Si yo no fuera cubano.

 Por

Si yo no fuera cubano, cuántas cosas me habría perdido, cuánta sustancia criolla, qué cantidad de carcajadas y apretones de manos. Si la cigüeña me hubiera lanzado en otras latitudes, no me habría criado con las puertas de mi casa siempre abiertas en medio de un vecindario rural, tranquilo y pintoresco. No me habría graduado como universitario sin pagar un centavo.

Me faltarían las fotos junto al busto de Martí en la escuelita primaria, el recuerdo de los padres atando pañoletas al cuello de sus pequeños hijos, el barullo del barrio en las Olimpiadas de 1972 después del nocaut fulminante de Teófilo Stevenson sobre la mandíbula prominente y cuadrada del yanqui Duanne Bobbick, al que apodaban «La Esperanza Blanca» y que, esperanza al fin, pues se la comió el chivo, aun cuando no era verde.

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¡Viva la república… socialista!

 Por Darío Machado Rodríguez

Recuerdo, cuando la desaparición del socialismo en Europa del Este y la URSS, que hubo una corriente de pensamiento que clamaba por el olvido de los “ismos”, ¡ningún “ismo”! Se repetía, solo la realidad concreta, específica, ninguna generalización que evocara generalidad, regularidad, menos aún “doctrina”, enfoques emparentados con el entonces en boga posmodernismo, otro “ismo”, junto con el de “neoliberalismo”.

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Una modesta reflexión a propósito del VII Congreso del PCC.

 Por el Dr.C. Alfonso Alonso Franquiz

Tengo ya en carpeta todos los resúmenes de las sesiones de las comisiones de trabajo y el informe central. Y he sacado tres artículos cortos al respecto. Interesante lo que sale publicado por las redes sociales.

Con lo que he visto y leído desde aquí (Rusia-Kazán) pensaba un poco en la capacidad de recepción actual de nuestro pueblo  -con su cultura política proverbial- para comprender lo estratégico que resultará este Congreso para los venideros 10 o 15 años y el desarrollo del país.

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¿Dónde está escrita “la política cultural” de la Revolución?

La Biblioteca Nacional de Cuba fue la sede de las célebres «Palabras a los Intelectuales» de Fidel castro, documento histórico que está en la base misma de la Política Cultural de la Revolución.

 por Yuris Nórido

Se habla mucho de la Política Cultural de la Revolución Cubana como si fuera un documento redactado… Pero, ¿cómo se aplica, en que se sustenta esa política?

Mucha gente habla de la política cultural de la Revolución como si fuera un documento redactado, publicado y distribuido. “Esto o aquello tienen o no tienen que ver con lo que dice la política cultural de la Revolución”. Pero, ¿qué dice la política cultural de la Revolución?

Hace algunos meses, en un debate en la Asamblea Nacional del Poder Popular, algunos diputados exigían un documento que estableciera pautas concretas sobre el tema. “¿Cómo yo sé si algo forma parte o no forma parte de la cultura que queremos promover?” —preguntaba una diputada.

Para ella y para algunos de sus compañeros de sesión ese asunto debería estar conceptualizado en un cuerpo escrito, de manera que no hubiera espacio para vagas interpretaciones.

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La soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado

Raúl Castro en el discurso de clausura de la sesión constitutiva de la VIII Legislatura del Parlamento Foto: Roberto Suárez

 

 

 

 

 

 

 

Discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, primer secretario del Comité Central del Partido y presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura de la Sesión Constitutiva de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en su Octava Legislatura, y del Consejo de Estado, celebrada en el Palacio de Convenciones de La Habana.

Compañeras y compañeros:

En una fecha como hoy, el 24 de febrero de 1895, se reinició la lucha por la independencia con la fusión de los fogueados mambises de la primera guerra y los pinos nuevos, bajo el liderazgo del Partido Revolucionario Cubano y de Martí.

Me corresponde asumir nuevamente ante ustedes y todo nuestro pueblo el honor de presidir el Consejo de Estado y el Gobierno.

En este sentido, creo que no es ocioso reiterar lo afirmado dos veces en este Parlamento, cito: «A mí no me eligieron Presidente para restaurar el capitalismo en Cuba, ni para entregar la Revolución. Fui elegido para defender, mantener y continuar perfeccionando el socialismo, no para destruirlo».

En concordancia con los acuerdos del 6to Congreso, será preciso armonizar los postulados de la Constitución de la República con los cambios asociados a la paulatina implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

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Raúl Castro, el verdadero disidente.

 Por Salim Lamrani

 
Contrariamente a una idea ampliamente difundida, particularmente en Occidente, el debate crítico está presente en la sociedad Cuba. Así, el crítico más virulento del país se llama Raúl Castro.
En Occidente, Cuba es representada como una sociedad cerrada sobre sí misma, donde el debate crítico es inexistente y la pluralidad de las ideas prohibida por el poder. En realidad, Cuba está lejos de ser una sociedad monolítica que compartiría un pensamiento único. En efecto, la cultura del debate se desarrolla cada día más y la simboliza el Presidente cubano Raúl Castro que se ha convertido en el primer crítico de las vicisitudes, contradicciones, aberraciones e injusticias presentes en la sociedad cubana.
La necesidad de cambio y del debate crítico
En diciembre de 2010, en una intervención ante el Parlamento cubano, Raúl Castro tuvo un discurso más alarmista y puso al gobierno y a los ciudadanos frente a sus responsabilidades: “O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos, y hundiremos”. [1] También agregó poco tiempo después: “es imprescindible romper la colosal barrera sicológica que resulta de una mentalidad arraigada en hábitos y conceptos del pasado”. [2]
Raúl Castro también fustigó la debilidad del debate crítico en Cuba. También fustigó los silencios, la complacencia y la mediocridad. Lanzó un llamado a más franqueza. “No hay que temerle a las discrepancias de criterios […], las diferencias de opiniones, que […] siempre serán más deseables a la falsa unanimidad basada en la simulación y el oportunismo. Es por demás un derecho del que no se debe privar a nadie”. Castro denunció “el exceso de secretismo a que nos habituamos durante más de 50 años” para ocultar errores, fallos y yerros. “Es necesario cambiar la mentalidad de los cuadros y de todos los compatriotas”, agregó [3].
Sobre los medios, dijo lo siguiente: