Sobre los días finales del Che (Segunda Parte).

 Por Eduardo

Orlando:

He leído mucho sobre la vida del Che, incluyendo su estancia en la Cuba revolucionaria. Además de leerme sus obras completas, es decir las del Che, he perdido la cuenta acerca de la cantidad de libros, entrevistas, testimonios, documentales, y filmes, algunos bastante espurios y mentirosos, como la biografía de Fidel de la HBO, que abordan la figura del Guerrillero Heroico. Claro que he leído sus “Pasajes de la Guerra Revolucionaria” en sus dos tomos, el de la Sierra y la invasión, y el del Congo. El Diario del Che en Bolivia, lo leí cuando tenía unos 10 años.

Lo de Monje fue una traición y no tiene otro calificativo, porque él era el encargado de facilitarle a la guerrilla el apoyo que según tú el Che debía recibir de Cuba. Con todos los dirigentes del PCB, fundamentalmente con Coco e Inti Peredo se coordinaron las acciones de apoyo a la guerrilla, y sencillamente Monje, después de su reunión con el Che, orientó a los militantes que cesaran en el apoyo al Frente de Liberación Nacional*. Para aquellos militantes, formados en el cumplimiento estalinista de las orientaciones, aquella era una orden que se debía cumplir a rajatabla.

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Maceo y Che, deudas pendientes de nuestra cinematografía.

Pósteres de los filmes «Baraguá» y «Che, el Argentino»

 Por Eduardo

Soy un cinéfilo desde que siendo un niño me quedaba despierto hasta altas horas de la noche, esperando con entusiasmo las muestras de la cinematografía mundial que pasaban por nuestra televisión. Por aquellos años, que ahora recuerdo con nostalgia, además de los ahora motivo de culto, “muñequitos rusos”, me deleitaba con viejas películas norteamericanas de todo tipo, interpretadas por estrellas de los años 30 a los 50, que no tenían, como ahora, la necesidad imperiosa de ser bellas, o bellos, para triunfar en Hollywood. Mis favoritos eran Bette Davis, Joan Crawford, Humphrey Bogart, Edward G. Robinson, James Cagney, y sobre todo Errol Flynt.

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Por Eduardo

Soy un cinéfilo desde que siendo un niño me quedaba despierto hasta altas horas de la noche, esperando con entusiasmo las muestras de la cinematografía mundial que pasaban por nuestra televisión. Por aquellos años, que ahora recuerdo con nostalgia, además de los ahora motivo de culto, “muñequitos rusos”, me deleitaba con viejas películas norteamericanas de todo tipo, interpretadas por estrellas de los años 30 a los 50, que no tenían, como ahora, la necesidad imperiosa de ser bellas, o bellos, para triunfar en Hollywood. Mis favoritos eran Bette Davis, Joan Crawford, Humphrey Bogart, Edward G. Robinson, James Cagney, y sobre todo Errol Flynt.
A las 6. 00 PM, tocaba su turno a un espacio de cine mexicano o argentino, con películas rancheras o de las estrellas del tango. Soy un afortunado que a los 9 años conocía, por haber visto todas las películas que filmó en vida el gran Carlos Gardel, las letras de todos sus tangos más famosos. Ah, y sin vergüenza digo que extraño enormemente las películas soviéticas, sobre todo aquellas relacionadas con la historia de sus luchas en defensa de la Patria y su Revolución.
Hace un año repusieron en una copia restaurada en Rusia, la epopéyica “Liberación”. Mi niño me acompañó en mi nostálgico reencuentro con uno de mis filmes favoritos. En el capítulo primero, cuando observó la recreación de la gran batalla de tanques del arco de Kursk me comentó – Papi, ¿Y ya los rusos generaban gráficos con computadoras? Mi respuesta cubana fue – No mijo, eso que tu ves en pantalla no son gráficos computarizados, son tanques de verdad, porque esos rusos eran unos locos de las películas de guerra, y recreaban la historia de tal manera, que en aquella época nadie les superaba haciendo filmes bélicos.