonismo imperial. No obstante Cuba guarda en su memoria histórica el papel desempeñado por la prensa norteamericana para generar una matriz de opinión, en el pueblo de EEUU, a favor de la intervención militar de la Isla, en lo que se conoce como la 1ra Guerra Imperialista de la Historia Moderna. (4). Tampoco olvidamos la alerta dada por nuestro Héroe Nacional: “la guerra que se nos hace es a pensamiento…” y nos conminaba: “ganémosla a pensamiento” (5).

1 comentario en “Reflexiones en torno a la vigencia de la necesidad histórica del Partido Comunista de Cuba (Primera Parte).

  1. Interesante el tema, me gustaría agregar que la existencia del movimiento comunista es una necesidad global, no solo nacional. Hace falta un movimiento comunista del siglo XXI que sea abierto y creador, características del marxismo que se han repetido mucho y se han profundizado poco.
    Los comunistas debemos aprender a utilizar los nuevos códigos visuales y lingüísticos, debemos adaptarnos a las vías de información más novedosas así como a las ideas más atrevidas siempre que tributen a un bien mayor. Nunca he conocido de un revolucionario cabal que se haya caracterizado por el dogma o haya temido a alterar el «orden de las cosas», los marxistas tenemos que ser revolucionarios, por definición, cambiar y transformar constantemente buscando un desarrollo dialéctico pero evitando el temor que padecen muchos de cometer errores, que no hace más que paralizarlos en su pensamiento y acción.
    Cuba necesita un modelo de revolucionario adaptado a los tiempos actuales, el movimiento comunista está más vigente que nunca, pero quizás algunas de las ideas que antes eran correctas, ya sean más dogma que otra cosa. En nuestra capacidad de comprender esto está nuestra condición de revolucionarios o no.

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