Imposible hablar de la física en la Universidad de Matanzas si no se habla de Mazorra.

 Por el Dr. Diego de Jesús Alamino Ortega

Hay cosas que hay que decirlas hoy porque mañana sería tarde y es que los aniversarios motivan a echar los pensamientos al vuelo, y ahora cuando en la Universidad de Matanzas estamos en tiempos de celebración del 45 aniversario, viene a la mente aquel momento en que llegué a la entonces Sede Universitaria de Matanzas (SUM) formando un grupo de recién graduados de la Facultad de Ciencias de la Universidad de La Habana (1).
Cuando allí nos recibía el Director Carlos Quintana, con los subdirectores Casas y Teodoro en la Dirección de la SUM ubicada en una casona de la calle Medio marcada con el número 100, vi de lejos a una persona que desempeñándose en funciones sindicales, preparaba condiciones para celebrar el 8 de marzo; yo lo había visto en la Escuela de Física de la Universidad de La Habana, allí trabajaba como bibliotecario, fundamentalmente en las noches, pues de día iba a clases, no tenía relaciones con él pues estaba en algún año superior al mío, de hecho ya para aquel momento que refiero estaba graduado y trabajando en la SUM.

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Antonio Maceo, el héroe sin par.

La Mejorana, pieza de la exposición Dicha grande, de Yasser Lezcano. (Foto: Tomada de la edición digital de Juventud Rebelde)

La Mejorana, pieza de la exposición Dicha grande, de Yasser Lezcano. (Foto: Tomada de la edición digital de Juventud Rebelde)

 Por el Dr. C.T. Eduardo Torres Alpízar

Muy pocos pueblos pueden contar con verdaderos héroes legendarios. En algunos casos, las referencias históricas resaltan como figuras de renombre a grandes conquistadores y reyes legendarios. Estos forjaron su leyenda a sangre y fuego en la mayoría de los casos, aunque esto conllevara la destrucción de manera total de naciones enteras.

Como nuestro Apóstol nos legó en texto memorable “Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarles a otros pueblos sus tierras, no son héroes sino criminales”. Sin embargo, Cuba es un caso excepcional. Nuestra Patria ha tenido a lo largo de su historia una pléyade de figuras inconmensurablemente grandes. La lista es enorme desde Hatuey, hasta nuestros 5 Héroes Prisioneros en Cárceles de los Estados Unidos de Norteamérica.

Pero si Martí es el más grande de todos los cubanos, y Fidel el más fiel continuador del legado martiano, el más grande soldado nacido en Cuba, no es otro que José Antonio de la Caridad Maceo y Grajales.

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A Cuba nadie le regaló su independencia.

El General de Tres Guerras Quintín Banderas

El General de Tres Guerras Quintín Banderas

 Por Eduardo Torres Alpízar

Anónimo:

La lucha contra España durante la Guerra Necesaria, ya la habíamos ganado desde que se realizó la invasión a occidente. En el año 1895, prácticamente más de la mitad de la renta del Estado español provenía de la producción y comercialización del azúcar, el tabaco y los alcoholes cubanos. La política de Cánovas de “hasta el último hombre y la última peseta”, había llevado a España a la más dura bancarrota. Te pongo un ejemplo. Cuando en la batalla de Santiago de Cuba entra en combate el acorazado “Cristóbal Colón”, como barco, este era mucho mejor que los barcos yanquis, sin embargo, por problemas económicos, los ibéricos no le pudieron montar su artillería pesada. Al decir de los marinos españoles era como un tigre sin sus colmillos.

El ejército español en Cuba sobrepasaba los 350 000 efectivos. De ellos casi un cuarto de millón de españoles, en su mayoría los famosos quintos, y alrededor de 100 000 cubanos traidores peleando al lado de España. El censo del Ejército Mambí al final de la guerra, arrojó que del bando patriota combatían unos 24 000 efectivos. ¡Pero que soldados eran aquellos! La infantería oriental dirigida por el General de Tres Guerras Quintín Banderas, sus famosos “cambutes”, marcharon desde Oriente a Occidente sin zapatos al mismo paso de la caballería mambisa. En su arsenal muchas veces iban a razón de cuatro tiros por cabeza, con la consigna de “un tiro y al machete”.

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Con la Patria siempre en el corazón.

Por Lisandra Gómez Guerra

LA REFORMA, Jatibonico, Sancti Spíritus.— El cuarto hijo de la familia Gómez-Toro, Francisco, nacido el 11 de marzo de 1876, a quien todos llamarían Panchito, descollaría desde pequeño por poseer una personalidad superior al resto de sus hermanos, fraguada al calor del proceso revolucionario. Bien lo advirtió José Martí al describirlo como «la criatura humana de menos imperfecciones que había conocido».

Por decisión familiar, en diciembre de 1877 Bernarda Toro (Manana), la madre de Panchito, junto a sus otros hijos, partió hacia Jamaica. Atrás quedaría el padre de los niños, el Generalísimo Máximo Gómez, quien había estado ausente del hogar durante la mayor parte del tiempo por su consagración a la lucha insurreccional.

Tras el Pacto del Zanjón, Gómez se unió a su familia. Fue entonces cuando padre e hijo compartieron juntos no pocas lecciones. De su progenitor, Panchito aprendió el significado de lo que era la lucha por una causa, la libertad y la nación. Heredó el coraje para ofrendar su vida por un bien mayor. Tuvo la posibilidad de acercarse, primero desde las anécdotas y luego mediante el contacto directo, a José Martí y Antonio Maceo, quienes fueron sus paradigmas.

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El Coronel Néstor Aranguren.

El coronel del Ejército Libertador de Cuba, Néstor Aranguren.

Por el Dr. C.T. Eduardo Torres Alpízar

La historia gloriosa de nuestra Patria, la conforman las acciones de numerosos hombres y mujeres nacidos en esta tierra, que para la posteridad han ido cimentando la Cuba que hoy conocemos. El paso de los años, ha hecho que algunos de nuestros héroes epónimos hayan caído en un inmerecido olvido, que no se corresponde para nada con la vida ejemplar y el sacrificio que muchos de ellos hicieron para legarnos una república libre e independiente. Hoy quiero hablarles de un valeroso joven cubano que entró en la historia de Cuba con apenas 22 años. Ese joven era el Coronel del Ejército Libertador de Cuba, Néstor Aranguren, uno de los más bravos mambises. Su vida hermosa al servicio de Cuba, bien puede servir para producir uno de esos filmes que la cinematografía cubana sigue debiéndole a muchos de nuestros héroes y mártires.

El niño que después se convertiría en héroe de la Patria, nació en La Habana en el territorio que hoy ocupa el municipio Centro Habana. Sin embargo desde muy pequeño fue a vivir a Guanabacoa. En ese entorno, marcado para siempre por la leyenda de Pepe Antonio y sus milicianos, sus padres Don Benito Aranguren Jiménez y Doña Matilde Rabel, no solo le enseñaron buenos modales y a ser un hombre de bien, sino que le inculcaron además el patriotismo y el amor a la causa independentista que ambos profesaban. En Guanabacoa se le considera a Néstor, uno de sus hijos ilustres más queridos.

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Máximo Gómez frente a la ocupación de Estados Unidos.

El Generalísimo Máximo Gómez Báez

Por Yoel Cordoví Núñez

Desde el segundo año de la guerra del 95, el General en Jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez Báez, comenzó a gestionar con los capitanes generales y con otras autoridades españolas en la isla, el reconocimiento de la definitiva independencia. De acuerdo con sus declaraciones al general Arsenio Martínez Campos y posteriormente a Ramón Blanco Erenas, España no podía permitir “ni poco ni mucho” que Cuba debiera su independencia “a favores extraños”1.

Al tiempo que sus gestiones fracasaban, Gómez se preocupaba por dejar claro ante el mundo y en especial ante el Gobierno de Estados Unidos la decisión de los cubanos en armas de conquistar la independencia por sus propios esfuerzos, tal como lo expuso al corresponsal del The Sun en el difícil año de 1897: “Desamparados del universo entero, nos alzamos todos enfrente de una potencia europea. Pero resueltos como estamos a morir o ser libres de una vez y para siempre debemos ser tan cautos como valerosos, puesto que nuestra salvación depende solo de nuestras propias fuerzas”2.

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José Martí: De la Playita a Dos Ríos.

Esta plumilla de Miguel Alexis Machado Valdés (1977-2003) recuerda la profecía de Martí en carta en versos a su amigo uruguayo Enrique Estrázulas: “¡Que ya verán mi cabeza/ Por sobre mi sepultura!”

Por Luis Toledo Sande

…y a la vida futura con permanente utilidad de la virtud

El 25 de marzo de 1895, “en vísperas de un largo viaje”, como escribió desde Montecristi a la madre, José Martí se sabía “en el pórtico de un gran deber”. Lo expresó en otra de sus despedidas escritas ese día, la dirigida al dominicano Federico Henríquez y Carvajal, a quien le dijo: “Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar”. Hacía todo para ocupar su sitio en la contienda, que había estallado el 24 de febrero de acuerdo con el plan que él decisivamente contribuyó a trazar como fundador y guía, Delegado, del Partido Revolucionario Cubano.

En la misma carta alude a criterios —no necesariamente nacidos todos de iguales intenciones— sobre si debía incorporarse a la gesta o permanecer en el exterior; pero él no duda: “Para mí la patria, no será nunca triunfo, sino agonía y deber. Ya arde la sangre. Ahora hay que dar respeto y sentido humano y amable, al sacrificio”. Nada de vocación suicida, como algunos han conjeturado, ni concesión a quienes intentaran acusarlo de rehuir el peligro.

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El pensamiento a caballo.

Pintura de Rogelio Fundora.

 Por Luis Hernández Serrano

Especulaciones y distorsiones históricas ignoran que al caer abatido en Dos Ríos, el recién ascendido Mayor General José Martí montaba con destreza innegable y muy seguro de sí mismo en el potente y brioso caballo Baconao

En realidad poco se ha hablado del jinete José Martí. En su Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, anotó: «De La Esperanza, a marcha y galope, con pocos descansos, llegamos a Santiago de Los Caballeros, en cinco horas». Y añadió: «Vuelvo riendas, sobre la tienda azul, a que el potro repose unos minutos».

Con solo cuatro años, en 1857, en Valencia, España, lo imaginamos por los campos, de aprendiz de jinete, de la mano cuidadosa de su padre don Mariano. Después en Santa Cruz de Tenerife, tierra de doña Leonor Pérez, lo evocamos en su sagaz aprendizaje de alegre y precoz jinete —también de manos de su progenitor—, cuando estuvo por un tiempo el matrimonio español en Islas Canarias para que la familia materna conociera a su primer hijo.

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