Algunas aristas de la Batalla ideológica actual (Segunda Parte)

Por Alfonso Alonso Franquiz. Profesor del Departamento de Marxismo. Miembro de la Dirección del Comité PCC de la UMCC.

En el caso de Cuba, no podemos desconocer cuanto a penetrado en el tejido económico y social las consecuencias de la nefasta crisis generada por el abrupto declive de nuestra economía, a inicios  de los años 90 del siglo XX y cuyas causas exógenas los cubanos conocemos bien. En tal sentido, nuestros Iconoclastas “postmodernos”, no pueden quitarse el fardo que en la conciencia social nos han dejado las carencias materiales y los antivalores asociados a estas, y que han hecho mella en la conducta de una parte de nuestros compatriotas.

Centrar la atención en las sombras, en los pequeños lunares del comportamiento social asociados al periodo especial, constituyen el caldo de cultivo fundamental de la tarea diversionista emprendida por los hipercríticos que hoy desacompañan la heroica resistencia histórica de nuestro pueblo. Desconocer la obra histórica de la revolución y el protagónico papel que ésta desempeña, sobretodo en América Latina, en la batalla contra el Imperialismo constituye un famélico servicio en beneficio de los intereses de nuestros enemigos.

Nos toca a nosotros, los revolucionarios, unirnos en el combate contra esta quinta columna de la contrarrevolución en el frente ideológico, que se arropa con diversas denominaciones y supuestas posiciones de “avanzada”, de “nuevos revolucionarios”, que nos conminan a ceder principios políticos, a desalmarnos de los aportes fundamentales del marxismo-leninismo porque seremos vistos como “dinosaurios ideológicos” y para que comulguemos con la fraseología, las poses políticas de nuestros acérrimos enemigos de clase que apuesta a la destrucción total del “mal ejemplo de la revolución cubana”.

Sólo la unidad del pueblo cubano en torno al PCC; a las instituciones de gobierno –de cuya renovación reciente nada hablan estos “buscadores de la verdad”-, del Poder Popular; las organizaciones de masas y estudiantiles, etc posibilitarán frustrar los planes desestabilizadores de los patrocinadores de la guerra ideológica contra Cuba y garantizar la perdurabilidad histórica de nuestra revolución.

Es increíble la profusa cantidad de artículos que sobre disímiles temas relacionados con el llamado Proceso Revolucionario Mundial, y sobre la revolución cubana en particular  (en temas tales como: su sistema político, su democracia socialista participativa, el sistema electoral, los cambios en. el modelo económico y en toda la sociedad, sobre el partido único y hasta del futuro del socialismo en Cuba, entre otros muchos). Se escribe mucho pero se argumenta con poco rigor y sin apego a la realidad y a la verdad histórica; se peca de “esnobismo intelectual” buscando rating, visibilidad y fama en los amplios círculos de INTERNET  o en circuitos publicitarios de los medios de comunicación tradicionales. No todos hacen uso, desde posiciones revolucionaria (clasista y con apego al partidismo filosófico marxista-leninista), de la información veraz en defensa de la obra histórica de nuestra revolución y, por el contrario, se ceban en los errores, desviaciones, tendencias negativas, etc que en algunos casos la propia revolución se los ha autocriticado; y en otros ha estado dispuesta a escuchar, a entender y a rectificar. Para quienes se comportan así, los logros de la revolución cubana ni siquiera existen.

Es cierto que los espacios abiertos por las llamadas Redes Sociales desempeñan un importante papel; y que es el nuevo escenario de la batalla ideológica a escala global. Ella no está exenta de todo lo antes mencionado y no son ociosas todas las alertas que nos hagamos los revolucionarios para lograr su uso eficiente en defensa de nuestra ideología y la obra histórica –no ajena a padecer errores y tendencias negativas- pero llenas de logros políticos-sociales y económicos, muy a pesar del bloqueo de EEUU, la caída del Sistema Socialista Mundial y la desintegración de la Unión Soviética. Y sin ánimos de hacer vaticinios también nos debemos preparar para un escenario nacional en el cual las nuevas inversiones que se acometen van a permitirnos mayor conectividad y un amplio acceso a INTERNET (más aún cuando es un objetivo estratégico seguir avanzando en la informatización de nuestra sociedad, y lo que ayer era una visión de futuro es parte de un presente inesquivable); de modo que la lucha ideológica se acrecentará “intramuros” y será un nuevo reto que tendremos que enfrentar.

Hoy pululan en el Ciberespacio los apátridas que se consideran con derecho a dictarnos recetas de cambios en Cuba, que estiman quienes son dignos de escribir sobre nuestro proceso revolucionario y que, melosamente desgranan elogios y propuesta de lugares o cargos promisorios, a ocupar en la “nueva Cuba”,  para aquellos que le hacen la corte y el juego contrarrevolucionario desde dentro.

Ahora se usa escribir así, sobre todo para los medios digitales, tal es el caso de la llamada Blogosfera. Los ejemplos quedan sueltos, no se aseguran bibliográficamente, las citas están usadas con un fin deliberado. Se acuñan expresiones categóricas, se hacen juicios irreverentes e hipercríticos “desgajados” de las bases objetivas del contexto.  El colmo es que en ocasiones tengamos colegas que nos quieran convencer de que en nuestro partido no tenemos un margen para la crítica y para ello se apoyan en ejemplos reales, sacados con pinzas, dentro de los escenarios colectivos en los cuales el PCC discute sobre nuestra compleja realidad, y toma acuerdos para transformarla  (pareciera que esto no es una práctica común – aún cuando es cierto que debemos aumentar su presencia en nuestros análisis, tal como nos orientara nuestro General-Presidente, el cro Raúl y que, por el contrario, con esa “agudeza” que poseen los hipercríticos  -y sin importarles tampoco que en muchos casos no son militantes del PCC-, ellos sí lo saben y nosotros no. ¿De dónde lo saben? ¿Cómo lo saben? No lo declaran); al parecer no se informan, ni se atienen a los hechos más recientes; tampoco oyen los discursos de Raúl Castro;  no ven resúmenes de los plenos del CC del PCC; no leen el Granma (órgano oficial del PCC), lo que revela que en ocasiones no pueden o no quieren (por el hecho de estar tan obcecados en su postura de francotirador) saber de los RSB con análisis críticos de hechos y experiencias, ni prestarle atención a la información que se brindó sobre la sesión del Buró donde fueron despojados de sus cargos varios miembros de la dirección de nuestro partido; y no conocieron de los casos de Sierra, de Yadira y de  otros cuadros que, por incumplimientos de sus deberes, fueron separados de sus cargos y de la instancia de dirección partidista.  Sí, es cierto que necesitamos más ejercicio de la crítica y la autocrítica a escala de toda la sociedad como nos lo ha pedido la dirección de la Revolución, -y los militantes del partido lo sabemos-  pero sus límites de extensión están bien acotados por la democracia partidista: en contra de la revolución nada (como  señalara Fidel).  Una cosa es: “más ejercicio de la crítica”, para perfeccionar la obra de la revolución; y otra es demandarnos por lo que ya existe.

Al propio tiempo cometeríamos una ingenuidad infantil, si no observáramos, en el seno de nuestro partido, una férrea disciplina y el más estricto apego al principio del centralismo democrático; así como los principio de voluntariedad y de selección de su membrecía a partir del mérito, la incondicionalidad para asumir tareas y la defensa de la unidad en torno a los estatutos, el programa y los reglamentos. Desconocer  la aplicación correcta del siguiente pensamiento formulado por el fundador de las bases teóricas de los partidos marxistas de “Nuevo Tipo” (1902-1903) trajo como consecuencia  –tanto por exceso, como por defecto-, graves errores políticos al Movimiento Comunista Internacional (MCI). Al respecto Lenin escribió: “Sin cohesionar al máximo a las filas del partido, sin una disciplina férrea en él y sin la unidad ideológica y organizada del mismo, no se podrá edificar con éxito el Socialismo”.

Hoy muchos jóvenes se pierden en una apreciación errada, que mucho se ventiló hace tiempo en el seno del otrora Movimiento Comunista Internacional: Ser Marxista no es sinónimo de ser comunista, esto último es una condición militante que se adquiere sólo cuando se milita en un partido comunista. Tal es el ejemplo de Roa (bien conocido y no el único caso en Cuba), y otro caso más elocuente es el de Che Guevara, que cuando llegó a México (según testimonio de Fidel en entrevista a Gianni Miná) ya era un marxista-leninista por convicción (y la CIA ya lo había fichado como tal) pero no era un comunista de partido. Más tarde, en la Sierra Maestra, cuando un periodista le hace una entrevista, él habla de esto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *