Asesinato de Julio Antonio Mella en México.

“Hasta después de muertos somos útiles”

Por el Dr. Roberto Verrier Rodríguez, Profesor de Mérito de la Universidad de Matanzas.

Colaborador de la  Sección de Historia del Comité Provincial del Partido

Ayer se conmemoró el 54 aniversario de la muerte del líder estudiantil Julio Antonio Mella, ocurrida en  Ciudad  de México el 10 de enero de 1929. Asesinado por agentes machadistas, porque Mella era revolucionario, internacionalista, antimperialista y comunista.

Julio  Antonio Mella había nacido 26 años antes, 25 de marzo de 1903 en La Habana. Su corta existencia la dedicaba a la lucha revolucionaria, contra todo acto de injusticia, opresión y despotismo.

En 1921 matrícula en la Universidad de La Habana., las carreras de Derecho y Filosofía y Letras. Una de sus primeras protestas públicas fue cuando se intentó declarar rectores Honoris causas a los representantes de la oligarquía yanqui míster Cordero y Leonardo Wood, acorde con los intereses de la clase dominante cubana.

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Notas de la Conferencia “La Universidad de Mella, José Antonio y Fidel”.

El Dr. Armando Hart Dávalos

 Por Armando Hart Dávalos (Octubre, 2014).

Si en nuestra sociedad la escuela es la primera y más importante institución cultural, las universidades son la luz más alta de la cultura. Hace más de un cuarto de siglo señalé que en ella se ganaba o se perdía la batalla de la cultura en la Revolución. Esa idea ha inspirado buena parte de mis empeños en defensa de la entidad patriótica de la nación cubana y estimulado mis contactos de estos años con diversas instituciones universitarias.

Obviamente me refiero a todo el sistema de centros de educación superior que hoy se extiende a lo largo del país. Donde antes de 1959 había tres universidades, existen en el curso que recién comienza 67 instituciones de educación superior, con más de 65 mil profesores y más de 260 mil alumnos. En los últimos 50 años han egresado más de un millón de profesionales universitarios.

Estas cifras denotan una nueva realidad, en cuanto nos permiten aproximarnos al carácter y la dimensión que adquiere el papel de la intelectualidad en la Revolución. Ha quedado atrás el tiempo en que ser intelectual, en nuestro país, equivalía a pertenecer a un sector social muy reducido. Cuando, en 1961, Fidel se reunió con un grupo de intelectuales y pronunció un discurso que sentó las bases de la política cultural de la Revolución, el encuentro se realizó en un salón de la Biblioteca Nacional.

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