La Revolución del 95.

Por Pedro Pablo Rodríguez

Nunca sabremos la cantidad exacta de los alzados por Cuba Li­bre el 24 de febrero de 1895. Lo cierto es que fueron muchos los lugares en algunos de los cuales se lograron reunir varios cientos, como en Baire y en Bayate en la antigua provincia de Oriente.

Si las autoridades colonialistas que­­daron sorprendidas, a pesar de que evidentemente disponían de elementos para sospechar que an­daba en marcha una conspiración, la posteridad aún le debe el estudio exhaustivo de la conspiración de aquellos esforzados patriotas que organizaron un vasto movimiento clandestino dentro de la Isla con una eficaz comunicación entre ellos y con los jefes en el extranjero. Se destaca en particular la labor de Juan Gualberto Gómez, el principal, aunque no el único, vínculo con el Partido Revolucionario Cu­bano. Fue a aquel destacado intelectual residente en La Habana a quien José Martí remitió la Orden de alzamiento, firmada el 29 de enero en Nueva York por él, en su condición de Delegado del Partido, por José María Rodríguez, en nombre del General en Jefe electo, y por Enrique Collazo, quien así daba fe del poder y autoridad del anterior.

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