Premio a la altura del pensamiento.

Frei Betto, con los «pobres de la tierra»

Diálogo  en las vísperas de un suceso trascendental

Orlando Ruiz Ruiz.

Con orgullo disfruto el privilegio de reproducir en estas páginas las reflexiones de un hombre esencial de nuestro tiempo, Carlos Alberto Libânio Christo, el intelectual brasileño a quien todos identificamos sencillamente como Frei Betto. Más de medio siglo de bregar en favor de los ideales más puros y de aporte ininterrumpido a la preservación de la cultura de nuestros pueblos lo sitúan entre las figuras más prominentes del pensamiento universal.

Literato hecho en la forja de un entorno propicio al bien hacer y teólogo apegado a las más genuinas virtudes del evangelio de Cristo, Betto convirtió el púlpito en trinchera de denuncia, la oración en exigencia de justicia y la literatura en campo de batalla. La semana próxima este latinoamericano de excepción recibirá en La Habana el Premio José Martí de la UNESCO, un reconocimiento a la altura de su dimensión revolucionaria.

En medio de las premuras, antes de emprender viaje, tuvo la especial deferencia de dar respuesta a mis interrogantes.

¿Qué importancia y significado tiene para usted la celebración de la III Conferencia Internacional sobre el Equilibrio del Mundo? ¿Cómo aprecia el hecho de que este evento tenga a Cuba como escenario?

Cuba es el sitio adecuado para abrigar la III Conferencia Internacional sobre el Equilibrio del Mundo. Este país es precisamente el factor de equilibrio de América Latina y el Caribe.
El triunfo de la Revolución hizo posible contener la agresión imperialista de los Estados Unidos sobre nuestro continente y este proceso social desarrollado en Cuba ha sembrado en nuestros corazones los ideales de emancipación, autodeterminación, independencia. Sin detenerse ante los muchos obstáculos que han tratado de detenerla, la obra revolucionaria inspirada por Martí ahora se renueva para perfeccionar el proyecto socialista.

¿Por qué el pensamiento de José Martí es el paradigma que puede guiarnos en la búsqueda del añorado equilibrio para vivir en un mundo mejor?

Martí vivió 15 años en los Estados Unidos y pudo conocer, en su origen, los factores “genéticos” del que más tarde sería el imperialismo; nos alertó de las dificultades y retos futuros. Era un humanista lleno de espiritualidad, y logró hacer en su vida una síntesis entre teoría y práctica. Tenía una visión universal, reflejada en cada uno de sus escritos; ahora las ideas plasmadas en la obra que nos legó son como luminarias, iluminan nuestros pasos hacia una humanidad más libre, justa y pacífica.

Usted ha expresado: “Prefiero correr el riesgo de equivocarme con los pobres que tener la pretensión de acertar sin ellos”. ¿En qué medida esto se ha manifestado en la praxis cotidiana de su vida?

Toda mi vida he trabajado junto a los pobres y para los pobres. Y no simplemente porque estos sean mejores que los ricos. Para mí, la pobreza es un signo de que la creación de Dios ha sido subvertida por el egoísmo humano; sobre todo como resultado de las ambiciones que engendra el capital. Nadie escoge ser pobre.

Me disgusta aquel sector de la izquierda que manifiesta luchar por los pobres sin acercarse nunca a ellos. El Evangelio me ha enseñado que la puerta de entrada en el grupo de Jesús es la práctica de la justicia para con los desposeídos, con quien él se identifica.

¿Qué papel confiere en el mundo de nuestros días a las religiones y a la forja de la espiritualidad del hombre? ¿Cómo lograr que la fe y la defensa de los ideales más puros del ser humano logren oponer una barrera al desenfrenado egoísmo y el desequilibrio que impera por doquier?

Las religiones son muy recientes en la historia de la humanidad, solamente 8 mil años; la espiritualidad existe desde que los monos se transformaron en seres humanos. Más importante que tener religión es vivir la espiritualidad, esa conexión con el prójimo, la naturaleza, Dios y lo más íntimo de sí mismo. Esta es una exigencia intrínseca de la condición humana.

El fundamento de la espiritualidad es el amor —la más importante virtud revolucionaria. Dar la vida por los demás, ofrecerla para que otros tengan vida y puedan disfrutarla a plenitud, como hizo Jesús y otros tantos redentores, entre los que está Che Guevara. Donde hay amor, fe, apertura a la presencia amorosa de Dios, hay menos egoísmo y menos desequilibrio.

¿Qué lugar ocupa en la escala de desastres que agobia a la humanidad contemporánea la desigualdad social?

Para mí los dos principales desastres del planeta son la desigualdad social y la devastación ambiental. Hoy, el 20 % de la población mundial tiene en sus manos el 80 % de las riquezas, a la vez, la Tierra ha perdido el 30 % de su capacidad de autorregeneración. De tal modo, no basta para alcanzar la paz un equilibrio de fuerzas entre las naciones. Hay que hacer justicia entre el Norte y el Sur, pues como decía Sun Yat Sen, “todo cuanto hay bajo el cielo pertenece a todos”.

América Latina 2013. ¿Puede sintetizar el alcance y proyección de nuestras realidades de hoy?

Hemos avanzado mucho en las décadas precedentes. Durante los últimos 50 años, América Latina ha pasado por tres ciclos políticos: las dictaduras militares, rechazadas por la resistencia democrática; las administraciones neoliberales (Collor, Menen, Fujimori, entre otros), impugnadas por los electores en las urnas; y ahora, los gobiernos progresistas comprometidos con el pueblo.

El desafío del momento es afianzar las raíces populares de estos últimos e implementar la formación ideológica de la juventud a través de la educación popular. No basta dar al pueblo frijoles; hay que dar contenido a la subjetividad humana, valores altruistas, sentido de solidaridad y participación.

¿Cuánto significa para una persona como usted recibir el Premio José Martí de la UNESCO?

Es un premio de todos nosotros, militantes de la utopía, de todos los que luchan por la justicia, la paz y los derechos humanos en América Latina. Yo no soy nada sin los movimientos sociales y las Comunidades Eclesiales de Base, con las que vengo trabajando desde la década de los años 60 del pasado siglo.

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