¿Cómo se concibió el sitio eterno de Fidel Castro?

Una roca extraída de un sitio próximo a la Gran Piedra, lugar del oriente del país que pertenece a la Sierra Maestra, tan raigalmente vinculada a la vida revolucionaria de Fidel, contiene la urna de cedro que guarda sus cenizas. Autor: Miguel Rubiera Jústiz/ACN Publicado: 01/12/2017 | 06:57 pm

 Por Yuniel Labacena Romero

Con una compartimentación muy alta laboró durante diez años un reducido grupo de trabajo en el proyecto. El entonces Ministro de las FAR, General de Ejército Raúl Castro Ruz, le encomendó la tarea en 2006 al arquitecto Eduardo H. Lozada León, quien junto a su esposa, la también arquitecta Marcia Pérez Mirabal, concibió la concepción del recinto.

El Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque asesoró la labor y buscó soluciones como la del cercado perimetral, para lo cual propuso tener en cuenta la parte superior del monumento dedicado al Apóstol en Dos Ríos. Después de fallecer Almeida, el viceministro de las FAR, general de cuerpo de ejército Ramón Espinosa Martín, asumió la responsabilidad. Él guardaba en su memoria la existencia de la piedra y señaló el lugar donde se encontraba.

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José Martí: el alma que aquí tengo no es la mía.

Martí visto por Fariñas

 por  Fidel Díaz/ El Diablo Ilustrado

Y te busqué por pueblos,

y te busqué en las nubes,
y para hallar tu alma
muchos lirios abrí, lirios azules.
 
Y los tristes llorando me dijeron:
— ¡Oh, qué dolor tan vivo!
¡Que tu alma ha mucho tiempo que vivía
En un lirio amarillo!—
Mas dime —¿cómo ha sido?
¿yo mi alma en mi pecho no tenía?
Ayer te he conocido,
y el alma que aquí tengo no es la mía.
                                      José Martí

Hace exactamente 120 años cayó combatiendo en Dos Ríos José Martí; su arma apenas llegó disparar, pero –increíblemente- su vida crece desde entonces, indetenible, como si hubiera sido inmune a los disparos. Cada día, desde aquel 19 de mayo de 1895, se van descubriendo y publicando escritos suyos, cada vez más se publican libros más libros sobre él, y son más los seres que lo buscan –y se buscan- en sus razones, dolores, pasiones y sueños, en las huellas de su espíritu. Llegó tan lejos su pensamiento, su proyección social, su manera de amar y de vivir, que todavía está distante en el futuro; sigue siendo un escalón muy alto de la especie humana.

Vengo amasando hace tiempo, un proyecto de libro-disco con doce canciones, cada una derivada de un relato que entreteje poemas con detalles de la vida de algunos de los más entrañables duendes que me acompañan: “Los amores del Diablo Ilustrado”.

José Martí: De la Playita a Dos Ríos.

Esta plumilla de Miguel Alexis Machado Valdés (1977-2003) recuerda la profecía de Martí en carta en versos a su amigo uruguayo Enrique Estrázulas: “¡Que ya verán mi cabeza/ Por sobre mi sepultura!”

Por Luis Toledo Sande

…y a la vida futura con permanente utilidad de la virtud

El 25 de marzo de 1895, “en vísperas de un largo viaje”, como escribió desde Montecristi a la madre, José Martí se sabía “en el pórtico de un gran deber”. Lo expresó en otra de sus despedidas escritas ese día, la dirigida al dominicano Federico Henríquez y Carvajal, a quien le dijo: “Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar”. Hacía todo para ocupar su sitio en la contienda, que había estallado el 24 de febrero de acuerdo con el plan que él decisivamente contribuyó a trazar como fundador y guía, Delegado, del Partido Revolucionario Cubano.

En la misma carta alude a criterios —no necesariamente nacidos todos de iguales intenciones— sobre si debía incorporarse a la gesta o permanecer en el exterior; pero él no duda: “Para mí la patria, no será nunca triunfo, sino agonía y deber. Ya arde la sangre. Ahora hay que dar respeto y sentido humano y amable, al sacrificio”. Nada de vocación suicida, como algunos han conjeturado, ni concesión a quienes intentaran acusarlo de rehuir el peligro.

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El pensamiento a caballo.

Pintura de Rogelio Fundora.

 Por Luis Hernández Serrano

Especulaciones y distorsiones históricas ignoran que al caer abatido en Dos Ríos, el recién ascendido Mayor General José Martí montaba con destreza innegable y muy seguro de sí mismo en el potente y brioso caballo Baconao

En realidad poco se ha hablado del jinete José Martí. En su Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, anotó: «De La Esperanza, a marcha y galope, con pocos descansos, llegamos a Santiago de Los Caballeros, en cinco horas». Y añadió: «Vuelvo riendas, sobre la tienda azul, a que el potro repose unos minutos».

Con solo cuatro años, en 1857, en Valencia, España, lo imaginamos por los campos, de aprendiz de jinete, de la mano cuidadosa de su padre don Mariano. Después en Santa Cruz de Tenerife, tierra de doña Leonor Pérez, lo evocamos en su sagaz aprendizaje de alegre y precoz jinete —también de manos de su progenitor—, cuando estuvo por un tiempo el matrimonio español en Islas Canarias para que la familia materna conociera a su primer hijo.

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Martí en Cuba hoy.

José Martí. Pintura de Ernesto García Peña, perteneciente a la Colección del Centro de Estudios Martianos

 Por Pedro Pablo Rodríguez

“El honor es la dicha y la fuerza”

El día antes de su muerte en combate José Martí escribió con plena convicción: “Sé desaparecer, pero mi pensamiento no desaparecería”. Se refería a que quizás las circunstancias del movimiento liberador lo condujesen a tener que salir de Cuba y quizás hasta a perder su indudable liderazgo mayor. Con su honestidad y entrega proverbiales manifiesta su falta de ambición personal por el ejercicio del mando y afirma, sin gota de vanidad, su conciencia de cuánto habían calado en los patriotas las ideas de su programa revolucionario. Sin duda, pues, tenía confianza en el alcance logrado por su pensar, expuesto durante tantos años a través del escrito, la oratoria, el fraternal in­tercambio frente a frente y de modo es­pecial mediante su cuidadosa labor como Delegado del Partido Revolucionario Cu­bano.

Desde luego, ni derrotismo ni vocación suicida alguna se escondían en sus palabras de la carta que empezara en el campamento de Dos Ríos el 18 de mayo de 1895 y que quedara inconclusa por su caída al día siguiente. Recuérdese que en ese mismo documento explicaba que se dirigía hacia Camagüey junto con Máximo Gómez para convenir y formar el gobierno de la revolución, y que allí también le solicitaba a su destinatario —el amigo de siempre, Manuel Mercado, entonces subsecretario de Gobernación de México— el apoyo práctico de la nación hermana a la lucha independentista cubana.

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