Conferencia sobre Mella en UMCC, 25 de marzo de 2013.

Por la Dr. C. Omayda Naranjo Tamayo. Profesora del Departamento de Marxismo.

Conferencia dictada por la autora en el recién concluido Forum de Historia de la UMCC, con motivo del natalicio de Julio Antonio Mella.

En múltiples ocasiones, siendo ya profesora en la universidad de Matanzas, me preguntaba al iniciar el tema de la república neocolonial cómo los estudiantes veían a Julio Antonio Mella. Me resultaba particularmente curioso que se enfatizara solamente en pequeños detalles cuando su trayectoria era determinante y vasta. Me preguntaba, ¿lo verán cómo un estudiante impetuoso que se opuso a los desmanes de los gobiernos de Zayas y Machado?¿Cómo el joven revolucionario que no vaciló un instante en defender a Cuba de la voracidad de los intereses foráneos, específicamente norteamericanos?¿como un joven de su tiempo que con su elegancia natural cautivaba a sus contemporáneas?¿como el amante de la verdad y la libertad de su patria? Para enfatizar en estas y otras ideas valiosas de su rica trayectoria ha sido necesario valerse de anécdotas, la remisión a disimiles textos, pero sobre todo hurgar en la historia de los años iniciales del pasado siglo para comprender quien fue este excepcional líder de estatura nacional y continental.

En la década del veinte del pasado siglo XX surgió en Cuba un movimiento renovador que tuvo en los predios de la universidad de la Habana un sitio de confluencia. Era una necesidad de la mayor isla del Caribe eliminar la extrema dependencia económica y política que tenía el país de parte del gobierno de los Estados Unidos, pero sobre todo arrancar de la raíz del poder a gobiernos corruptos como el presidido por Alfredo Zayas Alfonso en el período 1921- 1925 y sobre todo el liderado por Gerardo Machado Morales durante los años 1925 a 1933.

En este contexto de acciones, creaciones y propuestas frente a la demagogia y la falsedad administrativa de los gobernantes en el poder, se ubica la figura histórica de jóvenes como Rubén Martínez Villena y Julio Antonio Mella. Sobre este último se centra la atención en estas páginas.

Julio Antonio Mella Mc Partland nació el 25 de marzo de 1903. Fue el hijo del sastre de origen dominicano Nicanor Mella y la irlandesa Cecilia Mc Partland. Fue, junto a su hermano Cecilio, un hijo nacido fuera del matrimonio legal, porque en estos años su padre se encontraba casado con Mercedes Bermúdez, hogar donde habían nacido tres hijas. Aunque fue inscrito el 2 de mayo de 1910 en el juzgado Municipal del este de la Habana como Nicanor Mc Partland llevando el nombre del padre y el apellido materno, en 1917 había decidido llamarse Julio en honor a Julio César y Antonio por Marco Antonio., adoptando como nombre y apellido público sólo Julio Antonio Mella.

Desde muy joven se avizoraba como líder, lector asiduo de las obras de José Martí y el estudiante acucioso que llegó a adquirir amplios conocimientos de carácter económico, histórico y social a la luz del marxismo. Sabía leer y escribir en los idiomas español e inglés por dos razones, la primera haber nacido en su querida isla de Cuba y considerarse auténtico cubano y segundo por haber realizado estudios en los Estados Unidos y estos conocimientos de dos idiomas le permitieron traducir al español algunos trabajos marxistas. Fue símbolo de la lucha estudiantil y contra el imperialismo y estas características le acompañarían también tras su ingreso a la Universidad de la Habana en 1921 con el objetivo de aspirar a los títulos de Doctor en Derecho Civil y en Filosofía y letras.

Si en 1920 había sido rechazado en el colegio militar de San Jacinto, en México, porque figuraba como extranjero y la Constitución mexicana promulgada en febrero de 1917 no lo permitía, su estreno como genuino antimperialista cubano en la Alta Casa de estudios puede ubicarse históricamente en noviembre de ese año cuando los estudiantes de la Universidad de la Habana protestaron contra la entrega del Doctorado Honoris Causa al general norteamericano Enoch Crowder y Mella con sólo 18 años se sumaba a las reacciones públicas de los universitarios. Si analizamos este tema a la luz de la contemporaneidad entendemos el sentimiento de rechazo ante una figura como Crowder, convertida no sólo en el enviado especial del ejecutivo yanqui, sino sobre todo en símbolo de intromisión e injerencia norteamericana en los asuntos cubanos, razón que condujo a Mella a publicar un trabajo en la revista Alma Máter donde calificaba a Crowder de “generalote representante de la invasión bárbara” e “ídolo de los remolacheros yanquis y Ku Klux Klanes”.

Un recorrido por su amplia trayectoria revolucionaria nos ubica en una época convulsa, agitada y rebelde en la que la juventud de Cuba se enfrentó a los males de la sociedad de inicios del siglo XX. En marzo de 1922, estuvo al frente de la secretaría del Directorio de la Federación de Estudiantes Universitarios, año en el que estuvo también al frente de la administración y los temas ideológicos de la citada revista universitaria Alma Máter, la que en febrero de 1923 se convertía en el órgano oficial de la FEU.

Entre el 15 y el 25 de octubre de 1923 se celebraba en Cuba el primer Congreso de Estudiantes de la enseñanza media y la universidad. El lema del evento tenía la tutoría de Mella: “todo tiempo futuro tiene que ser mejor”. Con apenas 19 años reconocía en el maestro al genuino formador de las generaciones venideras y expresaba que “Enseñar conocimientos aprendidos en libros viejos es cosa fácil, lo difícil es la obra del maestro”, porque para Mella el maestro era “aquel que forma el carácter del alumno y por lo tanto, el que moldea, como artista hábil, el futuro de la sociedad en su aula”.

Desde Córdova, Argentina habían recibido los universitarios cubanos a fines de 1922 en el mes de noviembre la influencia de un proyecto que reformulaba y modernizaba la educación, sus métodos y la forma de enseñanza impartida por los maestros. A partir de la conferencia del rector de la universidad de Buenos Aires, Argentina, el Dr. José Arce, impartida en el aula magna de la Universidad de la Habana, Mella radicalizaba su pensamiento y a su vez propugnaba como tarea de rango nacional la reforma universitaria en Cuba, bajo la concepción de que para lograrlo era necesaria una profunda renovación social dentro de la sociedad cubana. En entrevista concedida a la prensa sobre la revolución universitaria comentaba mella a un periodista “La realidad de nuestra situación comprende una lucha entre dos tendencias: la nuestra, creadora, activa, ansiosa de fórmulas nuevas, reclamando procedimientos modernos, atención a las doctrinas y a las ideas contemporáneas, y la de un profesorado caduco, integrado por viejos fósiles, conmovedoramente ineptos, incapaces de quebrantar la venerable rutina (…) hasta hoy la política absorbente de Norteamérica fertilizó en nuestro suelo por la ignorancia y la desorientación de los espíritus. La Revolución universitaria despertará las almas. Y de la conmoción que a ese despertar suceda, surgirá, fúlgido como un sol, el porvenir de nuestra América”. Las palabras anteriores no sólo develaban al estudiante consciente de la necesidad de cambios para Cuba, sino el cubano preocupado por el continente americano, hecho que lo convertía en convencido latinoamericano, fiel al legado martiano.

Surgió Mella a la vida pública en 1923 y desde la colina universitaria luchó por la enseñanza científica, contraria al memorismo pedagógico, contra los dogmas conservadores de la iglesia católica y por la creación de la Universidad Popular José Martí, conjugando en un solo frente a estudiantes y obreros; También fundaba la Liga Antimperialista de Cuba y la Federación Anticlerical de Cuba bajo el lema “Por la verdad contra el error”; fundó el Partido Comunista en 1925 y este hecho lo consagró históricamente como ejemplo de madurez política, pero paralelamente denunciaba los desmanes políticos en artículos que publicaba la revista Juventud como “Machado, Mussolini tropical” o en folleto titulado “Cuba, un pueblo que jamás ha sido libre”. En ambos casos se refería a la política diseñada por la burguesía contraria al pueblo e insistía en la presencia norteamericana como un freno al desarrollo de Cuba.

La expulsión de Mella de la universidad de la Habana, decretada oficialmente por el espacio de un año había tenido lugar el 5 de octubre de 1925 y los motivos expuestos por el Consejo de Disciplina había sido que Mella había realizado injurias graves contra el profesor de legislación industrial y Obrera, Rodolfo Méndez Peñate. Lo que había sucedido era que el mencionado profesor había ofendido a Olivia Zaldívar la esposa de Mella y este había exigido explicaciones al profesor. En un acto que el claustro de profesores calificó como un acto de indisciplina grave, Mella enviaba una carta al Consejo universitario y ante la ratificación de la sentencia de su expulsión, Mella planteaba que su expulsión había sido una venganza y que a los vengadores no se le pedía justicia, y además acotaba: “tengo la firme convicción de hacer más en los años que me restan de vida, por mi país y por la humanidad, que lo hecho en la universidad, y lo que han hecho hasta hoy mis jueces”

En una larga cadena de acusaciones y obstáculos por deshacerse el gobierno de Machado del ideólogo y dirigente del movimiento estudiantil, en diciembre de 1925 se declaraba mella en huelga de hambre cuando se le había acusado de instalar un petardo en el Teatro Payret de la Habana y tras la defensa que tuvo de parte del Comité Pro libertad de Mella, tuvo que partir al exilio. De aquellos días relataría Juan Marinello, quien lo asistía junto a Villena como abogado, de su carácter contenido y sereno ante las definiciones mayores, de su firmeza y decisión sin jactancia, condiciones que combinada eficazmente con su gracia criolla. Aún cuando había sido una batalla ganada al dictador Machado luego varios días de huelga, Mella había tenido que salir de Cuba clandestinamente en el mes de enero de 1926 bajo el nombre de Juan López en un barco que desde Cumanayagua, Cienfuegos lo trasladaba con destino a Honduras. Luego de una larga travesía el 17 de febrero llegaba a México, destino en el que acometería acciones revolucionarias de extraordinaria importancia que reafirmaba sus propósitos de luchar por la redención de todos los oprimidos de Cuba y del mundo.

EL escenario mexicano fue fructífero para su accionar revolucionario y latinoamericano. Allí publicó “El grito de los mártires” en homenaje al tipógrafo Alfredo López; fue el orador de los homenajes dedicados a Saco y Vanzetti; fundó la Asociación de Nuevos Emigrados revolucionarios Cubanos que se conoció por sus siglas (ANERC); se involucró en la redacción del periódico El Machete donde colaboró a partir de la entrega de artículos diversos de profundo contenido revolucionario y de un libro titulado ¿Hacia dónde va Cuba? donde en el prólogo planteaba Mella que ese libro era una ayuda a la solución del problema que tenían los cubanos nacidos en el siglo XX en la tierra que Martí quiso hacer libre, y que las ideas que contemplaba el libro habían surgido del estudio de los intereses de los oprimidos.

También fue México el escenario en el que se organizó la Asociación de Estudiantes Proletarios en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México; pronunció discursos breves como representante de la Liga Pro Luchadores Perseguidos y en actos conmemorativos dedicados a la Revolución Socialista de Octubre, pero sobre todo fue el lugar donde conoció y amó profundamente a la fotógrafa italiana Tina Modotti, a quien catalogó como su compañera. Con ella se involucró en la lucha antifascista contra Benito Mussolini y junto a ella estaba cuando José Magriñat le disparó en la noche del 10 de enero de 1929, cuando caminaban hacia su casa. También contra ella comenzaba un proceso cuando se le acusaba de ser la autora del crimen, hecho que la prensa mexicana calificaba de crimen pasional.

Cuando lo asesinaron en el Distrito federal de México, Mella no había cumplido los 26 años de edad y cuando esto ocurría su hija Natasha Mella Zaldívar tenía dos años y medio de edad, porque había nacido el 19 de agosto de 1927 producto de su unión con Olivia Zaldívar. Con la muerte de Julio Antonio Mella y su entierro en el cementerio de Dolores, en la capital mexicana, se perdía al dirigente eficaz de Cuba, México y de América; al conocedor de la teoría del marxismo y al conspirador honesto e infatigable; al hombre fiel al legado martiano bajo el precepto de la justicia y la independencia de Cuba sobre todo si recordamos su trabajo titulado “Glosas al pensamiento de José Martí” donde sugería a los cubanos la realización de investigaciones sobre el maestro y el apóstol, pero sobre todo la necesidad de escribir un libro sobre su próspera trayectoria con el objetivo de propiciar el estudio y conocimiento de su figura hacia su obra creadora.

Perdía Cuba al atleta que exhortaba a sus contemporáneos a practicar deportes porque fiel al proverbio latino decía que era una necesidad la “mente sana en cuerpo sano”. Perdía al joven hábil e inteligente que comprendió el momento histórico que se vivía y la necesidad de luchar para lograr los cambios sociales, económicos y políticos que necesitaba su país y el continente americano frente a la injerencia del gobierno de Estados Unidos, elementos que permitirían al puertorriqueño Pablo de la Torriente Brau catalogarlo como “la síntesis perfecta de la audacia y la abnegación en la lucha por la justicia social y el ejemplo formidable de lo que debe ser un joven revolucionario.”

No fue Mella ni un idealista, ni un agitador vulgar como despectivamente lo ha calificado la historiografía burguesa, por el contrario su nombre ha aparecido dentro de la vanguardia que batalló incansablemente a favor de la independencia y la justicia social de los heterogéneos pueblos que conformaban el continente americano. Tal vez, como coincidencia y tradición histórica representaba un peligro para los intereses pronorteamericanos como en una ocasión lo había sido Ignacio Agramonte y Loynaz ante la intromisión e injerencia española. Un ejemplo de ello es que cuando se trajeron los restos de Mella a Cuba, gestión que se encargó a Juan Marinello, el procónsul norteamericano Jefferson Caferry había dado la orden a Fulgencio batista a disparar sobre el pueblo que en manifestación popular quiso dar un último adiós a su figura y su legado.

En 1961, el poeta Jesús Orta Ruíz escribió un poema que bajo el título de Mella, reverenciaba la grandeza del revolucionario que el Comandante Fidel Castro Ruz caracterizara como el joven que más hizo en breve espacio de tiempo. En el contexto de la invasión mercenaria de Girón evocaba el indio Naborí, la fuerza, vigor e ímpetu del joven estudiante cubano, cuando afirmaba:

Como te ocultaron Mella,

Y aquí estás! Brillas y subes,

Porque se rompen las nubes

Y no se apaga la estrella.

Aquí estás… En tu centella

Se quemó el imperialismo,

Y el cobarde anexionismo,

Que es la sombra rezagada

Ve por tu lumbre alumbrada

Despuntar el socialismo.

Tu eres lo muerto que vive

Cada día más despierto,

y lo que vive y es muerto

es el yanqui en el Caribe.

No importa nada si exhibe

El tremendo portavión

El submarino, el cañón

Pues ya tu idea es cohete

Y hay algo más que el machete

Esperando la invasión.

Pensó el dolor criminal

Alquilando mano esclava

Que matándote mataba

La Revolución social.

Y aquí estás, de pie, vital

Como planta en crecimiento,

Y por el nacimiento

Del sol, a tu nombre adjunto,

Se enciende en un nuevo punto

Del mapa, tu pensamiento.

Luego de diez años de escrito y publicado este poema, específicamente el 15 de octubre de 1971, aparecía en el periódico Granma un artículo donde el historiador José Tabares del Real hacía referencias a un Mella ajeno a todo sectarismo y armado de un prestigio y una extraordinaria autoridad moral, vigencia que se mantiene y tiene que ser perennemente perpetuada para los estudiantes universitarios. La importancia de mella como figura cimera de la historia de Cuba ha sido analizada por figuras estudiosas de diferentes campos del saber. Los nombres de Ladislao González Carbajal, Ana Cairo, Alfonso Bernal del Riesgo, Erasmo Dumpierre, Francisca López Civeira, Angel Augier, Eduardo Torres Cuevas, Fernando Martínez Heredia y más recientemente Cristine Hastky son representativos de estudios serios y objetivos sobre su vida, obra y trayectoria revolucionaria.

Recordemos con justeza y honor a Julio Antonio Mella este 25 de marzo de 2013, cuando se cumple hoy el ciento diez aniversario de su nacimiento. Evoquemos al hombre audaz y esclarecido que supo revelarse contra un régimen de terror y mano dura y devenir como símbolo dentro de la polémica y compleja historia de Cuba cuyo escenario fue el primer tercio de la República neocolonial. Por ello hoy, luego de transcurridas varias décadas, tenemos en cuenta uno de sus pensamientos que guarda relación intrínseca con su proceder y su legado todavía vigente, pensamiento que debe servir de premisa inalienable para los estudiantes de hoy cuando afirmaba Mella con el ímpetu de corta edad: “Vencer o servir de trinchera a los demás: hasta después de muertos somos útiles”.

2 comentarios en “Conferencia sobre Mella en UMCC, 25 de marzo de 2013.

  1. He leido la conferencia sobre Mella expuesta por la Dr.C. Omayda y le felicito por permitirnos apreciar tan valioso trabajo académico y como uno más de nuestras aulas universitarias, aunque no tan joven, pude identificar la energía contenida en la acción del fundador de la universidad revolucionaria y popular en Cuba. En nuestras aulas universitarias hoy se encuentra es espiritu transformador de Mella en muchos de nuestros estudiantes.
    ¿Me pregunto sobre los resultados académicos que alcanzara Mella y si logró finalmente los títulos de Doctor en Derecho Civil y en Filosofía y Letras?

    • Estimado Vicerrector:
      Desgraciadamente Mella no pudo culminar sus estudios en la Universidad. A principios del año 1926, aún convaleciente de la huelga de hambre de diciembre de 1925, el Consejo Universitario, plegado al tirano Machado, decidió expulsar al líder estudiantil de la Universidad de la Habana, como una represalia por sus actividades revolucionarias.

      Tanto Mella como José Antonio, nunca recibieron sus títulos de graduados universitarios, pero recibieron una categoría humana superior, la de Héroes de la Nación Cubana. Esperamos haber satisfecho su interrogante.

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